domingo, diciembre 13, 2015

El cementerio viviente (y secuela)

El cementerio viviente, Stephen King

Algunos dicen que esta es la adaptación más fiel de un escrito de Stephen King. Mucho tiene que ver que él mismo se encargó de escribir el guión, cosa que puso como condición para dar le visto bueno a la producción, además de exigir que el rodaje fuese en su Mainey, lo que le permitía personarse en cualquier momento.

Seguramente también ayudó el tener en la dirección a una insprada Mary Lambert, que venía de dirigir videoclips (Madonna, Whitney Houston, Mick Jagger) y hacer su debut en el largo con el esperpento Relación fatal (Siesta, 1987), pero que se dejó en casa cualquier tic videoclipero. Y, todo hay que recordarlo, el primer director que estaba planeado que se hiciera cargo de la producción era George A. Romero, de ahí que en la producción estuviese su colega
Richard P. Rubinstein.

El cementerio viviente, Stephen King

El matrimono Credd y sus dos hijos se trasladan al pueblecito de Ludlow, donde rápidamente se harán amigos de su vecino. Justo al lado de su casa hay una carretera donde constantemente pasan camiones. Uno de ellos atropella al gato de la hija, lo que hace que su vecino revele que un poco más allá del cementerio de animales hay un terreno que revive los cadáveres que son enterrados.


El cementerio viviente, Stephen King

El cementerio viviente (Pet Sematary, 1989) fue un inesperado éxito, en gran medida porque se alejaba del terror de la época, mucho más efectista y con mucho efecto especial. Aquí la película deja de lado cualquier festival para la muchachada y nos traía una historia muy adulta, con personajes decadentes y tristes.

Aun y así la cosa cuesta un poco de ver. Con un ritmo extremadamente pausado, no es hasta pasada la primera hora cuando llega el climax que durante todo el film nos han apuntado (la muerte del niño y su posterior resurrección). Mientras tanto iremos viendo la triste vida de un matrimonio que se aguanta con hilos.


El cementerio viviente, Stephen King


Sin contar con un reparto demasiado espectacular, del que apenas reconoceremos a Fred Gwynne (Herman Monster), Denise Crosby (Star Trek, The walking death) y una aparición del propio King haciendo de cura, tenemos actuaciones muy solventes, del que destaca a todas luces el pequeño Miko Hughes, que por momentos pone caras de auténtico psycho killer. Lástima que el mal rollo se rompa cuando, en alguna escena, lo cambian por un muñeco la mar de evidente.

También es muy recordado el tema Pet Sematary de los Ramones, que el propio Stephen King, fan del grupo, los había propuesto para que escribieran algún tema para el film. El resto de la banda sonora corrió a cargo de Elliot Goldenthal llena de coros infantiles, que nos recordarán al Danny Elfman de los 90. Curiosamente Goldenthal sustituiría a Elfman en la franquicia del hombre murciélago en Batman forever (Batman forever, 1995).

El cementerio viviente, Stephen King
Cementerio viviente 2. (Pet semantary, 1991). El primer film funcionó bastante bien en taquilla pero sin ser un gran éxito, lo que hizo que Paramount se plantease una secuela siempre y cuando fuese lo suficiente barata. Para ello se pusieron en contacto con Ralph Singleton, uno de los productores del primer film y que acababa de dirigir otro King como es La fosa común (Graveyard Shift, 1990), para que la pusiera en marcha. Lo primero que hizo fue volver a contar con Mary Lambert para que volviera a la dirección. que tuvo que lidiar con la difícil tarea de hacer una secuela de una novela de Stephen King sin que este estuviera involucrado.
Edward Furlong es el hijo de una famosa actriz que muere en un accidente en un rodaje, lo que acaba llevándole a vivir junto a su padre, un veterinario con el que se muda al pueblecito que aconteció todo lo sucedido en la anterior película. Allí el chaval es presa de los gamberros del cole, cosa que campeará con la amistad del hijastro del sheriff, que conoce la leyenda del cementerio de animales. 

Con un presupuesto de unos 12 millones de dólares, la película pasó un tanto desapercibida por la taquilla, apenas recuperando su presupuesto y algún que otro milloncejo de propina. La crítica la puso a caer de un burro y el público no acabó de entender el cambio de rumbo. Lo cierto es que es un film menor, terriblemente mediocre, que se ve lastrado por seguir a una película muy seria y adulta, cosa totalmente opuesta a la nueva entrega, que por momentos parece una de la Troma.  
Pese a un cast bastante atrativo (Edward Furlong, Anthony Edwards, Clancy Brown, Jared Rushton) la cosa descarrila hasta límites de vergüenza ajena.
De ahí que Mary Lambert acabara medio desaparecida en telefilms y series, además de basuras como Leyenda urbana 3 (Urban Legends: Bloody Mar, 2005) o Mega Pitón contra Mega Caimán (Mega Python vs. Gatoroid, 2001).