martes, julio 01, 2014

El diablo se lleva los muertos

el diablo se lleva los muertos, Lisa e il diavolo, Mario Bava, Telly Savalas, Elke Sommer

La que fuese una de las últimas películas dirigidas por Mario Bava pasó de ser uno de sus proyectos más personales a uno de sus mayores calvarios.
En 1972 Bava estrenaba Baron Blood. Su éxito en Italia hizo ganar pingües beneficios a su productor, Alfredo Leone, y tan contento quedó que le dio carta blanca al director para que hiciera lo que quisiera en su siguiente proyecto. El diablo se lleva a los muertos (Lisa e il diavolo, 1973) terminaría por ser un desahogo para el director, dando rienda suelta a su imaginación, sin importarle demasiado en darle al espectador un producto de fácil digestión.

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Una chica, que hace una visita turística por Toledo, se separa de su grupo y acaba en una tienda de antigüedades en la que se topa con un hombre que es igual que el diablo que hay pintado en un fresco que acaba de ver. Asustada, decide volver con el grupo, pero para su sorpresa no encuentra a nadie. Parece como si el pueblo estuviera deshabitado. Deambulando sin rumbo por la callejuelas toledanas se topa con un matrimonio y su chófer, que se ofrecen a llevarla. El coche acaba sufriendo una avería justamente delante de una mansión habitada por una señora, su hijo y el mayordomo, que resulta ser el hombre de la tienda con gran parecido al dibujo del diablo.

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Lo que en un principio se iba a titular La casa del diavolo mutó a Lisa e il diavolo cuando el propio Bava retocó el guión (y el título) a su gusto, fue una incursión del director con muchos de los (pocos) actores que aparecen en el film: Sylvia Koscina, habitual en péplums junto a Steve Reeves; Alessio Orano, que luego tuvo una carrera más bien escueta y se convertiría en el marido de Ornella Muti; Eduardo Fajardo, muy habitual en la época en las co-producciones; Espartaco Santoni, cuando todavía no había sucumbido a los encantos de la Marbella Set; y Alida Valli, asidua dentro del género y de la que le recordaremos de Suspiria o Los ojos sin rostro.
También estaba Telly Savalas, justo cuando terminaba su periplo europeo (básicamente italiano), lo que de rebote le acabó llevando a rodar Pánico en el Transiberiano de Eugenio Martín. Y como dato curioso, es en este El diablo se lleva a los muertos donde su personaje está constantemente con un chupa chups en la mano, adelantándose un par de años a la creación del teniente Kojack. En el film de Bava usa el caramelo para disimular el olor a tabaco al que le da caladas a la que su jefa no está presente. ¿Era una simple excusa de guión para justificar el capricho golosinero del actor o realmente el detalle estuvo siempre en el guión y fue el inicio de su vicio por los caramelos con palo para luego trasladarlo a su personaje icónico?

A esa lista hay que añadir a la alemana Elke Sommer que para eso estábamos en una co-producción a tres bandas entre Italia, Alemania y España, vista en Las Vegas 500 millones, y acababa de hacer con Bava Baron Blood.

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Bava hizo un film de aspecto gótico, con una fotografía recargada de flou, precisamente cuando ese tipo de películas estaba en declive. Recordemos que, a principios de los 70,  la Hammer estaba en declive, en Italia hay una explosión del giallo y en los USA empieza a coger fuerza el terror paranormal con casa encantadas repletas de espíritus y poco después La matanza de Texas empezaría a allanar el camino al gore más explicito (aunque en el film de Hooper no se viera casi nada). El terror comenzaba a dar beneficios muy altos, lo que hizo que el género pasara de serie B a A en muchos casos.

Todos estos ingredientes fueron claves para que las distribuidoras quedaran descontentas con Lisa e il diavolo (su título original), lo que hizo que el productor Alfredo Leone propusiera a Bava rodar nuevas escenas "inspiradas" en El exorcista, que acababa de ser un éxito mundial, y hacer un nuevo montaje, a lo que el director de Diabolik se negó. Finalmente el productor cogió al hijo de Bava, Lamberto, que había sido director de la segunda unidad, y volvió a contratar a Elke Sommer para rodar él mismo los nuevos insertos.

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La película empieza igual que la versión Bava, con la protagonista adentrándose por las callejuelas de Toledo, donde le da un ataque y cae al suelo. Entre la muchedumbre que va en su ayuda aparece un cura, lo que hace que la tipa se retuerza más. A partir de ahí se la llevan al hospital y nos meten insertos del film original con Elke Sommer perdiéndose en Toledo y encontrando un coche que le lleva a la mansión, etc, haciéndonos tragar la idea que todo ello es producto de la mente de la poseída y, a ratos, nos van metiendo el nuevo metraje que transcurre en el hospital, donde el doctor de turno y el cura tienen eternos debates sobre el alma humana y Sommer tiene ataques donde babea mucho y chilla más, además de la inevitable escena de vomitada.
También se incluyen algunos insertos de Leandro, el personaje de Savalas, pero al que siempre vemos de espaldas. Evidentemente, cogieron a un calvete y lo colocaron ahí para que hiciera del personaje, ya que no podrían contar nuevamente con la presencia de Kojack.

Esta nueva versión acabó siendo firmada por el ficticio Mickey Lion, y fue re-titulada The house of exorcism, lo que junto a las nuevas escenas hizo que estuviéramos ante un exploit puro y duro de El exorcista. Todo esto no sirvió para nada, ya que el film, estrenado dos años después, en 1975, acabó siendo un descalabro en las taquillas.
Curiosamente la versión original de Bava se salvó de la quema y sí pudo verse porque acabó estrenándose únicamente en un país. ¿Lo adivinas? Exacto, en las españas setenteras.


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En definitiva, una película con dos versiones que, posiblemente, no dejen satisfechos a nadie. Ni la original de Bava ayuda a que sea degustada por el gran público, aunque al que le agrade lo abstracto (ojito con los paralelismos con Muholland Drive) y los finales al estilo La dimensión desconocida, le sacaran partido.

Y, la otra, la versión del productor, que no pasa de ser un exploit puro y duro con un par de escenas de folleteo totalmente gratuitas, donde se carga el barroquismo de Bava y los títulos de crédito originales, un precedente a los de aquella serie guionizada por Roal Dahl, Tales Of The Unexpecte, emitida en TV3 como Històries imprevistes
Pero si me tengo que quedar con una, la Bava sin pensármelo.

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