sábado, julio 28, 2018

Rojo oscuro


Considerada por algunos como la mejor obra de Argento, con permiso, claro está, de Suspiria.
Rojo oscuro sería su retorno al giallo después de cuatro años desde que finiquitaría su trilogía de los animales con El gato de las nueve colas. Por en medio, su única incursión a un género que no sea el terror con la comedia La quinta jornada, y la serie La porta sul buio que se encaminaba a terrenos más hitchcocknianos. En su regreso al giallo tuvo el acierto de ir un poco más allá de lo que había hecho él y toda la retahíla de productos y subproductos que se subieron al carro del éxito del subgénero transalpino. Y es que, si bien introduciría el elemento sobrenatural en Suspiria (que ya sería su siguiente película), aquí nos deja ese poso de que el mal está más allá de lo terrenal, aunque en su resolución no deja claro que esto no es así, y seguimos teniendo un asesino de carne y hueso. Pero, repito, durante el metraje la sensación fantasmagórica está muy presente.


El músico Marcus Daly mientras llega a su casa es testigo del asesinato de su vecina, una médium. Rápidamente entra en el apartamento pero el asesino, al que no ha visto, se ha esfumado. A partir de ahí, junto a una periodista, empezará una investigación para localizar al asesino, mientras éste intentará matarlo.


Como venía siendo habitual en Argento, tenemos como protagonista a un artista (en El pájaro de las plumas de cristal un escritor, en 4 moscas sobre terciopelo gris un batería y en El gato de las nueve colas un periodista en activo y otro retirado, que no dejan de ser, en parte, escritores) que acaba metido en una investigación que le sobrepasa. Además de haber visto algo que revela al asesino pero de lo que no es consciente. Y es en este detalle donde, ha diferencia de El pájaro de las plumas de cristal, el director no hace trampas. Aquí sí podemos rebobinar y presenciar que la pista clave estaba al inicio del film. Claro, más de uno se da cuenta durante el visionado y automáticamente rebobina para revisarlo visto, lo que hace que pierda le factor sorpresa. No olvidemos que en la época no existía el vídeo y esto estaba pensado para ver en cine.



Si bien en la trilogía de los animales la música corrió a cargo de todo un Ennio Morricone, al parecer su relación con el director no era del todo fluido, y ya en Rojo oscuro (aunque la traducción Rojo intenso hubiera sido más correcto) tenemos la llegada de Goblin al universo Argento. Después de contratar a Giorgio Gaslini y quedar descontento con su trabajo, intentó contratar a Pink Floid. Y finalmente se tuvo que contentar con una banda local llamada Cherry five que acabarían cambiando su nombre a Goblin. Sin duda uno de los grandes aciertos del film, siendo su banda sonora uno de los aspectos que más han quedado en la memoria y que iniciaría una fructífera relación con el cine. Aunque ojo con el mugriento baño que vemos al principio o el muñeco en el triciclo, que rápidamente nos vendrá a la mente Saw.

Tampoco hay que pasar por alto el paso adelante de Argento en la truculencia, adentrándose en el gore más gráfico (por ahí estaba todo un Carlo Rambaldi), muy presente, sobretodo, en las últimas muertes con una decapitación y una cabeza reventada.


Rojo oscuro ha quedado en el podium de la filmo de Argento con total justicia. Por atmósfera, con una estética mucho más trabajada (la referencia al Nighthaws/Sonámbulos de Edward Hopper), su banda sonora, un David Hemmings (elección nada casual) que sigue topándose con muertes después de Blowup. Aunque, claro, estamos ante un Argento y por lo tanto el guión puede llegar a ser tan estúpido (la versión larga mete mucho de ese humor tan italiano que rompe con el resto del metraje) como para Piquer Simón se agenciara el prólogo en Mil gritos tiene la noche.

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