martes, mayo 06, 2014

Joysticks

Joy sticks 1983, Greydon Clark, Pac-man

A principios de los 80 había dos formas de hacer pasta en el mundo del celuloide sin gastarse demasiado: facturando un slasher o una teen movie. Alguien tuvo la ocurrencia de juntar los dos géneros con Wacko (aunque sí, antes estuvo 13 asesinatos y medio) y las cosa no quedó demasiado bien. Pero tampoco le culparemos porque los otros inventos que mezclaron estos subgéneros (Sábado 14, Pandemoniun desmadre en las aulas, Class reunion de la National Lampoon...) nunca salieron bien parados.

Joy sticks 1983, Greydon Clark, Pac-man

La cuestión es que detrás de Wacko estaba el productor-director-guionista-actor Greydon Clark, experto en excretar cagarros de tomo y lomo como Satan's cheerleaders, El regreso de los extraterrestres y cualquier exploitation del momento que pudiera generar cuatro chavos. El culmen de esta táctica de rémora llegó a principios de los 90 cuando dirigió Lambada, el baile prohibido para la 21 Century, que compitió de tú a tú con Lambada, fuego en el cuerpo, producida por Yoram Globus y su Cannon, Sí, un Golan vs Globus después de partir peras en el ocaso de la Cannon. Una de esas guerras en las que, como decía Bart Simpson, no hay vencedores, sólo vencidos.

Clark, que no perdía ocasión para facturar cualquier cosa que oliera a dinero, se percató del éxito masivo que estaban teniendo los salones recreativos entre la chavalada, con lo que hizo un simple 1 + 1 = 2, y se puso manos a la obra para facturar un film que pasara en un salón recreativo repleto de adolescentes.

Joy sticks 1983, Greydon Clark, Pac-man

Un chaval regenta una sala de arcades (llamada en el film como "la arcada" ¡¡!!) que montó su abuelo. Allí se reunen toda una fauna de jóvenes sedientos de darle a los mandos del come-cocos de turno y de ponerse morados con los pechotes de las féminas. Un buen día aparece por el lugar el padre de una de estas chicas y se horroriza ante lo que allí ve, así que, aprovechando su condición de hombre acaudalado emprende una cruzada para cerrarles el chiringuito.

Joysticks es un film muy muy sórdido, como todos los films de escaso presupuesto de la época. Todo él es oscuro (hay muchas escenas nocturnas y otras que pasan en el salón recreativo), con muchas tías que van de guapas (y no lo son ni por asomo) y enseñan sus tetas gelatinosas de cabra.
En el aspecto divertimento nos encontramos con una falta de gracia tremenda. Chistes de parbulario, personajes horripilantes a los que se les resbalan las salchichas y acaban en el canalillo de las mozas del lugar. Simplemente repugnante.

Joy sticks 1983, Greydon Clark, Pac-man

Solo tiene un detallito que puede ser simpático, que es una transición entre escenas en la que aparece un Pac-man comiéndose la pantalla. Y ya. Como mucho, y apurando al máximo, el único interés puede ser de carácter arqueológico para los amigos del arcade, ya que en el film pueden encontrarse máquinas de la época como Super Pac-Man o Satan's Hollow (se nota que Midway estuvo ahí detrás) o varías pantallas en los títulos de crédito.

Apuntar solamente un par de nombres en el cast: Joe Don Baker (habitual en la filmo de Greydon Clark), cara conocida que nos sonará de El cabo del miedo y de algunos films de James Bond; y Jon Gries, el hombre lobo de Una pandilla alucinante o el tío Rico de Napoleon Dynamite.

Joy sticks 1983, Greydon Clark, Pac-man

El film acabó por ser uno de esos pequeños éxitos que, de vez en cuando, se sacaban de la manga esta gente tan alejada de los grandes estudios. Sus escasos 300 mil dólares que se gastaron en rodarla se convirtieron en 4 millones muy jugosos.
Demasiados millones para este engendro que parece salido de las peores pesadillas del programador del E.T. de Atari. Yo no le insertaría un coin y esperaría que me saliera un Game Over.