martes, mayo 20, 2014

Bigfoot y los Henderson

Bigfoot y los Henderson, Spielberg, bigfoot, John Lightow

Claro ejemplo de lo que era la factoría Spielberg en los 80. El amigo Steven eran sinónimo de espectáculo, emoción y, of course, buenos sentimientos. Pero algó pasó porque en Bigfoot y los Henderson el tito Esteban no dejó que su nombre apareciera. Ni en los créditos ni en el cartel. Algo debió pasar.

Y la cosa se nota, porque si bien es cierto que tenemos los ingredientes de las producciones Amblin, hay algo que hace que no sea del todo redonda. La falta mucha emoción, momentos lagrimógenos y le sobra rutina e incluso desgana.
Y no es que estemos ante una mala película. Cierto que no es un prodigio del entretenimiento, pero, al menos, la cosa nos funciona para una sobremesa de domingo tonta. Pero le falta un pellizco del polvo de hadas con el que solía condimentar Amblin/Spielberg sus producciones.

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Con todos los tics de la factoría Spielberg tenemos al matrimonio Henderson con su hija e hijo que viven en la clásica casita de suburbio norteamericano y que los fines de semana lo pasan de acampada en el bosque. En uno de estas escapadas atropellan a un pies grandes, y ya que en un principio parece que está muerto, se lo llevan a casa para venderlo en Ebay y especular con él. Eso o algo parecido. Y, efectivamente, el bicho no estaba muerto, con lo que tenemos las inevitables secuencias de susto de la familia y como la bestia se adapta a las costumbres humanas. Estamos en una producción familiar y por eso hay que añadirle el toque de la figura de un malo maloso que sabe de la existencia del bicho y hará lo que sea con tal de dar con él.

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Con un cast capitaneado por John Lightow, cuando todavía era un recurrente en la filmografía de De Palma; Melinda Dillon, vista en Encuentros en la tercera fase y que era la mamá de Steve Rogers, alias el capitán América, en la versión noventera de Pyun; Emmet Walsh, el antiguo jefe de Harrison Ford en Blade Runner; Don Ameche; David Suchet, el malo de Decisión crítica; y Kevin Peter Hall, que estaba bajo el traje de Depredador.

Y dirigida por William Dear, que un par de años antes ya había estado bajo el amparo de Spielberg cuando dirigió un capítulo de Cuentos asombrosos, aquel del actor que hace de momia que acaba de ser padre, y que formó parte del tríptico presentación que aquí se estrenó en cines junto al del profesor que le cortan la cabeza de Zemeckis y el del avión de guerra que no le funciona el tren de aterrizaje del propio Spielberg.
Luego dirigió Agente juvenil y pasó al olvideo de los telefilms. Aunque hemos de destacar que estuvo metido en la producción de Rocketeer en sus inicios.

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Como decía, muy pocas sorpresas en una película que no es un prodigio de originalidad, con todos esos personajes estereotipados, donde los buenos son muy buenos y los malos muy malos pero que luego se vuelven buenos en una historia que es E.T. El extraterrestre pero con un sasquatch. Pero donde sí destaca es en el maquillaje de Rick Baker, como no podía ser de otra forma, y que muy merecidamente se llevó el Oscar.



Ya en los 90 alguien de Amblin se debió acordar del film y sacaron una serie para televisión de 3 temporadas que aquí ya respetaron el título original, Harry y los Henderon. Evidentemente el reparto era totalmente nuevo salvo Kevin Peter Hall, que volvió a encarnar al bigfoot durante la primera temporada. Después, el pobre murió de SIDA el 10 de abril de 1991, ya que anteriormente había tenido un accidente de coche y le hicieron una transfusión de sangre infectada. Lo explicas y no te creen.
Si la película era una nueva vuelta de tuerca de E.T., la serie era Alf, pero cambiando al alienígena por un bigfoot. Básicamente una sitcom de la que no se puede destacar nada salvo el maquillaje que era igual que el del film.

Si hacen un remake propongo a Ron Perlman como bigfoot. Ahí lo dejo.