martes, julio 14, 2015

Timestalkers. Misión al futuro (Los cazadores del tiempo)

Timestalkers, Misión al futuro, Los cazadores del tiempo, Klaus Kinski, William Devane,  Lauren Hutton

A todos nos gustan las historias de viajes en el tiempo, y quien diga lo contrario miente. El problema es que en el cine las buenas historias de esta temática escasean. Mucha serie B que acaba siendo el protagonista persiguiendo al malo de turno y, casi siempre, en alguna época que no cueste demasiado recrear. Parece que los directores/guionistas/productores pensasen que el público somos demasiado planos para ver historias más enrevesadas y acaban pariendo productos más simples que una chincheta. Y luego, cuando se meten con cosas más locas, te saltan con pelis como Primer. O se pasan o no llegan.

En Timestalkers la historia tiene un punto de partida interesante: un profesor universitario aficionado a todo lo que tenga que ver con la época del lejano oeste, gana en una subasta algunos objetos de esa época, entre ellos una fotografía donde aparece un pistolero. Observándola, descubre que en ella hay algo que no cuadra: el arma que luce el pistolero es una Magnum de los años 80. En un principio piensa que le han timado, pero manda analizar la fotografía, que da como resultado su autenticidad. Así que la única explicación a la que llega es que el pistolero es un viajero del tiempo.


Timestalkers, Misión al futuro, Los cazadores del tiempo, Klaus Kinski, William Devane,  Lauren Hutton

Y hasta aquí lo mejor de la historia, porque luego es una caída libre. Pero no es de extrañar, pues estamos ante un telefilm de 1987, una época en la que las producciones televisivas (telefilms o series) eran pasto de poco presupuesto y actores de segunda fila. Al menos aquí nos topamos con un montón de caras conocidas: William Devane (el justiciero urbano de El ex-preso de Corea), John Ratzenberger (el cartero de Cheers), Tracey Walter (el Bob del Batman de Burton), Lauren Hutton (la vampira milf de Mordiscos peligrosos), James Avery (el tío Phil de El príncipe de Bel-Air) y Klaus Kinski, que, evidentemente, con esa cara sólo puede hacer de malo.


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Por lo demás, el telefilm acaba cayendo en los malos clichés del subgénero, con muchas persecuciones en tres espacios temporales: el presente de 1987, el pasado (con un far west que se limita a cuatro descampados y dos barracas) y el futuro (en el que solamente vemos unos supuestos laboratorios donde el personal va vestido como Abba cuando ganó Eurovision).

La movida de cómo hacen los cronoviajes tampoco tiene mucha historia, una especie de diamante al que se le marca la fecha, salen un haz de luz y fundido a blanco. Ni tendrían muchas ganas de pensar algo más original, ni tampoco tendrían más presupuesto, que parece que se lo gastaron todo en los títulos de crédito.

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Y es una lástima, porque la historia, que está basada en una novela llamada The Tintype y firmada por un tal Ray Brown, el cual no tengo el gusto, tiene un punto de partida lo suficientemente interesante para que nos mantenga con toda nuestra atención a flor de piel, pero nada, a la media hora la cosa ya ha decaído cuando nos muestran todas las cartas.

Lamentablemente todo acaba siendo una chorradita que no tienen ninguna lógica. SPOILERS El malo quiere viajar al pasado para cargarse al antepasado de su colega, el cual le ayudó a crear la máquina temporal. Entonces, ¿no se supone que si no llega a existir, nunca se inventaría esa máquina que tanto quiere poseer? Y, ¿por qué al final mandan al protagonista antes del accidente de su familia para que cambie el rumbo de la historia? ¿No se supone que eso es algo que no deben hacer los cronoviajeros? Mucho agujero de guión veo por ahí.
 
Timestalkers, Misión al futuro, Los cazadores del tiempo, Klaus Kinski, William Devane,  Lauren Hutton

Dirigida por Michael Schultz, que, salvo unas pocas películas (Un mundo aparte, Tres gordos y un millonario), ha cultivado su carrera en la caja tonta. Cosa que en Timestalkers o, como también se le conoce, Los cazadores del tiempo, se nota mucho, con una realización ramplona que unida a los pobres decorados hace que bascule en la serie B por los pelos, porque si no fuese por un reparto medianamente apañado, estaríamos rozando la serie Z.