domingo, noviembre 11, 2018

Festival de trailers (LXXXI)



El país del agua (Waterland, 1992) de Stephen Gyllenhaal. Con Jeremy Irons, Ethan Hawke, Sinead Cusack, Pete Postlethwaite, Grant Warnock, Cara Buono, Lena Headey y David Morrissey.




El paciente inglés (The English Patient , 1996) de Anthony Minghella. Con Ralph Fiennes, Kristin Scott Thomas, Juliette Binoche, Willem Dafoe, Naveen Andrews, Colin Firth y Jürgen Prochnow.



Con cariño desde el cielo (Mrs. Winterbourne, 1996) de Richard Benjamin. Con Shirley MacLaine, Ricki Lake, Brendan Fraser, Miguel Sandoval, Loren Dean y Jane Krakowski.





Ella siempre dice sí (The Marrying Man, 1991) de Jerry Rees. Con Kim Basinger, Alec Baldwin, Elisabeth Shue, Armand Assante, Robert Loggia, Paul Reiser y Fisher Stevens. 




La boda de mi mejor amigo (My Best Friend's Wedding, 1997) de P.J. Hogan. Con Julia Roberts, Dermot Mulroney, Cameron Díaz, Rupert Everett, Philip Bosco y M. Emmet Walsh.


martes, noviembre 06, 2018

Prom night (y secuelas/remake)

prom night, leslie nielsen, jamie lee curtis, paul lynch, slasher

Un grupo de niños juegan al escondite en una casa abandonada y por accidente provocan la muerte de una niña, lo que hace que entre ellos acuerden no decir nada a nadie. La muerte de la niña acaba siendo adjudicada a un demente del lugar que acabará recluido en una institución mental. Años después, los niños del accidente preparan el baile de fin de curso y empiezan a recibir intimidatorias llamadas telefónicas. Paralelamente, la policía local recibe el aviso que el maniático que estaba recluido ha escapado.


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Prom night nació, básicamente, para ganar dinero, como el 100% del slasher. Hasta ahí ninguna novedad. Paul Lynch venía de dirigir algunas películas que si bien no habían tenido malas críticas, no habían recaudado demasiado dinero, con lo que pensó en adentrarse en el terror, que a finales de los 70 era un género que no costaba demasiado y funcionaba muy bien en taquilla. Ahí está el eterno ejemplo de La noche de Halloween, que durante un par de décadas, hasta la llegada de El proyecto de la bruja de Blair, fue la película más rentable de la historia.

Lynch, que ya tenía en mente ubicar la acción durante el baile de fin de curso de un instituto, acabaría contactando con Robert Guza (años después un especialista en guiones para culebrones como Santa Barbara u Hospital general) que le proporcionó la historia del accidente con los niños que desencadenaría los asesinatos. En el fondo, un giro a la clásica historia de fantasmas que vuelven del más allá para vengarse de los vivos. Finalmente, el guionista William Gray (Al final de la escalera, El experimento Filadelfia) acabaría por darle la revisión definitiva al libreto.

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El proyecto iba a contar con un presupuesto muy ajustado, así que tenían claro que necesitaban algún nombre que llamase la atención. Para ello se contactó con Eve Plumb (de La Tribu de los Brady) para que fuese la protagonista, pero seguidamente tuvieron la oportunidad de contratar a Jamie Lee Curtis que venía de protagonizar La noche de Halloween y acababa de rodar La niebla, también de Carpenter, con lo que ni se lo pensaron. También estaba en el reparto Leslie Nielsen (aunque encabece los títulos de crédito su papel es puramente secundario), Robert A. Silverman (un habitual en la filmo de Cronenberg) y como curiosidad mentar a Brock Simpson, hijo del productor y que sería el único actor que repetiría en las 4 "entregas" originales de la saga.

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Prom night fue de los primeros slasher en surgir en pleno boom de subgénero (apenas se estrenó un par de meses después que Viernes 13 que fue quien dio el pistoletazo de salida), es por ello que vista a día de hoy ha quedado anquilosada. Su asesino luce un aspecto muy poco chanante con ese pasamontañas con purpurina, y que éste no empiece a matar hasta la hora de metraje es un peaje excesivo. Que el tipo sea casi tan torpe como los ladrones de Solo en casa no ayuda a que pasemos miedo. Además, hay que añadirle que descubrir su identidad no nos será nada difícil si la vemos doblada, pues su doblador tiene una voz tan reconocible que a la primera llamada telefónica lo pillamos rápido.
A nivel estético nos topamos con los restos de la moda disco y un exceso de flou en la fotografía que no ayuda demasiado, dándole un aspecto demasiado viejo.


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Así pues, Prom night ha quedado como uno de los nombres de la época dorada del slasher y del canuxploitation, pero más por ser de los primeros títulos en aparecer que por virtudes artísticas.
Si bien en los USA, sacó unos buenos 15 millones de dólares aquí no la olimos hasta que la Embassy la sacó directamente a vídeo.

Años después, Lynch criticaría a las secuelas, diciendo que nunca hubo intención de seguir la historia. Aunque de haberse encargado él hubiera usado el personaje de Jamie Lee Curtis y la hubiera ubicado en una institución mental. Fuese como fuese y dijese lo que dijese Lynch, años después la película generó una serie de secuelas que realmente poco o nada tenían que ver entre ellas, pero que acaban convirtiendo la saga en una locura con mucha diversión asegurada.



hello mary lou prom nIght IIHello Mary Lou (Hello Mary Lou. Prom night II, 1987). En 1957, durante el baile de fin de curso, Mary Lou Maloney, la guarrilla del instituto, muere calcinada por venganza de su antiguo novio. 30 años después, una chica encuentra en el mismo instituto la ropa que usó Mary Lou, haciendo que el espíritu de ésta regrese para vengarse de sus antiguos compañeros de instituto.
Efectivamente, poco o nada parece tener que ver este argumento con la Prom Night original. Básicamente estamos ante el clásico caso de película que acaban metiéndola dentro de una franquicia para intentar rascar unos dólares en la taquilla. Originalmente era un guión titulado The haunting of Hamilton High producido por Peter Simpson, que había estado detrás de Prom Night, pero cuando vio la película terminada quedó muy descontento y decidió volver a rodar algunas escenas, por lo que llamó a Ron Oliver, que había escrito el guión, y le dio una semana y 100 mil dólares para que hiciera el trabajo. Ya con la nueva versión, aparece The Samuel Goldwyn Company, que adquiere los derechos para distribuirla en cines y decide cambiar el título y lanzarla como una secuela de Prom night.
Al final aquello dejaba bastante de lado el slasher y se metía de lleno en el mundo onírico de Freddy Kruegger, tan de moda en la época. Quedando en un intento de crear un personaje para franquiciar que, como veremos luego, no pasó de la segunda división. Aun y así estamos ante una película simpática, con algunos logros (la mejor escena es cuando Mary Lou usa su poder mental para aplastar unas taquillas del instituto, haciendo puré a la que chica que se escondía dentro; tampoco hay que olvidar al chaval que muere delante del ordenador) y con detallitos como usar nombres de directores del género para los personajes.
Si en la anterior teníamos a Leslie Nielsen, ahora tenemos a Michael Ironside luciendo su eterna cara de malas pulgas.


el último beso, prom night IIIEl último beso (Prom night III. The last kiss, 1989). Secuela de la secuela que sigue el mismo patrón. Mary Lou consigue escapar del infierno (pese a que en el final de la anterior parecía que había poseído a Michael Ironside) y vuelve a la carga en el instituto donde murió. En este caso se dedica a ir detrás de un chaval al que quiere convertir en su pareja en el baile de final de curso.
Esta película da muchas de cal y algo de arena (¿porque la cal es lo malo, no?). Por un lado luce un aspecto de directo a vídeo (aquí distribuida por CBS Fox con una carátula tronchante) que nos tirará para atrás, además de diálogos bochornosos, interpretaciones del averno y, en general, una falta de medios propia del tipo de (sub)producto que es. Una mezcla de terror (las referencias a Pesadilla en Elm street son más que evidentes) con comedia paródica totalmente desprovista de sexo o tetillas, que no acaban de fraguar. Pero por otro lado tenemos ideas loquísimas que son geniales. Como el prólogo donde varias chicas parecen condenadas a bailar infinitamente en el infierno y Mary Lou consigue romper los grilletes que la mantenían encadenada. Por otro lado, pese a que la mayoría de efectos son cutres de narices, hay un momento que lanzan un balón de fútbol americano que en el aire se transforma en una especie de taladro de una forma muy bien hecha. Efecto que, por otro lado, recuerda mucho al de las esfera voladoras de Phantasma. También está muy logrado el acto final. Un cuarto de hora que transcurre en el infierno que, básicamente, es el mismo instituto donde ha acontecido toda la historia pero totalmente lúgubre y destartalado con muchos alumnos zombificados. En espíritu, este último acto recuerda mucho a Autopista al infierno, ambas del mismo año. Último acto que, de forma inexplicable, acaba dejando de lado al chaval y le da todo el protagonismo a su novia convertida en una especie de Robert Ginty, lanzallamas incluido.
El director de esta marcianada es Ron Oliver, que había sido el guionista de la anterior película y aquí repetiría. En el cast destacar a Jeremy Ratchford, el gordito de la serie Caso abierto.



Noche de graduación IV. Líbranos del mal, Prom Night IV: Deliver Us from EvilNoche de graduación IV. Líbranos del mal (Prom Night IV: Deliver Us from Evil, 1992). En 1957 un cura se dedica a matar a los alumnos de un colegio religioso mientras tienen relaciones sexuales. Al tipo lo encierran y lo tienen sedado durante 35 años. Cuando dejan de darle su droga, escapa y se dedica otra vez a dar matarile a los chavales que tienen la libido por las nubes.
Cruzamos los límites de la serie B para adentrarnos en los confines del telefilm noventero en la peor de sus acepciones. Aquí ni siquiera nos llegó en VHS, no sería hasta 1994 que Antena 3 la emitió en algún horario poco frecuentado bajo el título de El baile de fin de curso. Aunque también se emitiría como La maledicció de Hamilton High. Deslliureu-nos del mal en el antiguo CityTv. La película es una auténtica basura de aquellas sin pies ni cabeza. Pese a que han pasado más de 30 años, el cura de los años 50 es el mismo actor en 1992, sin que ni siquiera se hayan molestado en ponerle algo de maquillaje o un triste tinte para simular canas. Por no hablar de diálogos de besugo (la protagonista está obsesionada con que está gorda y está un buen rato paseándose en lencería con una braga-faja que no la llevaría ni mi abuela), pocos medios y menos ganas de hacer nada. Dejando totalmente de lado el slasher o el terror fantástico para quedarnos en un psychokiller de estar por casa.
Por ahí corre Nicole de Noer, que sería la prota de Cube de Natali, y J.H. Wyman, que si bien como actor no tuvo demasiada repercusión, como guionistas y productor ha estado detrás de The Mexican (la peli con Brad Pitt y Julia Roberts) o la serie Fringe. Pero más divertido me parece que su guionista, Richard Beattie, haya acabado siendo el habitual escritor de las ponzoñadas que actualmente protagoniza Steven Seagal.

una noche para morir, prom night
Una noche para morir (Prom night, 2008). Después de unos primeros 90, donde el slaher estaba totalmente de capa caída, llegó Wes Craven y edulcoró el subgénero para las grandes masas con Scream. Su mega éxito generó un renacimiento con nuevas sagas como Leyenda urbana o Sé lo que hicisteis el último verano, además de reactivar sagas como la de Halloween (Halloween H20) o Viernes 13 (Jason X). Y ya en el nuevo milenio se fueron directamente a remakear clásicos como Un San Valentín de muerte, Negra Navidad (Navidades negras) y Prom night. Y para seguir en la línea de la saga, en este remake poco o nada tiene que ver con el original salvo que suceda durante un baile de fin de curso.
Un profesor que está obsesionado con una de sus alumnas y se cepilla a la familia de ella para luego ser detenido y encerrado. Tres años después se fuga y va a por la chavala en la noche del baile del instituto.
Lo más llamativo es que ni tenemos asesino enmascarado ni podemos jugar al "¿quién es el asesino?" ya que sabemos su identidad desde el minuto uno, con lo que ya no estamos ante un slasher, si no que es una de psychokiller al uso. Todo con los clichés más manidos de los telefilms de sobremesa dominicales, policías que ven al asesino en sus narices y ni se enteran, adolescentes de sonrisa Profiden que toman las decisiones más absurdas, asesinatos muy limpios (muchos fuera de plano)... Es un no acabar. La película, pese a tener una taquilla más que estimable (casi 60 millones en suelo norteamericano) recibió críticas demoledoras. Yo mismo pensaba que no sería tan mala, pero la verdad es que lo es. Si por lo menos se la hubieran tomado a choteo y haberle dado cierto toque paródico se podría haber salvado, pero su problema es que su televisivo director, Nelson McCormick (que luego se haría cargo de otro remake como El padrastro) se la toma muy en serio, y no hay nada peor que eso. Bueno sí, y que ni hay gore, ni desnudos, ni originalidad.

domingo, octubre 28, 2018

Festival de trailers (LXXIX)



Abierto hasta el amanecer (From Dusk Till Dawn, 1996) de Robert Rodriguez. Con George Clooney, Harvey Keitel, Juliette Lewis, Quentin Tarantino, Salma Hayek, Fred Williamson, Cheech Marin, Danny Trejo, Tom Savini, Michael Parks y John Saxon.



13 fantasmas (Thirteen Ghosts,
2001) de Steve Beck. Con Tony Shalhoub, Embeth Davidtz, Matthew Lillard, Shannon Elizabeth, Rah Digga y F. Murray Abraham.



Los chicos del maíz IV. La reunión (Children of the Corn IV: The Gathering,
1996) de Greg Spence. Con Naomi Watts, Jamie Renée Smith, Karen Black, Mark Salling y Brent Jennings.



Phantoms (Phantoms,
1998) de Joe Chappelle. Con Peter O'Toole, Ben Affleck, Rose McGowan, Joanna Going, Liev Schreiber, Nicky Katt y Clifton Powell.



El hombre sin sombra (Hollow Man,
2000) de Paul Verhoeven. Con Kevin Bacon, Elisabeth Shue, Josh Brolin, Kim Dickens, Greg Grunberg, Joey Slotnick y Mary Randle.

viernes, octubre 26, 2018

Candyman. El dominio de la mente (y secuelas)

Candyman. El dominio de la mente, Bernard Rose

No sé si sería en el carnaval del 93 o 94 que oí por primera vez de Candyman. Un chaval se había hecho su disfraz en plan casero. Llevaba una capa que había nacido de un saco de basura, un emplaste en la cara (de aquellos que en la etiqueta parecía un maquillaje de Hollywood y luego el resultado real era una guarrada) que simulaba una cicatriz, un parche de plástico en el garfio y un garfio comprado en un Todo a 100. Una cutrada como un templo, vamos.
El tipo iba diciendo que era Candyman, personaje de una película de terror que había visto pero que el resto nos quedábamos igual. A lo que, si le sumamos nuestra traducción de "hombre caramelo", el chaval fue un poco el hazmerreir de la tarde.
Luego, con el tiempo, descubrí, seguramente en las estanterías del videoclub, que aquello venía de una película. Pero aun y así aquello no llamó demasiado mi atención, seguramente porque me atufaba a los últimos coletazos del slasher. Recordemos que ya nos acercábamos a mitad de los 90s y el subgénero estaba en claro declive. Al menos hasta que llegase Wes Craven y le diera un lavado de cara para dejarlo en algo totalmente light. Pero eso ya es otra historia.


Candyman. El dominio de la mente, Bernard Rose

Pasarían muchos años hasta que le diese una oportunidad y me dejase gratamente sorprendido. Candyman poco tenía de slasher o de producto parido para el gran público. Aquello entraba directamente en el terror romántico, con toques oníricos y sobretodo melancólica. Todo ello acrecentado por la brutal banda sonora de Philip Glass. Era al género de terror lo que El Cuervo al cine de superhéroes. Gótico moderno que decía su director.

La historia se mueve entre aquellas leyendas urbanas de que si decía X veces un nombre delante del espejo, se aparecía algún personaje maléfico y te dejaba muñeco. En mi época era algo así como repetir tres veces el nombre de Verónica delante de un espejo con una tijeras abiertas (sic) y tal. Chorradas de críos, vamos. Pero aquí viene con un personaje como Candyman, tipo de contundente aspecto, un garfio en la mano y que te rajaba cuando repetías su nombre 5 veces ante un espejo. Por ahí corre la guapa de Virginia Madsen que está realizando una tesis sobre las leyendas urbanas y comienza a interesarse por la historia de Candyman. Cosa que le hará obsesionarse y adentrarse en un mundo repleto de asesinatos y siendo considerada loca por los que la rodean.


Candyman. El dominio de la mente, Bernard Rose

Seguramente lo que más llamaría la atención en la época fuese su condición de adaptación de un relato de Clive Barker, que por la época ya era de sobras conocido por sus novelas y en el mundo del cine (ya se habían estrenado 3 entregas de Hellraiser y Razas de noche) y es que aquí se dejaba de lado el gore y las monstruosidades físicas. Candyman impone más por presencia que otra cosa, más allá del garfio y el enjambre de abejas. Aunque me resulta simpático recuperar una entrevista de la época a Tony Todd donde comentaba que él quería que el personaje también luciera un parche en el ojo, lo que hace volarme la cabeza a como el compañero de colegio sí rescató eso para su disfraz por simple casualidad.

Está claro que la culpa que la película llegara a buen puerto fue culpa de Bernard Rose, su director. Tipo que venía del videoclip (suyo es el Relax de Frankie goes to Hollywood) y dar el salto al cine y que a sus espaldas ya llevaba la espléndida Paper house (con la que Candyman guarda ciertos paralelismos). Rose acababa de estrenar El gángster y la corista, que agradó lo suficiente a Barker para que le dejara hacer un guión de su relato Lo prohibido (The forbidden). El director escribió un borrador (básicamente era la primera vez que escribió un guión) y se lo pasó a un productor de Propaganda Films al que le gustó lo suficiente como para activar el proyecto. Aunque al tratarse de una producción tirando a modesta (8 millones de dólares), costó un tiempoque se iniciara el rodaje, lo que unido al precario momento económico de Rose le obligó hacer trabajos alimenticios como guionizar segmentos del canal Playboy.

Candyman. El dominio de la mente, Bernard Rose

Una vez empezado el rodaje lo más llamativo es que la historia original transcurria en Inglaterra, pero el director (también inglés) decidió trasladarla a Chicago cuando descubrió una zona llamada Cabrini Green. Lo que en un principio fue un proyecto de viviendas rápidamente fue derivando a suburbios cuando el mal diseño de las construcciones permitían que los ladrones accedieran de un apartamento a otro con suma facilidad. Conviertiendo a la zona la número uno en asesinatos por metro cuadrado.
Ese cambio geográfico también hizo cambiar la raza de Candyman, siendo en el relato un tipo blanco de pelo rubio.
En el momento de su estreno tuvo críticas bastante buenas y para el tipo de producto que es, una taquilla más que aceptable (25 millones sólo en USA). Pero al haber sido parida fuera de un estudio grande o amigo del género, no tuvo una secuela inmediata, para eso tuvimos que esperar 3 añitos. 


Candyman. El dominio de la mente, Bernard RoseCandyman 2 (Candyman: Farewell to the Flesh, 1995). A diferencia de la primera, aquí nos explican el origen del personaje con un flashback donde le vemos como le cortan la mano y lo untan de miel (de ahí lo de Candyman) para acabar devorado por las abejas. Y es que después de lo que vimos en la original, poco se podía hacer con el personaje. Básicamente meterlo en el slasher puro y duro con una sucesión de muertes y arreando o seguir en la línea de terror romántico y ahondar en los orignes del personaje. Y ésto último es lo que hicieron. Eleccion mucho mas acertada a nivel artistico pero mas arriegada a nivel comercial. Lo que hizo que pasara muy de puntillas en el momento de su estreno. También fue muy inteligente trasladar la acción a Nueva Orleans en pleno carnaval. Y a nivel técnico apuntar algún momento con efectos digitales de primerísima hornada que son terribles.
Dirigida ni más ni menos que por un joven Bill Condon que venía de hacer Hermanas, hermanas (aquella con Eric Stolz y Jennifer Jason Leigh) y un puñados de telefilms. Luego vendría el ascenso con Dioses y monstruos, un par de entregas de Crepúsculo y la versión no animada de La bella y la bestia de Disney.


Candyman. El dominio de la mente, Bernard RoseCandyman 3. El día de los muertos (Candyman 3. Day of the dead, 1999). Cuatro años después se pondría punto y final a la saga con la peor entrega con diferencia. Una abominación facturada directamente para el mercado doméstico donde no se salva nada. Básicamente es un cúmulo de repeticiones de lo que ya habíamos visto, con una protagonista (¡¿se supone que es la nieta de Candyman pero con otro apellido?!) prototipo Barbie y operada hasta las cejas que sólo está ahí para enseñar las tetas y demostrar lo pésima actriz que es. Y es que Donna D'Errico, venía de salir un par de temporadas en Los vigilantes de la playa. La película luce los peores vicios del cine de serie B noventero. Con una realización ultraplana de mano de un tal Turi Meyer, que venía de guionizar Leprechaun 2 y luego hizo carrera como productor en series televisivas. El pobre Tony Todd, que apenas sale 20 minutillos, sigue teniendo pesadillas por haber aparecido en ella.



Es curioso que, pese a los intentos de resucitar los monstruos de los 80/90s (Freddy, Chucky, Jason, Myers...), Candyman ha quedado bastante oculta. Mucho tendrá que ver que nunca ha tenido la popularidad de sus compinches del mal, que ninguna de las entregas haya sido un auténtico bombazo en taquilla. Poderoso caballero es don dinero.