viernes, junio 27, 2014

Flash, el relámpago humano

The Flash, Flash el relámpago humano, DC, John Wesley Shipp

El exitazo que supuso el Batman de Tim Burton no sólo inundó el planeta con los objetos más variopintos que lucían el logo del murciélago, si no que animó a las productoras a lanzar versiones de carne y hueso de los personajes que pululaban las páginas de los cómics desde tiempos inmemorables. Pero rápidamente se dieron cuenta que la cosa no era tan sencilla. Si unos años antes las vetustas series televisivas de Spiderman o Hulk demostraban que las buenas intenciones no eran suficientes para hacer algo que no fuera jocoso, en el ahora de 1990 no iba a ser diferente. Batman había demostrado que sí se podía hacer un producto digno, siempre y cuando se inyectase el capital suficiente y se contase con la colaboración de un buen equipo de profesionales. El Capitán América de Albert Pyun era la prueba fehaciente de ello. No cash, no future.


The Flash, Flash el relámpago humano, DC, John Wesley Shipp


Paul de Meo y Danny Bilson eran un par de guionistas que, antes de hacerse cargo de escribir Rocketeer, estaban en nómina de la Empire de Charles Band, escribiendo y/o dirigiendo cosas entrañables como Zone Troopers, Trancers o Arena, ring de las galaxias, que, a principios de los 90, presentaron en el canal de televisión CBS el proyecto de Unlimited Powers, una serie donde se daba una nueva vuelta de tuerca a la humanización de los superhéroes (recuerda El retorno del Capitán Invencible) donde todos ellos tienen que desprenderse de sus poderes en bien de la paz mundial. Flash decide no pasar por el aro y se mantiene congelado durante 20 años. Después de volver a la vida se da cuenta que los villanos se han convertido en ejecutivos de mega corporaciones. Además de Barry Allen estaba por ahí Flecha verde, su hija, Block y Dr. Occult.

El proyecto acabó descartado por lo elevado de su presupuesto de haberse hecho (aunque este canal recuperó la idea en 1997 cuando rodó el piloto de Justice League of America -La liga de la justicia- que ni se llegó a emitir de lo malo que era), pero Jeff Sagansky, uno de los directivos de la CBS, comenzó a interesarse en el personaje Flash y encargó a los guionistas el desarrollo de una serie con el personaje.

The Flash, Flash el relámpago humano, DC, John Wesley Shipp 

Para interpretar al superhéroe la primera opción de los creadores era Richard Burgi, el que luego sería el protagonista de Sentinel (serie también creada por De Meo/Bilson), pero el canal de televisión impuso a John Wesley Ship, que en la televisión norteamericana era muy popular por protagonizar culebrones estilo Santa Barbara y que en cine solamente había hecho de padre de Bastian en la secuela de La historia interminable, no estaba para nada convencido de protagonizarla cuando le ofrecieron el papel. La idea de una serie de un tipo en mayas rojas corriendo como un poseso no era demasiado tentadora, y más cuando los precedentes de las series de Nicholas Hammond y Bill Bixby estaban tan presentes.
Pero cuando le prometieron que la serie estaría tratada de forma adulta, que Howard Chaykin estaría asesorando y que la inyección económica iba a ser la mayor de la historia para una serie, cambió de opinión.

Hay que decir que los creadores se sacaron la espinita porque usaron a Burgi para encarnar a Deadly Nightshade en un episodio. Curiosamente, cuando hicieron Sentinel el primer actor seleccionado para protagonizarla era Wesley Ship, pero el canal de televisión lo descartó.

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Además estaba Amanda Pays (de la serie Max Headrom) como la chica de la serie; Tim Thomerson (el Brick Bardo de Dollman de la Full Moon);  Emmet Walsh (el antiguo jefe de Harrison Ford en Blade Runner); Sven-Ole Thorsen (el segurata de Perseguido); Mark Hamill; Jonathan Brandis (el Bastian de La historia interminable II); Ken Foree (el negro del Zombi de Romero); Bryan Cranston (ahora conocido por Breaking Bad); Jeffrey Coms (el Dr. West de Re-animator), Dick Miller (habitual de la factoría Corman y las pelis de Joe Dante) y Marc Dacascos entre muchos otros.
The Flash, Flash el relámpago humano, DC, John Wesley Shipp
Bob Short y Flash

Una de las cosas que siempre llaman la atención en este tipo de productos es el traje del héroe. En este caso fue creado por Bob Short, que había ganado el Oscar por el maquillaje de Bitelchús, basado en el diseño de Dave Stevens, el creador de Rocketeer, y cada uno costaba 25 mil dólares y llevaba un sistema de refrigeración interno ya que al poco de llevarlo Wesley Shipp comenzaba a sudar, con lo que el látex acaba rompiéndose. Además lo hicieron de un tono marrón oscuro y evitaron filmarlo con demasiada luz ya que, según los propios guionistas, "quedaba algo ridículo".
Y ahí es donde comienzan los muchos paralelismos con el Batman burtoniano, cosa que tanto se le criticó en la época. Darle todo ese toque oscuro, tanto al traje como la estética (la mezcla atemporal de retro y actual), la famosa imagen del piloto del rayo atravesando la luna y que el tema de la serie era de Danny Elfman (el resto del score era de Shirley Walker, colaboradora habitual del compositor) eran claros síntomas que el film del hombre murciélago había calado hondo. Y precisamente ese tono oscuro no era el que mejor le iba a Flash (aunque siempre es de ayuda para esconder fallos y no parecer demasiado infantil) y mucho menos ese traje ultramusculado (aunque, después del piloto, lo retocaron y lo hicieron menos inflado), que no sería el más adecuado para alguien que, simplemente, se dedica a correr.

The Flash, Flash el relámpago humano, DC, John Wesley ShippEn nuestra tierra nos llegó primero el piloto en vídeo, que debió funcionar bastante bien porque, más tarde, nos obsequiaron con una segunda cinta, La venganza de Trickster, el último episodio de la serie en la que el villano era encarnado por Mark "Skywalker" Hamill.
Luego ya la emitió TVE, pero de forma algo tardía, ya que esto no fue hasta 1993 (eran otros tiempos y todo nos llegaba tarde y mal). Incluso, para promocionar la serie, llegaron a traer a John Wesley Shipp al programa ¿Qué apostamos?

Finalmente la serie acabó siendo un relativo fracaso. Cada episodio costaba entorno al millón y medio de dólares (el piloto salió por 6) y esperaban sacar dinero de un merchandising que nunca funcionó (salieron un par de juegos para Game Boy y Master System) y la audiencia no acompañaba. Hay que entender que después del segundo episodio estuvo unas semanas sin emitirse por culpa de los partidos de béisbol, luego, cuando volvió, tenía que competir contra Los Simpson y La hora de Bill Cosby. La cambiaron de horario, pero el vaivén de emisión acabó por desquiciar a una audiencia que nunca sabía cuando la ponían. Tampoco ayudaba que a la serie le faltaran villanos a la altura (salvo Trickster, que llegó demasiado tarde y acabó quedando a algo más parecido al Batman de Adam West que al de los 90). Curiosamente los creadores dijeron que de haber llegado a una tercera temporada hubieran contactado con Rick Backer para que crease a Gorilla Grood.

El tándem Bilson/Di Meo siguieron en la televisión, adaptando el cómic de la DC The human target, que aquí se emitió en La 2 bajo el título de En el punto de mira. Aquí volvieron a darse un batacazo con otra serie que no pasaba de los 7 episodios. Dos décadas después se volvió hacer una adaptación televisiva del cómic, aquí llamada Escudo humano, y que duró dos temporadas.

2 comentarios:

Antonio dijo...

Uff, qué recuerdos. Vi esta serie cuando la emitían en televisión a principios de los noventa (para mi sorpresa leo que en el 93). Por aquel entonces yo era un adolescente y, en parte debido a mi ingenuidad, y en parte a los efectismos de la época, la serie me gustó bastante. No obstante, es justo decir que el personaje de Tina Mcgee, interpretado por Amanda Pays, me tenía especialmente cautivado.

Su juventud y atractivo pegaron fuerte en aquel chaval que era yo, por lo que los toques de romance con los que sazonaron la serie me gustaron bastante. Flash, por su parte, aun siéndome desconocido (no sé nada de comics), me pareció un personaje lo suficientemente interesante como para verme todos los episodios. El ambiente que combinaba lo contemporáneo con lo retro, amén de la música del citado Elfman, recuerdan mucho al Batman (1989) de Tim Burton. Por otro lado, la fotografía a base de neones, fluorescentes y colores chillones me traen a la mente al Dick Tracy de Warren Beatty. No obstante, nada de eso caló en mí, ni hice esas asociaciones de ideas, hasta muchos años después.

Ha pasado casi un cuarto de siglo desde aquello y, claro, las cosas han cambiado. Ni ya soy aquel adolescente, ni me gasto la ingenuidad de otrora, ni Amanda Pays es la joven tan atractiva a mis ojos que fue. De hecho, hace poco vi una foto reciente de ella y... bueno, para qué seguir. La edad no nos perdona.

Asimismo, también volví a ver el piloto, y me dejó un sabor agridulce. Por un lado supuso volver a recordar sentimientos y emociones de una época que dejé atrás hace mucho. Pero por otro no pude evitar alguna sonrisa de compromiso al escuchar algunos diálogos acartonados, presenciar algunas interpretaciones bastante artificiales y sentir algo de vergüenza ajena ante la bobaliconería de algunos personajes.

Los efectismos, además, aunque muy logrados para la época, son pobres si se comete el crimen de compararlos con lo que se logra hoy día a golpe de ordenador. No obstante, siguen funcionando bastante bien, quizás porque no se cometió el error de abusar del "chroma key" a diestro y siniestro, no lo bastante desarrollado entonces para soportar el paso del tiempo.

A día de hoy comprendo si alguien joven la considera una serie cutre. Tiene su lógica porque todos juzgamos en base a nuestra experiencia. Pero si se tiene en cuenta la época en que se rodó, la serie no estaba nada mal. En mi caso, claro está, me puede el sentimentalismo, por lo que cualquier atisbo de objetividad en mi opinión hace veinticinco años que fuese barrido.

Un saludo.

J. Jara dijo...

Yo no creo que la serie hoy se vea cutre, cosa que sí nos parecía el Batman de Adam West hace 20 años o en la actualidad. A Flash le ha quedado cierta estética de serie B, muy del Darkman de Raimi, que hasta le da cierta pátina entrañable. Otra cosa que sí le ha perjudicado es que los guiones han quedado algo ingenuos e infantiles. No hay que olvidar que hoy las series tienen presupuestos y recursos que, en algunos casos, no tienen nada que envidiar a las películas. En cambio, en los 90, todavía había una gran diferencia entre el cine y la tv.

Un saludo