domingo, noviembre 15, 2015

La fosa común

La fosa común, Stephen King

En un pueblo de mala muerte su shabitantes sobreviven gracias a una fábrica téxtil que está infestada de ratas. Un buen día parece en el pueblo un tipo que acepta el trabajo del turno de noche como operario en una de las máquinas de la fábrica. El tipo será reclutado junto a otros trabajadores más para limpiar el sótano, pero lo que se encontrarán allí les hará pasarlo realmente mal.

La fosa común, Stephen King

La fosa común (Graveyard Shift, 1990) significaría la entrada de las adaptaciones de Stephen King en la década de los 90, y, por consiguiente, con producciones mucho más modestas que las de los 80. King ya no funcionaba tan bien en cine, pero seguía teniendo un tirón suficiente para las audiencias televisivas y el boom de los videoclubs. 
La película aquí reseñada todavía tuvo una carrera en cines, pero pasando muy desaprecibida, apenas consiguió recuperar en USA los 11 millones de dólares que costó y aquí se estrenó un año después que allí y muy de tapadillo.

La cosa no es para menos. Con un director desconocido, Ralph S. Singleton, y un cast en la línea, donde apenas se puede destacar a Stephen Macht, el padre del prota de Una pandilla alucinante (The monster squad, 1987); y un par de papeles secundarios para Andrew Divoff, el malo de Faust; y Brad Dourif, habitual del cine de género.

La fosa común, Stephen King

Tampoco ayudaba mucho que era una serie B de bajos vuelos, donde apenas vemos un par o tres de escenarios y el monstruo final se muestra muy poco y de tapadillo, evidentemente para ocultar su condición de marioneta/animatronic pero de los de saldo.

Como suele pasar cuando lo que se adapta un relato corto, la película denota su condición alargada al máximo. Aquí, una adaptación del relato El último turno (Graveyard Shift), que lo podemos encontrar en El Umbral de la Noche (Night Shift, 1978). Y como suele ser habitual en las adaptaciones de King, nos encontraremos alguna que otra referencia a su obra, ya sea el nombre de la fábrica, Bachman, o a Castle Rock.

Es curioso porque su primera mitad, cuando el elemento fantástico está en un segundo plano y el peso cae en la presentación de perosnajes, se aguanta bastante bien, es a partir de ahí cuando la cosa entra en el clímax final y se nota que alargarlo durante 40 minutos se hace pesadito.

No es gran cosa, pero tampoco es algo insoportable. Como se suele decir, se deja ver.