martes, julio 21, 2015

El dragón del lago de fuego

El dragón del lago de fuego, Disney, Filmayer, Peter MacNicol, Matthew Robbins, Caitlin Clarke

El dragón del lago de fuego es, casi con toda seguridad, el paradigma de la etapa más extraña de Disney. Quizá podría disputarle el puesto Los ojos del bosque, pero la cosa está así así.
 

Si Popeye había sido la primera vez que Disney producía un film conjuntamente, aquí repetían. Desconozco si la cosa estuvo firmada antes que se estrenase el film de Altman o qué pasó, pero, pese a que el rodaje fue bastante complicado, los frutos económicos fueron lo bastante razonables para que Paramount se volviese asociar con la casa de Mickey Mouse. 
 
El dragón del lago de fuego, Disney, Filmayer, Peter MacNicol, Matthew Robbins, Caitlin Clarke

Matthew Robbins y Hal Barwood, que habían estudiado cine junto a George Lucas, Coppola o Milius, empezaron en Hollywood colaborando en funciones menores en THX 1138 de Lucas, luego escribiendo Loca evasión, el debut de Spielberg, con el que consiguieron cierta amistad, al menos la suficiente para que este les llamase para re-escribir el borrador de Encuentros en la tercera fase. A partir de ahí comenzaron a darle vueltas a un argumento de fantasía que llamara la atención de los estudios como lo estaban haciendo Star Wars o Alien. 
 
El dragón del lago de fuego, Disney, Filmayer, Peter MacNicol, Matthew Robbins, Caitlin Clarke

Lo que aquí se tituló El dragón del lago de fuego (en su versión original Dragonslayer, más cercano a El verdugo de dragones con el que se tituló en Sudamérica) fue y es la película Disney que contiene más metraje no apto para los niños. Vemos (muy de pasada) a sus protagonistas totalmente desnudos y tenemos una pequeñas criaturas que devoran las piernas de una princesa. Así tal cual. No es que sea un gore estilo Fulci, pero Déu n'hi dó.
Tampoco se quedaron cortos con el dragón, que siempre me ha recordado al de La bella durmiente (la versión animada, no al de Maléfica).
 

El argumento no es ningún prodigio de originalidad: un reino vive asolado por la presencia de un dragón de nombre Vermithrax, al que, mediante un sorteo, ofrecen una joven para apaciguarlo. Un grupo decide que hay que buscar una solución, por lo que se van en busca del mago Ulric, que podría poseer el poder de acabar con la bestia. Pero para su desgracia el hechicero muere antes de ponerse manos a la obra, siendo su joven aprendiz quien tendrá la difícil misión de acabar con el dragón.

El dragón del lago de fuego, Disney, Filmayer, Peter MacNicol, Matthew Robbins, Caitlin Clarke

Sí, si nos ponemos esquemáticos estamos ante otro episodio de El equipo A. Está claro que el fuerte del film (y por lo que arrastra bastante culto) es por otros motivos a la trama. Por un lado, como he comentado, sus pocos miramientos hacia una audiencia infantil. Y por otro, adelantándose un año a la moda de cine de espada y brujería que iniciaron Crowmwell, el rey de los bárbaros y Conan el bárbaro, aunque en el film de Disney la cosa tiraba más a la fantasía, acabando por ser un gran influencia en Willow.

La película fue bastante cara en su época, siendo todo lo relacionado con la creación del dragón lo que más billetes quemó, más o menos el 25% de los 20 millones que costó. El diseño del dragón corrió a cargo de David Bunnet y su construcción de Phil Tippett junto a su equipo de la ILM. Hubo 15 Vermithraxes, además del gran modelo de 12 metros, la mayoría de ellos eran miniaturas.

Además, Phil Tippett creó para el film la técnica Go-Motion, una variante del stop motion, pero en lugar de mover las figuras de forma manual, éstas se animan através de unos motores, consiguiendo un efecto más limpio. Para que te enteres, el puñetero Spielberg iba a usar esta técnica en Jurassic Park, hasta que vino algún enteradillo y le comió la oreja para usar efectos digitales.

El dragón del lago de fuego, Disney, Filmayer, Peter MacNicol, Matthew Robbins, Caitlin Clarke

En el tema casting no se gastaron tanto: Peter MacNicol haciendo de héroe en uno de sus primeros papeles, curiosamente luego acabó haciendo muchos papeles de tontito; Caitlin Clarke haciendo de ladyboy, luego se centró más en el teatro y se le vio más bien poco en las pantallas. Y poco más que destacar.

El dragón del lago de fuego, Disney, Filmayer, Peter MacNicol, Matthew Robbins, Caitlin ClarkeTuvo que luchar en taquilla con la segunda parte de Superman o el Bond Solo para tus ojos, saliendo claramente perdedora, pues, al final, el film fue otro de los fracasos de la Disney en la época, cosechando unos 15 millones de dólares que no llegaban a cubrir los casi 20 que costó. Aun y así, le quedaba el mercado internacional, derechos televisivos y ediciones en vídeo para recuperar la inversión. Lo que está claro, como ha pasado en otras ocasiones, la cosa se quedó en tierra de nadie: demasiado adulta para los niños y demasiado blanda para los adultos. Personalmente no es un film al que le tenga demasiada estima. Como todo buen hijo de vecino la conocí en una de esas cintas blancas de Filmayer, y algo tiene que nunca ha terminado de engatusarme. Y mira que tiene elementos suficientes para hacerlo, pero hay algo en ella que no me convence.
 
El dragón del lago de fuego, Disney, Filmayer, Peter MacNicol, Matthew Robbins, Caitlin Clarke

Después de El dragón del lago de fuego, el duplo Matthew Robbins y Hal Barwood se encontraron dificultades en Hollywood, tardando 4 años para lanzar Señal de alarma, escrita por los dos y dirigida por el primero, que no tuvo demasiada trascendencia. Hal Barwood, asqueado de Hollywood, acabó en Lucas Arts, el departamento de desarrollo de videojuegos del emporio de George Lucas. Allí, escribió la historia de Indiana Jones and the fate of Atlantis, rescatando un borrador para una hipotética cuarta parte cinematográfica; dirigió las secuencias reales de Rebel Assault II, y ya a finales de los 90, creó los juegos de escritorio Yoda Stories e Indiana Jones desktop adventures game y por último escribió Indiana Jones y la máquina infernal.

Por su parte, Matthew Robbins escribió y dirigió Nuestros maravillosos aliados, aquella cosa producida por Spielberg y que, en un principio, debía ser un episodio de Cuentos asombrosos; y Bingo!, la del perro. Después inicio una estrecha colaboración con Guillermo del Toro, escribiendo Mimic, No tengas miedo a la oscuridad (producida por el mexicano), La cumbre escarlata y los anunciados Pinocchio y En las montañas de la locura.