miércoles, septiembre 19, 2018

Aeropuerto (y secuelas)


Basada en el libro del mismo nombre de Arthur Hailey (aquí la publicaría Círculo de lectores en 1970) nos encontramos ante el embrión del cine catastrofista que tanto gustó en los 70. Aunque, hay que decir que con anterioridad Hailey había escrito Hotel, que a principios de los 80 daría pie a la famosa serie con James Brolin. Este dato es importante porque la estructura viene a ser igual en Hotel y Aeropuerto. O si me apuras, y seguramente lo tendrás más claro, igual que Vacaciones en el mar, salvo que en esta serie se eliminaba el componente catastrofista. Diferentes personajes que tienen una historia detrás que acaban cruzándose en un avión, un barco o un hotel.

Porque como todo buen embrión, en Aeropuerto casi el accidente es secundario y estamos más ante un dramón de tomo y lomo.



Por un lado tenemos a Burt Lancaster, que es el responsable de un aeropuerto de Chicago en el que reina el caos por culpa del mal tiempo. Por otro lado está Dean Martin que es el piloto de un avión (sí, el puto Dean Martin pilota aviones con un martini en la mano) y es cuñado de Lancaster y a la vez le mete los cuernos a su señora con cualquiera con la que se cruce y descubre que ha dejado embarazada a una de las azafatas. Y también corre por ahí George Kennedy como un mecánico que intenta que un avión que se ha quedado atascado por la nieve, pueda despegar. Además, tendremos por ahí a una señora que es especialista en colarse en los vuelos y hacer de polizón y a un pobre señor que tiene la intención de hacer volar el avión con una bomba para que su mujer cobre su póliza de vida.


Bastante follón, ¿no? Más o menos se puede seguir, pero con dificultades. Y no por la complejidad del argumento, si no porque al final todo resulta ser un dramón, donde todos los personajes son unos pobres diablos que nos van a deprimir la tarde. Además de que uno está esperando la catástrofe y ésta no llega hasta la hora y cuarenta. ¡Santa paciencia! Y cuando llega que nadie espere grandes escenas de efectos especiales, porque como mucho veremos una triste maqueta del avión volando.

Aun y así hay algún que otro momento risible, como cuando un cura le calza una hostia a un histérico mientras se santigua.



Aeropuerto, pese a unas críticas bastante negativas, arrasó en la taquilla norteamericana en aquel 1970, recaudando más de 100 millones habiendo costado 10 (que seguramente la mayoría del dinero sería para pagar a Lancaster y a Dean Martin y la barra libre) que en la época era una locura. Lo que dio lugar a todo un subgénero y a una saga que, realmente, es tirando a mala como veremos a continuación.



Aeropuerto 75 (Airport 1975, 1974). Un Boeing 747 comercial impacta con una avioneta en la que su piloto ha sufrido un ataque al corazón. Los pilotos del Boeing mueren salvo uno que queda medio ciego y no puede pilotar, con lo que el avión está a la deriva. Suerte que está por ahí Charlton "The Man" Heston que se sube a una avioneta y planea llevarla hasta el avión y meterse en él para pilotarlo.
Cuatro años tardaron en lanzar esta segunda parte pese al gran éxito de la anterior, pero hay que entender que en la época, salvo la serie B, no eran habituales las secuelas.
Empiezan las historias corales, teniendo más protagonismo los pasajeros. Salen monjas y una niña "mu malita", que serían pilares en Agárralo como puedas. El elenco de rostros conocidos se alarga: el mentado Charlton Heston, Linda Blair, Karen Black, Jerry Stiller, Sid Caesar (el profe de gimnasia de Grease), Norman Fell (el Roper de Apartamento para tres), Gloria Swanson haciendo de... Gloria Swanson, y George Kennedy que, por lo visto, lo ascendieron de un mecánico a vice presidente de operaciones. ¡Cágate!
La película sigue en la línea de chunguez que la anterior, pero al menos se quitan un poco de encima el drama y tirán más por darle protagonismo a la catastrofe. Lamentablemente los efectos son terribles.
La película no tuvo tanto tirón como la anterior, cosechando casi 50 millones de dólares, pero habiendo costado 3 nadie se lo tomó a mal.



Aeropuerto 77 (Airport '77, 1977). Sin duda estamos ante la mejor de la saga y además con la trama más rebuscada para hacer que el problema del avión acabe siendo naútico. Un vuelo privado repleto de gente de pasta se dirige a Florida. Durante el vuelo unos ladrones duermen a todos los pasajeros y desvían el avión para robar unos valiosos cuadros que transportan aprovechando que pasan por el triángulo de las Bermudas. Pero se topan con un banco de niebla que esconde una plataforma petrolera con la que pierden el control y el avión acaba debajo del agua.
Si algo hay que achacarle al film es la elección de Jack Lemon como action hero. También tenemos por ahí a Joseph Cotten, Christopher Lee, Olivia de Havilland, Darren McGavin (Kolchak), M. Emmet Walsh, James Stewart y George Kennedy que está ascendido a una especie de consultor.
Tanto la saga como el subgénero empezaba a dar síntomas de cansancio para el público y su recaudación bajó a 30 millones, pero habiendo costado 6 todavía se podía estirar el chicle.



Aeropuerto '80 (The Concorde... Airport '79, 1979). Y por fin llegamos al punto y final de la saga. Y lo hacemos con una película tan mala y risible que podríamos confundirla con alguna entrega de Agárralo como puedas. La misma Universal se dio cuenta en los pases de prueba que el público se reía y tuvo que cambiar su estrategia publicitaria y venderla como una película de catástrofes con mucho humor. 
Un concorde que hace la ruta USA-URRS tiene entre sus pasajeros a una reportera que tiene la documentación que demuestra que un importante empresario es un contrabandista de armas. Éste enviará unos misiles para cargarse el avión.
Sí, con esta basura de argumento intentaban modernizar la saga. Además de diálogos ridículos y patochadas tan grande como cuando Delon le paga una puta a George Kennedy y éste se enamora de ella. Muy triste.
Un reparto tan extenso como bizarro: Alain Delon, Sylvia Kristel (que encima sale fea), Eddie Albert (el gruñón de La montaña embrujada), David Warner (no, no hace de malo), Robert Wagner (el nº2 viejo de Austin Powers), Sybil Danning (por extraño que parezca no enseña las domingas), y, por supuesto, George Kennedy que repite su eterno papel de Joe Patroni, aunque aquí se ha convertido a ¡piloto! Además de alguna vieja gloria de los años 40/50. Dirige David Lowell Rich, un afincado a los telefilms del que sólo destacaré un blaxploitaition como Bolt, agente trueno con el bueno de Fred Williamson.
La película resulto un fracaso, recaudando poco más de 10 millones de dólares, lo que haría que la saga se estrellase definitivamente.

miércoles, septiembre 12, 2018

La increíble mujer menguante


Sin duda Joel Schumacher tiene el síndrome de reloj roto. Esto es que da bien la hora dos veces al día. Porque si no, es difícil explicar como pueden convivir en la misma filmografía títulos como Jóvenes ocultos, Un día de furia o Asesinato en 8mm con Los locos del taxi, El fantasma de la ópera o una marcianada como La increíble mujer menguante, que es la que hoy nos ocupa. Una adaptación (muy) libre de la novela El hombre menguante de Richard Matheson.

Aquí, como su título nos indica, tenemos como protagonista a una señora, ama de casa para más señas, y que está casada por un patillero Charles Grodin que trabaja como ejecutivo de publicidad. La señora, por contacto con una mezcla de los productos de la empresa de su marido, empieza a notar que va menguando, hasta que llega a un tamaño de pitufo. A partir de entonces se convertirá en una fugaz estrella del mundillo televisivo hasta que es secuestrada por los científicos que la llevaron a esa situación, que, realmente, traman una conspiración para miniaturizar a toda la población.



Absurdidad tras absurdidad es lo que nos espera en esta película que, sin llegar a la calidad de los efectos y trucajes de Cariño, he encogido a los niños, su aspecto técnico para hacernos creer que su protagonista apenas mide unos pocos centímetros es lo único salvable. Evidentemente, por la época en la que fue rodada lo que toca son efectos de perspectiva, decorados construidos a escala y pantalla azul. Mientras que los dos primeros recursos aguantan bastante bien (aunque hay detalles como esas lonchas de bacon que cantan a leguas) e incluso sorprenden que se hayan tomado tantas molestias para un film de esta envergadura, el croma ya es bastante más nauseabundo.

La increíble mujer menguante nació para ser una gran producción, con lo último en efectos especiales y con el mismísimo John Landis en la dirección. Pero cuando Universal vio que se estrenaba la película Vivir el momento, en la que también aparecía como protagonista Lily Tomblin y que la directora/guionista era Jane Wagner, la primera era protagonista de La increible mujer menguante y la segunda su guionista, paró la producción. Finalmente Universal daría luz verde a la producción pero bajando drásticamente el presupuesto, lo que unido a los eternos parones, Landis decidió irse a rodar Granujas a todo ritmo, lo que acabó llevando a Schumacher a la silla del director, siendo éste su primer film como director. Antes había dirigido un par de telefilms y había sido guionista de películas para audiencias negras como El mago (The Wiz), Un mundo aparte y Sparkle (que aquí no llegó), además de venir del mundillo del diseño de vestuario (El dormilón, Interiores).



En el momento de su estreno recibió el vapuleo masivo de la crítica, incluso Matheson la puso a caer de un burro. Motivo éste por el que muchos dicen que su protagonista Lily Tomblin truncó su carrera cinematográfica. La increíble mujer menguante era un producto casi exclusivo para su lucimiento, llevando con ella a Jane Wagner (que luego acabaría siendo su esposa) y que le había escrito mucho material para sus programas de televisión. Después de debutar en el cine con Robert Altman en Nashville y recibir una nominación al Oscar a mejor actriz secundaria, se llevó un montón de malas críticas por Vivir el momento, dramón donde encarnaba una madurita que se liaba con un jovencito con la cara de John Travolta.
Después fue espaciando sus apariciones en cine con películas que más o menos funcionaban en los USA, pero que fuera pasaban desapercibidas (Ensalada de gemelas, Dos veces yo -con Steve Martin).



La increíble mujer menguante está fechada en 1981, pero si nadie te lo dice pensarías que es de una década antes. Las pintas de la gente, con sus pantalones de campana, trajes de colores pastel, las patillas... Vale que rodándose en 1980 arrastre estética setentera, pero es que esta película puede competir en horterismo con la mismísima Fiebre de sábado noche. De este exceso no sé hasta que punto esté todo exagerado a propósito ( no olvidemos los orígenes de modisto de su director) en algún arranque de locura farlopera de Schumacher.

Tampoco hay que dejar pasar su cast tan de la época: Ned Betty (con los dientes podridos), el mentado Charles Grodin, Henry Gibson (el vecino chungo de No matarás... al vecino), Mark Blankfield (prota de Jekyll y Hyde hasta que la risa les separe), John Glover (el millonario de Gremlins 2) y el mismísimo Rick Baker haciendo de ¡mono! 



Viendo el tipo de producto que era, su paso por la taquilla norteamericana no fue para nada malo, amasando 20 millones de la época. En cambio, por aquí no conoció estreno en salas. Normal, pues la película no dejaba de estar hecha para lucimiento de su protagonista, que por aquellos lares era más que conocida.


miércoles, septiembre 05, 2018

Clásicos Keaton: Un buen policía


Con esta película podríamos, en cierta forma, ver el cambio que supuso el subgénero de justicieros urbanos en los 90. Los 70's, con los Harry el sucio y El justiciero de la ciudad charlesbronsiano, era todo mucho más serio, realista y hasta cruel. Los 80 dieron paso a la exageración y casi la autoparodia con los locurones de El justiciero de la noche, El exterminador o la variante para todos los públicos de El equipo A. Y en los 90 había que darle otra vuelta y meter un tono más lacrimógeno y "humano".


En el caso de Un buen policía tenemos a una pareja de polis formada por Michael Keaton y Anthony LaPaglia. El segundo es viudo y tiene que lidiar entre su vida como policía y cuidar a sus tres hijas. En acto de servicio muere y nombra como tutor de sus hijas a Keaton. Éste se las llevará a su casa y paralelamente iniciará la caza del grupo de traficantes que están detrás de la muerte de su compañero.

Y ahí tenemos esa delicada mezcla de dramón de niñas huérfanas y poli que se adentra en los suburbios y se encuentra solo ante su cometido de venganza. Y ya sabemos que estas mezclas acaban por no casar demasiado bien. Tampoco hay que mirar hacia otro lado con la resolución final de la historia. Una resolución de aquellas telefilmescas que todo se soluciona por arte de birlibirloque.


Buena culpa de ello lo tiene, Heywood Gould un tipo que trabajaba de camarero mientras escribía novelas pseudopornográficas en los 70 hasta que consiguió vender el guión de Distrito apache por 1.250 dólares. El guión acabó convirtiéndose en película varios años después, protagonizada por Paul Newman y recaudando más de 60 millones. Después de vender el guión se encargaría de la reescritura de El ex-preso de Corea, y acabaría saltando a la primera línea cuando escribió el libro Cocktail y su posterior guión cinematográfico. Su siguiente guión sería este Un buen policía con la que haría su debut en la dirección.


La película, al igual que Cocktail, sería producida por Disney. Pero si el film de Tom Cruise sería lanzado por la filial Touchstone, que era el sello con el que estrenaban films demasiado adultos para sacarlos con Disney, Un buen policía acabó bajo el amparo de Hollywood Pictures, otra filial de la compañía pero que usaban para distribuir títulos en los que no tenían ningún tipo de esperanzas.

Y es que es fácil imaginarse a los girafales del estudio haciendo un visionado de la película y quedándose con cara de pasmarote. No estamos ante una película de acción, si no ante un dramón de aquellos de sobremesa y tenían muy claro que ahí tenían poco donde rascar. Y muy desencaminados no irían porque la película pasó sin pena ni gloria en su estreno, cosechando 12 millones de dólares habiendo costado 4.



Además de un omnipresente Keaton (acababa de estrenar el Batman del 89 estaba en su techo de popularidad) y LaPaglia, tenemos a Rene Russo, Kevin Conway (el padre del monstruo de La casa de los horrores), Tony Plana (una especie de Robert Davi miniaturizado), Rachel Ticotin (la Melina de Desafío total) y Benjamin Bratt (¿te acuerdas de Catwoman? Él tampoco).