jueves, septiembre 11, 2014

La tabla de Flandes

La tabla de Flandes, Arturo Pérez-Reverte, Kate Beckinsale, John Wood, Jim McBride

En casa siempre se visionan con orgullo y satisfacción las películas que transcurren en nuestra ciudad. La cripta, 11-11-11, Faust... en general la cosa acaba quedando algo churra, pero eso es buena señal y que ha hecho mella "nuestro sello" de chapucillas. Porque, al final, lo que nos gusta es ver la city, y si es en ese pasado imperfecto que nos sirve para aflorar viejas añoranzas, mejor que mejor.


La tabla de Flandes no sólo tiene el gracejo de estar rodado en la ciudad Condal, si no que, además, tiene un punto de partida atractivo: un cuadro flamenco del siglo XV donde se juega una partida de ajedrez, cae en manos de una restauradora que descubre que por debajo de alguna mano de pintura el lienzo oculta el mensaje secreto "¿Quién mató al caballero?". Con ello comenzará a indagar quienes eran los personajes del cuadro y porqué el autor escondió el texto, a la vez que en la vida real comienzan a asesinar gente muy cercana a la restauradora.

La tabla de Flandes, Arturo Pérez-Reverte, Kate Beckinsale, John Wood, Jim McBride

Hasta ahí muy bien, ¿verdad? Pues campana y se acabó, porque los 100 minutos que se toma el director para trasladar la obra de Pérez-Reverte al celuloide se tornan, cuanto menos, insoportables.
Decía el autor que ya sabe de antemano que cada vez que vende los derechos de su obra para una adaptación el resultado será una mierda. Y razón no le faltaba cuando tildó al film aquí comentado como "infame y abyecto". Y como el karma es sabio, la cosa acabó con un estrepitoso fracaso en la taquilla hispánica.

La tabla de Flandes, Arturo Pérez-Reverte, Kate Beckinsale, John Wood, Jim McBride

Lo que podía y tenía que ser un film de misterio acabó siendo una patraña con una espantosa banda sonora (obra de Philippe Sarde, habitual en el cine de Polanski) que le quita la poca intriga con la que la rodó Jim McBride, tipo del que apenas se le podía destacar el biopic de Jerry Lee Lewis, Gran bola de fuego. De él, después de La tabla de Flandes, poco más se supo salvo por otro biopic como el telefilmesco Meat Loaf (La historia y el drama).
Rodado con aquella pátina que tenían las películas europeas de la época, que parecía que el color estuviera gastado, y el clásico error de querer que todo pase en los sitios más emblemáticos de la ciudad. Que si la protagonista vive delante del Mercat de Sant Antoni, su mentor en la casa Batlló, el gitano (que es rubio, con ojos azules y parece más bien un surfista californiano) pasa la vida jugando al ajedrez en el Parc Güell, el clímax final en el castillo de Canet de Mar...
La tabla de Flandes, Arturo Pérez-Reverte, Kate Beckinsale, John Wood, Jim McBride

Si alguien no conoce Barcelona y solamente toma esta película como referencia se pensará que esto está habitado por yonkis pinchándose en cualquier portal, fulanas, donde la gente se mete unos magreos entre cualquier ladrillo diseñado por Gaudí que rozan la pornografía urbana, y niños de aspecto africano dispuestos a camelarte con tal de afanarte la cartera.
Ya le podía haber dado un toque el director de segunda unidad, el mismísimo Pedro Lazaga, todo un especialista en estas funciones en todo rodaje de fuera que pasase por aquí (Indiana Jones y la última cruzada, El reino de los cielos, El espinazo del diablo...). No confundir con Pedro Lazaga padre, que tantos puntos de share le ha dado a Cine de barrio.


La tabla de Flandes, Arturo Pérez-Reverte, Kate Beckinsale, John Wood, Jim McBride

Producida por la Ciby 2000, que le había financiado a Lynch Twin Peaks, fuego camina conmigo y Carretera perdida, y protagonizada por un reparto muy british: John Wood, Helen McCrory (la Narcissa Malfoy de Harry Potter), Art Malik (el colega con pinta de paki del Chuache en Mentiras arriesgadas), Peter Wingfield (visto en X-men 2) y una pequeña aparición de Michael Gough casi recien rescatado del ostracismo por Tim Burton para encarnar al Alfred de sus Batman.

Aunque la prota absoluta es Kate Beckinsale, cuando apenas le habíamos visto en Mucho ruido y pocas nueces y todavía le faltaba una década para protagonizar su franquicia Underworld, que aquí enseña ubres y sobacos peludos.
Lo dicho, mucho ruido y pocas nueces.