martes, junio 19, 2012

La leyenda de la mansión del infierno

La leyenda de la mansión del infierno, Richard Matheson
Hace pocos días nos dejaba Ray Bradbury, escritor con mucho peso en el cine. Ya fuese con buenas adaptaciones (El carnaval de las tinieblas) u otras menos conseguidas (El sonido del trueno). Con la desaparición del autor de Fahrenheit 451 pocos son los autores clásicos que nos quedan.

Uno de ellos es Richard Matheson, otro que ha tenido una más que interesante relación con el mundo del celuloide. Varias son sus colaboraciones en tareas de guión (El diablo sobre ruedas, Drácula versión Jack Palance), otras veces sus obras han sido adaptadas (Más allá de los sueños, Acero puro) y varias de ellas con participación de él mismo (La comedia de los horrores, En algún lugar del tiempo).

Es el caso del film que nos toca hoy: La leyenda de la mansión del infierno. Un clásico de las películas de espíritus y casas encantadas. A nivel personal, junto Al final de la escalera es lo mejor que se ha hecho en el género.

La leyenda de la mansión del infierno, Richard Matheson
Un millonario excentrico contrata los servicios del doctor Barret para que investigue si hay vida después de la muerte. Para eso lo manda a la mansión Belasco, un caserón del que se dice que está encantado y tiempo atrás fue regentado por Emeric Belasco, apodado el gigante rugiente por su gran estatura y su mala uva, que se dedicó a practicar el canibalismo, sadismo, mutilación, necrofilia, vampirismo... en ella.
En su estancia en la mansión, el doctor Barret estará acompañado de su mujer, una médium y un parapsicólogo que 20 años atrás fue el único superviviente de una experiencia parecida en esa misma mansión.

La leyenda de la mansión del infierno, Richard Matheson
Dirigida por John Hough, un artesano de la vieja escuela que tiene una filmografía que atesora varias joyitas: Drácula y las mellizas, La montaña embrujada y secuela, Biggles, Escóndete y tiembla y esa pequeña maravilla de Los ojos del bosque.
Hough demuestra su buen hacer con muchos contrapicados, un alud de primerísimos planos de los rostros desencajados de los protagonistas, y toda una estética malsana que baña el film.

Todos esos aciertos están acompañados por unos actores muy solventes, pero que, a diferencia del icónico Roddy McDowall, son bastante poco conocidos: Pamela Franklin (Suspense), Clive Revill (una mezcla del James Wallestein y Víctor Muñoz) y Gayle Hunnicutt (Scorpio).

La leyenda de la mansión del infierno, Richard Matheson
Aunque no nos podemos olvidar de una cara muy conocida en el reparto. El mismísimo Michael Gough, un clásico de la Hammer y la Amicus, pero más conocido por ser el Alfred de los Batman de Burton, hace una minúscula aparición como el mismísimo Emeric Belasco.
Esta aparición me hizo especial ilusión, ya que muchos años antes de internet (sí, hubo un tiempo en el que había vida sin este invento del demonio) lo descubrí viendo la película y pensando "¿este tío no es...?"

La leyenda de la mansión del infierno, Richard Matheson
La casa infernal, así se titula el libro en su versión castellana, lo leí años atrás y no lo tengo muy fresco, pero si que puedo decir que la versión cinematográfica es muy light en cuanto a temas sexuales se refiere. Hay pasajes del libro que son directamente eróticos.
Y, como es normal, ya que hay que adaptar todo el libro a 90 minutos, en el film está todo muy condensado, dejándonos pinceladas de como la mujer del doctor Barret va siendo atraída a los dominios de Belasco por las noches, o que directamente desaparecen del argumento, como un momento terriblemente tenso en una sauna.

Pero pese a esos hachazos (forzados) en el guión, el film sigue dando canguelo, muchísimo más que todo lo que se ha ido haciendo años después (a excepción de Insidious). Todo un clásico para los que gusten de pasarlo mal entre casas casas encantadas, niebla y ruiditos de fondo.

1 comentario:

alcorze dijo...

Sin duda Matheson y Bradbury son dos grandes de la literatura reciente y ambos, sobre todo Matheson, han colaborado con guiones o guionizando sus propias obras como con El diablo sobre ruedas o estas otras.