sábado, abril 22, 2017

Invisible. Las crónicas de Benjamin Knight

Invisible. Las crónicas de Benjamin Knight, Charles Band, Full Moon

Vendida como una especie de spin of de Mandroid, un subproducto rodado en Rumanía al que Charles Band y su Full Moon noventera acogieron con los brazos abiertos para meterla en ese lote que acabó distribuyendo la mismísima Universal. Pero en realidad es una secuela en toda regla, pese a que ese título y carátula no quieran vender que el prota de esta aventurilla es el tal Benjamin Knight (que, pese a nombre tan chanante, juraría que en la película nunca se menciona su apellido), personaje secundario del anterior film que desaparecía rápidamente de escena cuando sufría un intento de muerte a manos del malísimo de Drago, pero en realidad acababa recibiendo los efectos de una piedras ¿radioactivas? que le dejaban invisible. En Invisible. Las crónicas de Benjamin Knight es uno más dentro del dueto de científicos que controlan al androide Mandroid. Y que aquí vuelven a toparse con el deformado de Drago, que se las ha ingeniado para establecerse en un centro psiquiátrico, el cual usa de centro de operaciones, y rodeado de un grupo de locos (se sobreentiende que estos eran pacientes del centro y a los médicos les debieron dar matarile) sigue persiguiendo la tecnología de Mandroid.


Invisible. Las crónicas de Benjamin Knight, Charles Band, Full Moon

Si en el anterior film todo era cutre y zetoso, aquí la cosa no ha cambiado demasiado. Pero ¡oh milagro! la cosa resulta ser medianamente entretenida.
Ya empezamos con ciertos toques que le acercan mucho al cómic de toda la vida, con el malo que tiene a un grupo de locos como sicarios y que en el fondo son un puñado de pelagatos. Todos con caras de dementes y atuendos de risa (uno lleva un paraguas, otros va todo el día con la camisa de fuerza puesta y otro con guantes de boxeo.

Incluso hay un intento de darle algo de acción al asunto, con una persecución por las calles rumanas. Siempre rodada con mucho plano muy cerrado, pero que no pueden evitar que se les cuele algún transeúnte mirón. Y es que por mucho que se empeñen, esto no deja de ser una (sub)producción de Europa del este. Pero aun y así nos lo pasaremos bien. 



Invisible. Las crónicas de Benjamin Knight, Charles Band, Full Moon

A nivel de efectos seguimos con el traje de caucho de Mandroid, que tampoco es que salga mucho y el hombre invisible no deja de ser uno de los efectos más baratos que se conocen en el mundo del cine. Te limitas a mover objetos con hilos de pescar y que los malos hagan ver que reciben golpes y... ¡tachán! Tienes un tipo con poderes.

Tampoco es que se lo curren mucho con el supuesto clímax final, que acontece en alguna iglesia abandonada de la localidad. Pero lo más gracioso es el epílogo, en el que nuestros héroes deciden trasladar su centro de operaciones en los USA. No sé si es que sus perpetradores eran demasiado ingenuos y se pensaban que iban a seguir la franquicia a la meca del cine.

Invisible. Las crónicas de Benjamin Knight, Charles Band, Full Moon

En el cast volvemos a tener a los mismos que ya vimos en Mandroid, es decir, actores americanos de aquellos totalmente desconocidos que sobreviven con pequeños papeles en series y alguna peliculilla minimamente decente. En la dirección el sueco Jack Ersgard, director de la anterior y que como mucho se podría destacar de su filmo a En peligro constante, telefilm con James Belushi y Rob Lowe a mediados/finales de los 90.


Aunque más gracia me hace el guionista Earl Kenton, que siguió de la mano de Charles Band escribiendo los libretos de aquellos subproductos science fiction con toques erotiquillos que parió en los 90 y principios de los 2000, para luego desaparecer del mapa.

lunes, abril 17, 2017

Monster Valley

Monster valley, troll 2, Claudio Fragasso

Pues sí, muy pocos deben saber que la tan "famosa" Troll 2 la tuvimos en nuestros videoclubs bajo el nombre de Monster Valley. Y distribuida por la Columbia ni más ni menos. Pero que tampoco nos sorprendamos, que en la época no era raro que una major sacase serie B o hasta Z por, seguramente, trapicheos o para engrosar catálogo. Ahí tenemos al clan Band y su Full Moon, que de esto sabían un rato.

Hablar de Monster Valley o Troll 2 es casi hablar de lo que está requete hablado. Considerada por muchos como una de las peores (si no la peor) películas de la historia. Un poco como cuando Harry y Michael Medved dijeron que Plan 9 del espacio exterior era la peor película de la historia y todo el mundo se quedó con esa cantinela y empezó el culto a Ed Wood cuando el hombre era simplemente un señor que no tenía un chavo para hacer algo con cara y ojos.
 
Monster valley, troll 2, Claudio Fragasso

Aquí el invento poco o nada tiene que ver con el Troll de John Carl Buechler. Básicamente era un film titulado Goblin que algún productor o distribuidor pensó que lo que tenía entre manos era tal despropósito que dificilmente iban a rascar algo de ahí si no conseguían dar un golpe de efecto. Golpe de efecto que resultó ser el venderla como una secuela que, evidentemente no era. Es que ni siquiera aparece la palabra "troll" en todo el metraje.

Realmente la cosa no es que funcionase demasiado, dejando a la película en un limbo hasta que llegó internet y los memes. Sobretodo, o básicamente, el de "Oh my goood". Y su fama fue creciendo más y más. Llegando a tener proyecciones con la participación de sus responsables y como guinda final el documental Best worst movie, que nos explica maravillosamente el auge y olvido de este fenómeno. Un documental recomendadísimo que te deja con cierta sensación triste por como queda retratado aquello de los fenómenos volátiles que acaban en el triste olvido.


Monster valley, troll 2, Claudio Fragasso


Volviendo a Troll 2. Detrás tenemos a uno de esos mercenarios italianos que tanto nos molan: Claudio Fragasso, aquí acreditado como Drake Floyd, aunque en la carátula hispánica lo bautizaron como Drago Floyd, que casi mola más. Pero como que tampoco pasa nada porque en los títulos de crédito aparece de forma muy clarita "Troll 2" y una voz en of simplemente dice "Troll". Cosas del doblaje.
Fragasso, un italiano de esos chifaldos que gesticula mucho, venía con una idea muy loca de querer hacer una canto contra la moda vegetariana con la que se encontró en su círculo de amistads en aquella época y, claro, al tipo le tiraba más la carne. Tonto no era.Y luego lo que nos encontramos es un divertimento totalmente zetoso pero que funciona. Todo con ideas muy locas y muy italianas. Como ese prólogo del abuelo (que luego resulta ser un fantasma que sólo puede ver su nieto) que explica la historia de esa especie de cruce entre Robin Hood y Peter Pan al que los goblins (aunque en ese momento se refieren a ellos como duendes) le dan matarile. Y podríamos seguir con el niño –el único junto a la bruja que pone ganas a su interpretación, aunque ella se pasa de frenada–, que la única forma que encuentra para que su familia no se coma la comida chunga que hay por todo Nilbog es sacarse la chorra y hacer una golden shower mientras su familia hace un mannequin challenge totalmente tercermundista. Es por todo esto y otras locuras que la película se ve con agrado y se agradece su cutrismo y hasta el póster del Batman de Burton e la habitación del mocoso.
  
Monster valley, troll 2, Claudio Fragasso

Troll 2 es asquerosilla. No porque vayamos a ver nada truculento, si no por todos esos fluidos verdosos y pringosos con los que rebozan a los actores. Y también por esos goblins de señores bajitos (no llegan a enanos) con unas caretas muy jodidas que están capitaneados por una bruja pasada de speed con los labios resecosos y con guacheras. Con todos estos ingredientes solamente podía salir algo bueno.


domingo, abril 02, 2017

Kamikaze Detroit

Kamikaze Detroit, Pat Morita, Jay Leno, Lewis Teague

La bestia bajo el asfalto, Los ojos del gato, Cujo, La joya del Nilo... Todas ellas tienen algo en común y es la figura de su director: Lewis Teague. Para algunos un mercenario, para otros un todo terreno y algún que otro dirá que un artesano por aquello que te hacía una comedia de aventuras, una de terror, una de justicieros urbanos o una monster movie. Parece que todo le daba un poco igual e iba haciendo según lo que le ofreciesen.

En la que hoy comentamos se pasó a la, en aquella época, tan de moda budy movies, con Arma letal a la cabeza y un sin fin de retahílas que empezaron siguiendo el juego de poli cachondón y poli seriote (Danko: Calor rojo, El principiante) y fueron metamorfoseando a poli + extraterrestre (Hidden) o poli + perro (Socios y sabuesos), aunque esto ya degenerería en un subgénero propio (Superagente K-9, K-9000, Top dog el perro sargento...). Pero en plena segunda mitad de los 80 lo que todavía se llevaba era lo de los 2 polis "humanos" de carácter opuesto que tienen superar sus diferencias y formar equipo para llevar su caso a buen término, así que de eso va Kamikaze Detroit.
 

Kamikaze Detroit, Pat Morita, Jay Leno, Lewis Teague

Unos americanos mafiosillos roban de Japón el prototipo de un motor de coche, a lo que los nipones mandan a un poli a yankilandia a recuperar el artefacto. Y una vez allí se topará con el clásico poli norteamericano que pasa de todo y es un tosco pero que en el fondo es un buenazo y que se pone las pilas en el caso.
Nada nuevo bajo el Sol, que diría aquel. Pura rutina en un producto que hace aguas por todas partes desde el minuto 1. 

Kamikaze Detroit, Pat Morita, Jay Leno, Lewis Teague

Producida por De Laurentiis Entertainment justo cuando al tito Dino el chiringuito se le vino abajo con los descalabros de Dune, King Kong 2, Maximum Overdrive y algunas más. Lo que hizo que Kamikaze Detroit (en su V.O. Collision course) se quedara sin financiación al final del rodaje, haciendo que no se pudiera terminar como estaba previsto. Además de quedar congelada durante un par de años. No sería hasta 1989 que tendría estreno en algunos países (entre ellos el nuestro), aunque en los USA saldría directamente a vídeo en 1992. Cosa que ya nos augura toneladas de mierda.

Porque la peli no es mala, es malísima. Ni sus chistes tienen gracia ni sus escenas de acción son espectaculares para los cánones de los 80. Con una estética muy costrosa, puramente de subproducto para videoclub. Sin duda, uno de esos films que pueden llevarse por delante la carrera de los que participan en ella. 



Kamikaze Detroit, Pat Morita, Jay Leno, Lewis Teague

Quizás este estreno de tapadillo fuese propiciado por el propio Jay Leno, ya en la época un peso pesado como showman, que siempre ha hechado pestes del film.
Y es que la cosa no debió ser un camino de rosas precisamente. Varios directores estuvieron trabajando en el proyecto hasta que llegó a las mano de Teague (John Guillermin, Bob Clark, Richard Flesicher) en un momento que parecía que habría una huelga del gremio de directores; además que Jay Leno impuso un horario de filmación muy restrictivo pues tenía que seguir con su gira de stand-up.

Además de Leno (que siempre ha renegado de la película), tenemos como su compañero de aventuras a Pat Morita, que vivía su época de mayor éxito gracias a Karate kid (¿alguién recuerda que se subtituló El momento de la verdad?) y gracias a ello aquí se embolsó un suculento cheque de 2 millones. Como malo tenemos a un perdidísimo Chris Sarandon y ocupando el target afroamericano a Ernie Hudson. Y como curiosidad un par de nombres de tipos que solían hacer de tipos malos y con cara de monstruo deforme: Randall "Tex" Cobb (El chico de oro) y Tom Noonan (el monstruo de Frankestein de Una pandilla alucinante).

Dice la leyenda que cuando salió en vídeo en los USA de la mano de la HBO pusieron un texto al final de los créditos finales que te devolvían el dinero si no te gustaba. Nadie reclamó, seguramente porque nadie llegó hasta allí.



domingo, marzo 26, 2017

Mandroid

Mandroid, 1993, Charles Band, Full Moon, Jack Kirby

Siempre nos resultan más interesantes los proyectos que nunca llegaron a materializarse. El hecho que no vieramos ningún fotograma pero nos empapemos de las ideas de sus creadores, hacen volar nuestra imaginación. ¿Qué hubiera pasado con el Spiderman de la Cannon? Pues que hubiera sido un cagarro a la altura del Capitán América de Albert Pyunn. Pero al contar únicamente con aquellos pósters con los que Golan y Globus buscaban algún pobre alma descarriada que les diera sus millones para poder hacer alguna de las suyas, pues se nos queda el poso que aquello podría haber funcionado.

La mayoría de estos proyectos fallidos son más de productoras de serie B con la Cannon y la Empire de los Band a la cabeza. Mucho tiene que verque exista material de la preproducción, básicamente pósters o sesiones fotográficas.


Mandroid, 1993, Charles Band, Full Moon, Jack Kirby

Todo esto viene a cuento porque la mentada Empire, en su época 80tera, la de máximo esplendor, tenía muy presente el mundo del cómic. Llegando, incluso, a contratar los servicios del mismísimo Jack Kirby para que desarrollase personajes puramente superheroicos con miras de adapatarlos al celuloide.

El primer personaje era Doctor Mortalis, un trasunto del Doctor Extraño, cuya adaptación nunca llegó a buen puerto. Eso sí, Charles Band recicló la idea en los 90 y la convirtió en Doctor Mordrid, una simpática serie B que se ve con agrado pero que se olvida con la misma facilidad.


Mandroid, 1993, Charles Band, Full Moon, Jack KirbyEl segundo personaje que ideó Kirby fue Mindmaster, un tipo en silla de ruedas que conseguía transferir su mente a un robot con el que combatirá el mal. Y este tampoco acabó de salir adelante, terminando la colaboración del dibujante y guionista con la productora de los Band.
Pero como ya deberías saber, al tito Band le va el rollete Corman de rentabilizar al máximo cualquier cosa, y ya en los 90, con su nueva productora Full Moon y su contrato con la Universal para distribuirle sus producciones, se estableció en Rumanía y se asoció con una productora local, Castel Film Romania, para seguir facturando. Más o menos repitió la jugada que hizo en los 80 de irse a rodar a Italia para rebajar costes. Pero claro, es lo que he dicho mil veces en este blog, si en los 70/80 la serie B más o menos podía competir (o al menos no caer en el ridículo) ante la serie A en cuanto a efectos y maquillajes, a partir de los 90 y, sobre todo, con la explosión de los efectos digitales el abismo era insalvable. Además de que la época dorada de los videoclubs (el mercado natural de estos productos) comenzaba a llegar a su fin.


Mandroid, 1993, Charles Band, Full Moon, Jack Kirby

Mandroid tiene cierto tufo a Los 4 Fantásticos producido por Corman. Con una fotografía feista y con una estética de película de Europa del este, cosa que normal siendo una película de allí. Pero al menos en Fantastic 4 teníamos un montón de efectos y maquillajes, que eran (en su mayoría) cutres y planos pero que al menos te dejaban cierta sensación que había algo. Pero en Mandroid no hay ni eso, estando unos cuantos escalafones por debajo. Apenas veremos a un tipo desfigurado al que rápidamente le colocan una máscara al estilo Doctor Muerte para así ahorrarse el maquillaje. También veremos al androide, una cosa con cierto aire a Rom pero más PowerRangermorfoseado. Y ya. Ahí se termina cualquier cosa fuera de lo normal.

Mucho actor autóctono y malo como la tiña, parquedad de medios (hay escenas de persecuciones con la imagen acelerada), mucha zona destartalada, un cartel tramposo que básicamente copia el concepto de Kirby pese a que en la película no tengamos a ningún señor en silla ruedas, un argumento confuso y mucho sopor.
Y eso que el tema apenas llega a los 80 minutos.

Mandroid, 1993, Charles Band, Full Moon, Jack Kirby

Quizá por aquello de facturar cuanto más mejor (por lo de venderle más mierda a la Universal) casi a la vez lanzaron un spin of con el chanante título de Invisible. Las crónicas de Benjamin Knight, aunque el resultado no es tan chanante. No sufras porque en nada lo tienes aquí comentado.

viernes, marzo 17, 2017

Clásicos Keaton: White noise (Más allá)


El brutal e inesperado éxito de El sexto sentido propició una moda, no sólo de meter un giro final que, supuestamente, nos dejase con el culo torcido, de un tipo de terror/fantástico más adulto, con muy poco de todo aquello que nos trajeron los 80 y, en mucha menor medida, los 90. La cosa ya no iba de adolescentes perseguidos por un tipo enmascarado y cuchillo en mano, si no que estaba un poco más cerca del terror japonés que se había puesto de moda en occidente a partir de The ring. Esto es: un ritmo más pausado y reposado, que buscaba la atmósfera malsana e inquietante antes que el gore. De ahí que apareciese ese subgénero llamado "terror atmosférico". Además de contar con protagonistas no precisamente jóvenes.

A películas como Mothman. La última profecía, Sesión 9 o Dragonfly. La sombra de la libélula, se le uniría White noise (aquí con la coletilla de Más allá). El tema era coger algo más o menos "real" como son las EVP (Electronic Voice Phenomenon), las psicofonías de toda la vida a las que se les suman imágenes de supuestos espíritus en la nieve de los monitores, y añadir unas gotas de espíritus cabreados.




Michael Keaton hace de un arquitecto al que le sonríe la vida, el negocio va viento en popa, su segunda mujer está en estado de buena esperanza... pero, claro está, las cosas han de pegar un giro. Giro que viene cuando su señora tiene un accidente mortal y el tipo entra en depresión. A partir de ahí empieza a tener extrañas revelaciones que le harán meterse en la investigación de los EVP.

White noise tiene su gracia. Hasta cierto punto podríamos, incluso, hacer una lectura más allá de su vertiente dentro del terror, siendo su prota un tipo que comienza a obsesionarse con lo de grabar sonidos e imágenes y deja de lado su trabajo, al hijo de su anterior matrimonio... y entra en el terreno de la locura. Pero no, aquí tenemos un film que apuesta por el terror (aunque tiene esas gotitas de dramón), que le funciona bastante bien durante su primera hora, pero a partir de ahí la cosa empieza a decaer de forma alarmante. Básicamente porque se empecinan en querer darle a la trama una explicación de "plan maestro" por parte de unos supuestos fantasmas y un albañil (¡que habíamos visto durante 15 segundos a mitad de película!) por cargarse a Keaton. El día que la vi en una sesión matinal en los Icaria me quedé con cara de ¿qué me estás contando? Esa especie de Deus ex machina o el "debo irme... mi planeta me necesita" de Poochie, me hizo pensar que me había dormido en algún momento de la proyección. No entendía nada. Es más, cuando DeAplaneta la editó en DVD me compré la edición especial pues en los contenidos adicionales prometían escenas eliminadas. Ok, no incluían los audiocomentarios de la edición yanki pero al menos en esas escenas cercenadas podría encontrar alguna explicación a la película. Pero no, los señores de DeAplaneta tenían que joderlo todo (como cuando Brand no se sacaba el carnet de conducir en Los goonies) y me encontraba que en el segundo disco no había ni rastro de esas escenas eliminadas. Me juego cualquier cosa que en el último momento no las compraron por no gastarse la pasta y como ya tenían las cubiertas impresas ni se plantearon reimprimirlas.

 

Lo dicho, el principal handicap de la película es su tramo final, la auto imposición de querer sorprenderlos no hace más que ser un lastre. Y es una lástima, porque las imágenes en las que aparecen esas 3 sombras están muy conseguidas y de haber trabajado un poco más el explotar su mitlogía, podría haber dado mucho de sí. A veces menos es más, como demuestra la banda sonora de Claude Foisy, que con apenas cuatro notas se marca un tema la mar de inquietante. 
 

White noise es una producción muy modesta, de apenas 10 millones dólares (posiblemente la mayoría del presupuesto sería para pagar el caché de su estrella), de aquellas que nacen con un guión que se lo ofrecen al actor de turno y a partir de ahí se mueven todas las decisiones. Sin ir más lejos el director Geoffrey Sax, que venía de dirigir en la caja tonta, fue reclutado gracias a Otthelo (versión telefilm para la BBC) una vez que Keaton dio su aprovación. Un Michael Keaton que venía de una etapa bastante floja, con mucho film que no tenía distribución y acababa estrenándose directamente en DVD (Quicksand. Juego sucio, Game 6).

Los productores no tenían demasiada fe en la cinta, prueba de ello es que la estrenaron el primer fin de semana de año, una época post navideña que históricamente ha sido muy floja en cuanto a recaudación. Pero sonó la flauta. En USA superó los 50 millones de recaudación, y a nivel mundial rozó los 100. Todo un exitazo económico (que no de crítica) que ayudó a que los productores la tuvieran en cuenta para seguir estirando el chicle con secuelas.

White noise 2. La luz (White noise: The light, 2007). Entramos de lleno en el fangoso terreno de las secuelas que no son tal, que usan el título de una, en este caso posible, franquicia para vender una historia que poco o nada tiene que ver con la original. Lo vimos con las sagas de Noche de paz, noche de muerte o Amityville. En White noise 2 tenemos un tipo felizmente casado y con retoño a los que un día, mientras desayunan en una cafetería, asesinan. El tipo cae en la depresión y se suicida, pero los médicos consiguen salvarle la vida. Pero al igual que Michael J. Fox en Agárrame esos fantasmas, su experiencia en el más allá le ha dado la cualidad de saber quien está a punto de morir. Lo que hará que el tipo se dedique a salvar a la gente sin saber que eso acarreará terribles consecuencias.
Efectivamente, nada que ver los fenómenos EVP, de los que apenas se comentan en un diálogo muy de pasada. Más allá de la poca relación con la original, el asunto está más cerca de Ghost que de darnos miedito. Todo muy flojito, con poca gracia y efectos de saldo. Por ahí tenemos bastante caras televisivas: Nathan Fillion, el de la serie Castle o Firefly; Katee Sackhoff de Galáctica; o Teryl Rothery de Stargate SG-1. En la dirección Patrick Lussier, que si bien en la dirección cuenta con aquella trilogía vampírica de principios de siglo (Drácula 2001, Drácula 2. Resurrección y Drácula 3. Legado) y un par de cucadas como la Furia ciega de Nicolas Cage y el remake San Valentín sangriento 3D, tiene más caché como montador, siendo habitual en la filmografía del fallecido Wes Craven. La película se estrenó en cines en pocos países (en USA salió directa a DVD), y acabó siendo un fracaso que apenas recuperó los 10 millones que costó, acabando con cualquier esperanza de convertir a White noise en una franquicia de films de terror.

domingo, marzo 12, 2017

Directores de cine: Tim Burton

Uno nunca sabe qué se va a encontrar en esas cintas Sony, TDK, Ayomi o First Line que crían polvo en el trastero. Empezaron siendo vírgenes y acabaron siendo grabadas una y otra vez, haciendo que su cinta fuese cada vez menos magnética.

En la de hoy toca una de esas series de documentales que emitían en Vía Digital o Canal Satélite (vaya usted a saber) a principios de milenio y que estaban dedicados a la figura de algún director. En el que nos ocupa se centra en la figura del hoy acabadísimo Tim Burton.

Que aproveche.

domingo, marzo 05, 2017

Segundo sangriento

Segundo sangriento, Rutger Hauer

"Blade Runner meets Alien" era la frase promocional de alguna edición en DVD de Segundo sangriento. Hombre, visto así puede colar, pero todo en la línea de la serie B más canalla. Aquella que nos lo hacía pasar teta en su paso por los videoclubs, porque en cines la veían cuatro gatos.

Tenemos a un Rutger Hauer post Peligrosamente unidos, pero que había vuelto a recuperar un poco la línea. Pero muy poco. Los michelines todavía están ahí pero su indumentaria de gabardina de cuero a lo Matrix y que la peli tira por una iluminación oscura le ayudan a mantener la compostura a sus flácidas carnes.

 
Segundo sangriento, Rutger Hauer

Año 2008. La contaminación nos ha mandado a la mierda y su capa de mugre impide que nos llegue la luz del Sol, lo que hace que casi siempre sea de noche. Por otro lado, el efecto invernadero ha provocado que los ríos de Londres acaben desbordados y la ciudad inundada, lo que hace que la ciudad esté infestada de ratas. Por otro lado tenemos a un policía con los rasgos de Hauer que ha perdido a su compañero en manos de un psicópata que se dedica a arrancar el corazón de sus víctima. Nuestro prota acaba desquiciado (según el entender del guionista esto viene a ser alimentarse de café y chocolate) dando caza al asesino junto a su nuevo compañero, un tipo licenciado en Oxford la mar de estirado.

A la ecuación Blade Runner y Alien yo le añadiría un poquito de Depredador y ¡claro que sí, guapi! un mucho de Arma letal. Esto era como cuando a Argento le dio por darle una vuelta a su querido giallo y meterle el elemento sobrenatural a la genial Rojo oscuro. Pues aquí lo mismo, al género de buddy movies le inyectaron el toque fantástico. Aunque antes ya habíamos tenido, por ejemplo, Ángel de la muerte con Dolph Lundgren. 

 
Segundo sangriento, Rutger Hauer

Segundo sangriento nace a finales de los 80 de un guión de Gary Scott Thompson, el tipo que luego escribió The fast and the furious. Pero el proyecto nace muerto pues la propuesta se parece demasiado a la (en la época) recientemente estrenada La noche del diablo, una caquita con Loui Diamond Phillips que en USA tiene bastante éxito. Susan Nicoletti, productora que años después estaría detrás del Juez Dredd de Stallone, tiene acceso a ese guión y decide que con una reescritura puede aprovecharse, con lo que vuelve a contar con Scott Thompson, que ubica la acción en un futuro Londres y añade el tema ecológico. Con lo que, al trasladar la acción de USA a UK, se elige como director al inglés Tony Maylam, que una década antes había firmado el slasher La quema y que años después acabaría dirigiendo documentales de marcas de coches (sic). Pero como la producción no iba a ser demasiado grande se necesitaba un nombre que pudiera llamar la atención del público, y ahí es donde entraba un Rutger Hauer encantado con el guión pero que reclamaba iniciar el rodaje cuanto antes, pues su agenda apenas le dejan pocas semanas disponibles, y que el final necesita una reescritura. A todo ello se accede, haciendo que la pre producción apenas se haga en 3 semanas y el rodaje tenga los inevitables problemas de una serie B de apenas 7 millones.


Segundo sangriento, Rutger Hauer

Pese a esas limitaciones no nos chirría demasiado ese futuro 2008. Básicamente se quitan de encima cualquier salto tecnológico (que es lo que suele dar el cante) y parece que la evolución se haya detenido a principios de los 90. Ni hay armas de rayos láser, ni coches voladores, ni robots. Por no haber no hay ni ordenadores. Todo ello, lejos de quedar cutre, salva muy bien el acabado estético, al que se le añade cierto toque decadente con los barrios más cochambrosos y los tugurios donde va el personal ha tomarse una copa, además de cierta iluminación muy de videoclip ochentero que le da al asunto un acabado cyber noir.

Pero no solo de la estética vive el espectador. Le peli es uno de aquellos divertimentos culpables, donde ni el mismísimo Hauer se toma en serio su papel de poli torturado con un sexto sentido. Quizá lo peor es su compañero de aventuras, un tal Alastair Duncan la mar de soso que acabaría con sus huesos en el mundo del doblaje animado. Además de a estos dos tenemos por ahí a una Kim Cattrall que sigue luciendo el corte de pelo de Star Trek VI, una pequeña aparición de Michael J. Pollard y al cantante Ian Dury, el de Sex & Drugs & Rock & Roll.


Segundo sangriento, Rutger Hauer

Quizá el talón de Aquiles de la película es querer abarcar demasiado. El tema de la contaminación parece que es más una escusa para poder darle el tono oscuro a la película, y la investigación del asesino empieza bien cuando hacen un molde de su dentadura y de ahí sale una cosa monstruosa, pero nunca se avanza a el porqué es un bicho con aires de Alien (obra de Stephen Norrington) que le va el tema esotérico, quedando todo muy en el aire. A lo que tampoco ayuda un final muy poco espectacular, que se desarrolla en un abandonado vagón de metro. Aunque, por otro lado, esa es la gracia de la serie B. Parquedad ante todo.

domingo, febrero 26, 2017

Autopista al infierno


Decía Ate de Jong que hubiera sido un director recurrente en la serie Corrupción en Miami de no haberse topado con un Don Johnson que le hizo la vida imposible mientras rodaba un episodio de la cuarta temporada. Ah, ¿qué no te suena Ate de Jong? Casi que normal, pero yo te lo explico.

El tipo es un director que después de haber rodado 6 películas en su Holanda natal dio el salto a los USA, haciéndose cargo de un episodio de una de las series de moda en la época, la mentada Corrupción en Miami, para luego hacer su primer largo en aquellas tierras. Autopista al infierno (no confundir con Carretera al infierno de nuestro amigo Rutger Hauer) se había rodado en 1989, pero su productora, Hemdale, estaba a las puertas de la bancarrota, dejando la película en el limbo de los No-estrenos.


 
El siguiente proyecto de De Jong fue una comedia a medias entre USA e Inglaterra con Rik Mayall y Phoebe Cates que aquí se tituló Fred, que tuvo cierto éxito, lo que hizo que la productora decidiera, por fin, estrenar Autopista al infierno en 1991. Aunque realmente fue un estreno muy minoritario (apenas 7 copias) y como excusa para allanarle el camino a una carrera comercial en los videoclubs.

La estrategia hubiera sido muy buena en los 80, pero ya entrados los 90 la cosa no parece que funcionase tan bien. Prueba de ello es que la película, teniendo su público, no es tan tan conocida como otras de su clase. Y eso que motivos no le faltaban: una serie B puramente fantástica, con un malo mezcla de Freddy Krueger y Jason Vorhees que campa a sus anchas por el mismísimo infierno. Con un argumento que, en su base, no tiene nada que hayamos visto nunca: la clásica historia de la damisela raptada y el joven héroe que parte en su busqueda y en su camino se encuentra un sin fin de enemigos y algún que otro aliado. Efectivamente, el argumento de cualquier Super Mario Bros.



Pero si indagamos un poco más en su argumento, pasamos de la vulgaridad a algo más singular. Con un tal Sargento que se dedica a secuestras vírgenes y llevárselas al infierno, un sitio que luce cual desierto de Arizona y donde habitan personajes extrafalarios, como es el caso de esa cafetería repleta de policías zombis que solamente quieren tomarse un café. Momento este que recuerda mucho a la sala de espera de Bitelchús. Y es con la película de Burton donde vamos a encontrar algún que otro paralelismo, aunque Autopista al infierno es bastante menos cómica y no juega tanto con los decorados. Aun y así vamos a toparnos con mucho efecto analógico, stop motion, maquillaje e incluso perspectiva forzada. Todo un surtido Cuétara del látex por obra y gracia de Steve Johnson. Por poner un ejemplo, el personaje de el Sargento luce una cara grabada con escrituras bíblicas cuyo maquillaje requería dos horas.

Autopista al infierno, además de dormir un par de años desde que se finiquitó hasta su estreno, pasó mucho tiempo desde que el guión, obra de Brian Helgeland (que venía de escribir la cuarta entrega de Pesadilla en Elm street y El teléfono del infierno y que luego hasta ganó un Oscar por L.A. Confidencial), estuvo terminado y se empezó a rodar. Varios fueron los directores que estuvieron a punto de dirigirla: Stephen Herek (Critters), Tommy Lee Wallace (Halloween III) o el mismísimo Rob Bottin. Pero finalmente el elegido fue el mentado
Ate de Jong, una elección con menos experiencia en el fantástico pero que seguramente no había muchas más opciones, pues estamos ante una producción tirando a modesta (8-9 millones de $) sin ningún gran estudio detrás que facilitara la distribución. Cosa que tampoco ayudaba mucho cuando originalmente debía llamarse Route 666, pero ese nombre está protegido en los USA. Donde también tuvieron problemas legales fue con la intentona de usar la famosa canción de AC/DC, pero los derechos de autor se les escapaba del presupuesto.


Como suele pasar en este tipo de producciones, la cosa se complicaba constantemente. Con un presupuesto escaso y los problemas que comportan la multitud de efectos había que añadir el rodar en el desierto de Arizona con un montón de tipos bañados en maquillajes que literalmente se deshacía.
Para acabar de liarla la película fue recortada por John Daly, fundador de Hemdale, a lo que el director holandés renegó del resultado final y pidió al gremio de directores poder firmarla con el famoso nombre de Alan Smithee. Y aunque ya tenía la aprobación para cambiar su nombre, dio marcha atrás por consejo del guionista Brian Helgeland. Con el tiempo el propio director reconocería que el montaje final que todos hemos visto es mucho mejor y con más ritmo que lo que tenía pensado.


En el cast nos encontramos un montón de caras conocidas: Patrick Bergin, Krity Swanson (la Buffy de la película original), Pamela Gidley (la que fuera la Teresa Banks de Fuego camina conmigo), haciendo de El Sargento C. J. Graham (que había sido Jason en la sexta entrega de Viernes 13), Richard Farnsworth (prota de Una historia verdadera de Lynch), la rockera Lita Ford, el archiconocido (aunque en la época no tanto) Ben Stiller, su mujer Amy y su padre Jerry Stiller (el padre de George Constanza en Seinfeld) y Kevin Peter Hall (nuestro Predator favorito).
Aunque el verdadero prota es Chad Lowe, actor malo malo, curtido en un montón de series y telefilms al que da bastante grima verle besar a su novia en la peli.


Autopista al infierno tenía todos o muchos elementos para ser en la actualidad película de culto y motivo de ediciones especiales en Blu-Ray, pero en cine 1+1 nunca es igual a 2. La elección de Ate de Jong se convierte en un lastre. Como también es el problema el tener un presupuesto ajustado para querer tener demasiadas localizaciones. Mejor les hubiera ido seguir un poco el estilo Bitelchús y tener pocos decorados pero explotarlos al máximo.
Aun y estos peros, hay que darle un visionado si te gusta el fantástico lleno de efectos tradicionales de la vieja escuela.

sábado, febrero 18, 2017

13 fantasmas

13 fantasmas, Dark Castle, Steve Beck, Tony Shalhoub, Matthew Lillard, Shannon Elizabeth

A finales de los 90 Joel Silver, Robert Zemeckis y Gilbert Adler crearon Dark Castle Entertainment, productora que debía su nombre a William Castle, aquel director/productor de serie B que añadía algún gimmick a sus estrenos. Ya fuese meter descargas eléctricas en las butacas, dar a los espectadores unos visores para ver fantasmas en la pantalla o permitirles votar el desenlace de la película. Cualquier cosa valía con tal de llamar la atención.

Y fueron precisamente dos films de Castle los que sirvieron de inspiración para empezar la historia de la nueva productora. Esto eran los remakes de House on Haunted Hill y 13 fantasmas. Y es de esta última de la que toca hablar.

13 fantasmas, Dark Castle, Steve Beck, Tony Shalhoub, Matthew Lillard, Shannon Elizabeth

De entrada ya te digo que el original es un bodrio de tomo y lomo. Lo que en 1960 era una serie B hoy está a la altura del Ed Wood más mediocre. A partir de ahí lo tenemos todo ganado. Porque, ¿para qué hacer un remake de un clásico como, por ejemplo, El planeta de los simios si te van a dar hasta en el carné de identidad? Coge alguna serie B que tenga una buena idea y conviértela en casi A aprovechando la tecnología actual. Y ahí es lo que hicieron bien con 13 fantasmas. Pusieron unos efectos digitales de la última hornada y que más de una década después siguen aguantando bien el tipo, y un maquillaje de lo mejorcito.

En esta nueva versión el argumento difiere ligeramente. Un padre de familia viudo vive con la presión de las deudas, hasta que un día recibe la noticia de que un tío de aquellos que apenas conocía ha muerto. Este le deja como herencia su casa, una finca donde la paredes son de cristal y hay frases en latín escritas en ellas. Una vez allí descubrirán que en la casa hay encerrados 13 fantasmas.

13 fantasmas, Dark Castle, Steve Beck, Tony Shalhoub, Matthew Lillard, Shannon Elizabeth

Técnicamente estamos ante un film de casas encantadas, pero nada tiene que ver con clásicos como Al final de la escalera o La leyenda de la mansión del infierno. Aquí estábamos en pleno 2001 y el nuevo cine digital permitía no hacer montaje, si no que se editaba. Entiéndase esto como que había una facilidad pasmosa para meter cuantos más fotogramas por segundo. Haciendo que a la que pestañeabas te perdías media peli.

Y ese el principal problema de la película. Que es una continua ráfaga de frames que no deja disfrutar de la presencia de los fantasmas, que son, sin duda, lo mejor de la producción. Cada uno con un maquillaje excelente y a los que intuimos que esconde una historia detrás de ellos. Y es que apenas se explica nada de ellos. Eso se lo reservaron para los extras del DVD.

13 fantasmas, Dark Castle, Steve Beck, Tony Shalhoub, Matthew Lillard, Shannon Elizabeth

En el cast siguieron un poco la clásica estratagema de un reparto no demasiado llamativo pero que se incluía el nombre de algún actor que tiempo atrás había vivido días mejores. Si en House on Haunted Hill tenían a Geoffrey Rush haciendo de sosias de Vincent Price, aquí teníamos a F. Murray Abraham, al que apenas veremos 15 minutillos y, efectivamente, es el auténtico malo de la función.
También tenemos por ahí Tony Shalhoub antes de saltar a la fama con la serie Monk; al siempre sobreactuado Matthew Lillard, que ya lo conocíamos de Scream y luego fue el Shaggy de Scooby-Doo; y Shannon Elizabeth, que vivía su etapa álgida gracias a American pie.

En la dirección Steve Beck, que venía de hacer efectos especiales en la Industrial Light and Magic de Lucas y aquí hacía su debut en la dirección. Un año después haría su segunda película, también para Dark Castle y siendo otro remake: Barco fantasma.



13 fantasmas, Dark Castle, Steve Beck, Tony Shalhoub, Matthew Lillard, Shannon Elizabeth

Concluyendo. 13 fantasmas se queda en un excepcional diseño de producción, maquillajes (obra de la KNB de Nicotero y Cía.) y efectos especiales (lo mismo que La guarida) pero no guarda ninguna sorpresa a nivel argumental (siempre iremos por delante y sabremos de antemano lo que pasará), con un final terrible. Por suerte la cosa dura poco y apenas llega a los 90 minutos.

Dark Castle siguió produciendo films que recaudaban lo justo para sacar beneficios y seguir su carrera comercial en los ya tocados videoclubs. A los films comentados les siguieron Gothika o La casa de cera, además de producir alguna cosa fuera del fantástico como RocknRolla de Guy Ritchie. Y actualmente la cosa está parada, pues hace 4 años que no producen ningún film.

domingo, enero 29, 2017

La tutora

la tutora, the guardian, william friedkin

Después de encadenar dos hits de la talla de French connection contra el imperio de la droga y, sobre todo, El exorcista, William Friedkin inició un declive que llegó por creerse demasiado su condición de artista de éxito que está por encima del bien y del mal, y que cualquiera de sus proyecto sería un éxito de crítica y público. Nada más lejos de la realidad. Después de un tiempo trabajando en The Devil's Triangle, uno de esos proyectos que se quedan en el limbo y debía ser el film definitivo sobre el triángulo de las Bermudas (muy de moda en la época) protagonizado por Marlon Brando, Steve McQueen y Charlton Heston, el director tuvo que esperar para cuadrar agendas, así que se embarcó en un proyecto más pequeño mientras esperaba activar el proyecto gordo. El film modesto fue Carga maldita (remake de El salario del miedo), que acabó siendo un problemón para sus productores, que veían como el rodaje se alargaba casi dos años y el presupuesto de apenas dos millones y medio iba creciendo cada vez más hasta alcanzar la exagerada cifra de 22 millones. La cosa acabó con un gran fracaso en taquilla, apenas recaudando menos de la mitad de lo invertido.

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The Devil's Triangle nunca se realizó (según Friedkin porque Encuentros en las tercera fase de Spielberg se parecía demasiado) y salvo alguna excepción como A la caza, la filmografía del director en los 80 se movió entre fracasos económicos y telefilms. Así que para romper esa mala racha y empezar con buen pie la década de los 90 nada mejor que volver al terreno que más popularidad le dio: el terror.

La tutora gira entorno a un matrimonio que acaban de tener su segundo retoño, al que le pondrán una babysitter. Lo que no saben es que la chica se dedica a robar a los bebés que cuida para ofrecérselo a un árbol tal como hacían los druidas.

la tutora, the guardian, william friedkin

Parece que el tema de la babysitter que esconde oscuros propósitos debía interesar mucho en la época. Ahí tenemos uno de los episodios míticos de Los Simpson o, un par de años después, La mano que mece la cuna, película que siempre acaba confundiéndose con la dirigida por Friedkin, a diferencia que la primera no tiene el elemento fantástico y sí fue un éxito económico.
Y es que a película de Friedkin sufre de esa pátina estética tan noventera (pese a rodarse en 1989), una época bastante mala para el terror. Y es que no estamos ante una buena película precisamente.

la tutora, the guardian, william friedkin

En líneas generales la cosa roza el ridículo y según nos pille lo traspasa. Seguramente el hecho que la producción no fuese un camino de rosas, con varias reescrituras de guión, dejaron mella en el resultado final. Lo que en un primer momento se acercaba más al thriller, dejando de lado el tema fantástico, acabó metamorfoseando a lo fantasioso por imposición de la Universal, que quería aprovecharse de la fama del director.

Hay algún momento con algo de gore, y todo lo que rodea al árbol está muy conseguido. Desde su diseño, que, aunque se nota que era un decorado, tiene cierto aire de cuento de hadas, y como le dan "vida" a modo de animatrónic cuando se dedica a dar candela a un trío de atracadores/violadores. Escena tan sumamente ridícula que su condición de existir es para que veamos como se las gasta el vegetal. Por que si de algo peca el film es de meterse en terreno fangoso durante casi todo su metraje. Pasamos con demasiada frecuencia por momentos ridículos, de aquellos de vergüenza ajena, pero si los aguantamos nos recompensarán con alguna cosa salvaje como lo de los ladronzuelos o momentos de pura tensión, como la escena que unos coyotes rodean y asolan la casa de un ingenuo mirón que ha pillado a la babysitter haciendo la fotosíntesis lunar. Babysitter interpretada con cierta gracia y mirada ida Jenny Seagrove, que ya la habíamos visto en Un tipo genial y Los piratas de las islas salvajes. En el contrapunto del matrimonio tenemos a una de las chicas Bond de la siempre poco reivindicada Licencia para matar, Carey Lowell, y un secundario habitual como Dwier Brown. Y casi como anécdota, una minúscula aparición del recientemente fallecido Miguel Ferrer.

 
la tutora, the guardian, william friedkin

La tutora
tiene eso, que de haber sido una serie B más transparente nos la tomaríamos con más alegría, pero que al llevar el sello de un gran estudio y la firma de unos de los buenos de los 70 la cogemos de forma seriota y por ahí la cosa no se aguanta.



miércoles, enero 18, 2017

La quinta jornada (de Dario Argento)

La quinta jornada, Dario Argento, Adriano Celentano

Sin duda la auténtica rareza en la filmografía de Dario Argento es esta La quinta jornada, una comedia de tintes históricos que rodó justamente después de finalizar su trilogía animal (El pájaro de las plumas de cristal, El gato de las nueve colas y 4 moscas sobre terciopelo gris) y antes de darle una vuelta de tuerca al giallo con Rojo oscuro. Y justo a la vez que en televisión se embarcaba en La porta sul buio.

Porque tener éxito en el género fantástico siempre gusta, como también gusta recibir el reconocimiento en festivales estilo Sitges, pero al final lo que todo quisque que frecuente el mundo del celuloide quiere es triunfar en el cine "serio", el que aplauden los críticos y en el donde se dan los premios "importantes". Ahí tienes a gente como Raimi o Craven, que a la que les dejan te hacen Un plan sencillo o Música del corazón. Por lo que a Argento seguro que también le picaba aquello de recibir las alabanzas de Cahiers du cinéma y cuando ya había conseguido tres exitazos económicos pudo tener la carta blanca para salirse de su hoja de ruta.


La quinta jornada, Dario Argento, Adriano Celentano

Pero la realidad es que este era un proyecto que debía dirigir Nanni Loy, que curiosamente, una década antes, había realizado Los cuatro días de Nápoles, con muchos paralelismos con La quinta jornada y por la que fue nominado a un Oscar. Pero este se desentendió del proyecto y el productor, Salvatore Argento, miró hacia su hijo Dario.

También hubo cambios en el casting, siendo en un primer momento Ugo Tognazzi (seguro que te suena de Vicios pequeños de la que luego los yankis hicieran el remake La jaula de las locas) el elegido y desertando del proyecto al poco del inicio del rodaje. Como solución de urgencia se contó con Adriano Celentano, toda una institución del canteo en Italia y que acababa de tener pelotazos en el cine con Serafino o El guapo. 

En la película de Argento vive las aventuras y desventuras de un ladronzuelo que, casi sin quererlo, escapa de la cárcel, y, junto a un panadero, se encuentra con las vicisitudes de los 5 días que tardó el pueblo italiano en amotinarse ante la ocupación austríaca a mediados del siglo XIX.

La quinta jornada, Dario Argento, Adriano Celentano

Una comedia muy italiana (al menos la de la época), de sal muy gruesa y grosteca, con supuestas gracias que se basan en los tortazos y acelerar el montaje mientras suena una musiquilla pretendidamente graciosa. Amén de meter cierto tono de erotiquillo barato con sus tetas incluidas. No es de extrañar que entre los guionistas nos topemos al amiguísimo de Argento, Lugi Cozzi, cagador de basura fílmica de la que nos gusta como Star crash o Contaminación: Alien invade la Tierra.

Pero, pese a a estas salidas del tono que nos tenía acostumbrado el director de Drácula 3D, no puede evitar volver a terreno conocido con cierto grado de hemoglobina, algún navajazo y una cabeza reventada por un disparo. Aunque más representativo es el momento que la pareja protagonista entran en una biblioteca y escuchan una cavernosa voz que pronto se descubre como un orondo personaje con muy mala pinta. Sin duda un momento que podría haber formado parte de cualquiera de sus películas de género.

La quinta jornada, Dario Argento, Adriano Celentano

La película es dura de ver, muy muy pesada. Dos horas dan para mucho. Para aburrirse mucho. En su momento cogió a todos por sorpresa, lo que unido a su poca gracia la llevó de pleno derecho al agujero de los olvidados (aunque en su paso por la taquilla italiana no le fue mal), haciendo que Argento nunca más volviese a dejar el género de terror.

Él mismo reconocería años después que el proyecto le superaba, siendo escrito para un director que que dominara la comedia como Nanni Loy. Zapatero a tus zapatos.