martes, diciembre 30, 2014

El día de los inocentes

El día de los inocentes, slaughter high,Caroline Munro, slasher, Harry Manfredini

Muchas veces confundida con Inocentada sangrienta, que en su idioma original es April Fool's Day, justamente como estaba planeado que se llamase el título que nos ocupa, pero acabaron por ponerle Slaughter High (algo más como Masacre en el instituto). Un lío de pelotas, vamos.

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En plenos años 70, en un instituto un grupo de estudiantes se dedican a tomarle el pelo y hacerle bromas pesadas al nerd de turno. Una de estas acaba escapándosele de las manos y el chaval termina medio electrocutado, medio calcinado y deformado.

Pasan los años y estamos en los 80. Los antiguos alumnos reciben una invitación para una reunión en su antiguo instituto, que lleva años clausurado. Una vez dentro, y sin saber quien ha preparado la reunión, comenzarán a morir uno por uno.

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Sí, todo muy común y visto mil veces en el slasher. Personaje (normalmente tarado/disminuido/friky) acaba siendo víctima de una broma que acaba mal y años después vuelve para vengarse. Aquí, como mucho, es ubicar la historia en una fiesta del calendario como era tan habitual en el subgénero.

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Producida por ese tándem formado por Stephen Minasian y Dick Randall, responsables de No abrir hasta Navidad o Mil gritos tiene la noche. Muy simpático es el detalle que Randall hace un pequeño cameo interpretando a un productor cinematográfico y en su despacho (casi seguro que era real) tiene posters de algunas pelis de Piquer Simón de las que formó parte.

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Con una banda sonora de un no demasiado inspirado Harry Manfredini (básicamente recordado por haber creado el famoso tema de Viernes 13) y un reparto en el que apenas podemos destacar a Caroline Munro haciendo de scream queen con casi cuarenta tacos. Y como detalle necrófilo, Simon Scuddamore, que aquí hace del nerd puteado y luego vengativo, se suicidó al poco de finalizar el rodaje, quedando este film como su única interpretación al cine. Quien sabe si la muerte fue motivo de acoso durante el rodaje y algún día volverá para repartir justicia. Metacine, again.
Y dirigida a tres manos por George Dugdale, Mark Ezra y Peter Mackenzie Litten, que luego parieron la también inglesa Living doll con parte del equipo de El día de los inocentes. El trío había estado trabajando en los efectos especiales de No abrir hasta Navidad, también producida por Randall y Minasian. El primero quedó tan encantado con el trabajo del trío, pese a contar con muy pocos medios, que aceptó la propuesta de estos para dirigir un film.

A Mark Ezra le toco escribir el guión. Y aprovechando que las vacaciones de primavera del año siguiente caían en 1 de abril (el día de los inocentes para los anglosajones) comenzó a urdir toda la trama ambientada en esa festividad basándose en el clásico Diez negritos. Tres semanas tuvieron para finiquitar el guión, hacer el casting y tenerlo todo preparado para empezar una filmación que apenas duraría 10 días. Y lo que en un principio debía hacerse con 100 mil dólares acabó reduciéndose a 40 mil libras (no olvidemos que se facturó en Inglaterra). Para combinarse las labores de dirección, Dugdale dirigía a los actores y Peter Mackenzie Litten se encargaría de las escenas con efectos especiales.

Ya durante los primeros días de rodaje, los productores se dieron cuenta que la cosa estaba quedando bien, con lo que decidieron contratar algún nombre conocido que apenas apareciese pocos minutos en pantalla pero que ayudara a vender mejor el film. El elegido fue Telly Savalas, que por dos días de trabajo haciendo del profesor de gimnasia pedía 50 mil dólares, cantidad que los productores no estaban dispuestos a desembolsar, quedándose la oferta en 25 mil. Así que el film se quedó sin ese nombre conocido.


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El día de los inocentes, que la acabó distribuyendo la Vestrom después de pagar por ella casi 1 millón de dólares, no es el mejor slasher del mundo, pero es muy divertido (casi una parodia), sobre todo unas muertes muy coñeras, como la bañera con ácido (que si has visto Breaking Bad sabrás que es una mala idea), la cama electrificada y, la más recordada, la cerveza con ácido. Pobretona (un instituto que son dos pasillos con un conserje y un profesor) como ella sola, lo que le da una estética sucia y sórdida. Además, como no podía ser de otra forma, con un triple final con tirabuzones que te deja con la cara desencajada e indignará a unos cuantos, pero que fue necesario ya que si no el film no llegaba a la duración estándar. Pero bueno, ¿qué esperaban de una película titulada El día de los inocentes?


2 comentarios:

Raiben dijo...

¿Se aguanta bien?

J. Jara dijo...

Con un cocktail japonés pasa bien.