jueves, octubre 08, 2015

Pinocho (Pinocchio, 2002)

Pinocho, Pinocchio, Roberto Benigni

Decía el propio Roberto Benigni que el proyecto de una adaptación de Pinocho con actores reales se remontaba a los primeros 90, cuando Federico Fellini quería realizarla con él como protagonista. Pero la muerte del director de Amacord (Amacord, 1973) condenó el proyecto al ostracismo, hasta que, a finales de los 90, con un Benigni exultante después del éxito de La vida es bella (La vita è bella, 1997) se lió la manta a la cabeza para retomarlo. Pero claro, después del éxito y los premios, esto no podía ser una película más, tenía que ser algo gigantesco.

La historia del títere de madera que quiere ser un niño de verdad ya la conocemos más o menos, porque la versión de Disney, que como es habitual en la casa, no es demasiado fiel al original, es la que acabó influyendo a todas las que vinieron después, que son un puñado. Muchas de ellas adaptaciones televisivas como: la versión stop motion producida por el duplo Rankin/Bass que aquí nos llegó en los 80 en plena explosión de los videoclubs, Las nuevas aventuras de Pinocho (The new adventures of Pinocchio, 1960); una serie italiana (que luego tuvo un remontaje cinematográfico de 2 horas) donde Franco Franchi y Ciccio Ingrassia hacían de el gato y el zorro, Gina Lollobrigida era el hada y Nino Manfredi era Geppetto, Las aventuras de Pinocho (Le avventure di Pinocchio, 1972); una adaptación televisiva americana en clave musical protagonizada por Sandy Duncan (Pinocchio, 1976) que aquí vimos en algún pase por las autonómicas; y, cómo no, las versiones anime llegadas desde Japón, Pinocho (Kashi no ki Mokku, 1972) y Las aventuras de Pinocho (Pikorino no Boken, 1976).

Pinocho, Pinocchio, Roberto Benigni

Siguiendo con versiones animadas estaba la Filmation (cuando le dio por hacer secuelas bastardas de las versiones de Disney), Pinocho y el emperador de la noche (Pinocchio and the emperor of the night, 1987); un mediometraje de 1984 para la serie de Shelley Duval Cuentos de hadas (Faerie tale theatre), donde el niño de madera era interpretado por Paul "Pee-wee Herman" Reubens. Ya en los 90 tuvimos un exploit de Muñeco diabólico (Child's play, 1988) de mínimo presupuesto como La venganza de Pinocho (Pinocchio's revenge, 1996) de Kevin S. Tenney, director de Witchboard. Juego diabólico (Witchboard, 1986); Pinocho, la leyenda (The adventures of Pinocchio, 1996), aquella dirigida por Steve Barron (Las tortugas ninja, 1990) y con Martin Landau, en la que colaboraba Brian May en la banda sonora y la marioneta estaba creada por el estudio de Jim Henson, que, además, tuvo una secuela, Pinocho y Gepetto (The new adventures of Pinocchio, 1999). O esa versión (no tan) encubierta que es Inteligencia Artificial (Artificial Intelligence, 2001).
Incluso la Cannon llegó anunciar en los 80 un Pinocchio. The robot con guión de Dan O'bannon, dirección de Tobe Hooper y Lee Marvin como Geppetto. Evidentemente no se llegó a rodar un solo fotograma.

El Pinocho de Benigni es una versión bastante respetuosa, empezando por el atuendo que lleva el protagonista, que es calcado a las ilustraciones de Carlo Chiostri para la primera edición de la obra impresa. También respeta su personalidad, siendo un cabronazo que se mete con su padre porque lleva peluca y le da absolutamente igual que éste acabe en la cárcel por sus fechorías, maltrata a los animales y quiere matar de un mazazo a Pepito grillo. Cosa esta última que consigue, siendo fiel al relato original de Collodi. Siguiendo con sus tropelías, el padre vende la chaqueta para comprarle un libro para que estudie en la escuela y lo acaba vendiendo para pagar la entrada al teatro de marionetas. Lo que se dice un auténtico hijoputa. Al final el padre, con toda la razón del mundo, sólo quiere matarlo con sus propias manos.

Pinocho, Pinocchio, Roberto Benigni

El film fue una producciones faraónica para los cánones europeos: 8 meses de preproducción, 7 de rodaje y otros 8 de posproducción. Costó 40 millones de euros, siendo la película más cara de la historia en Italia, siendo allí un gran éxito recaudando 25 millones. En USA, con un estreno muy limitado (ya sabemos como son para las películas foráneas), consiguió 4 millones de dólares. Todo eso, más lo que consiguió en otros países, le permitió recuperar los 40 millones invertidos, pero ya daba igual, es muy fácil poner etiquetas y muy difícil desprenderse de ellas. Este Pinocchio ya era conocido como un despropósito y los prejuicios siempre están a flor de piel. ¿Es esta adaptación de la obra de Collodi tan mala como arrastra su fama? No, ni de lejos.

La película es una adaptación bastante fiel, (por lo menos mucho más que la de Disney, que es la que acabó influyendo a las que vinieron después) con un despliegue de medios impresionante. Decorados muy conseguidos, efectos digitales que siguen manteniendo el tipo pese a tener 15 años, un ritmo endiablado y un personaje tan cabrón que uno no puede dejar de tomárselo como un Alvaro Vitali/Jaimito al que le han quitado la libido.
 

Está claro que con esta película Benigni pagó la factura de La vida es bella. Poca gracia le debió hacer a los yankis su esperpento en los Oscar y le estaban esperando con los cuchillos afilados. Sólo así se explica que en su Italia natal fuera la película más taquillera del momento y recibiera bastantes premios, mientas que, al otro lado del charco, era todo lo contrario. Tampoco debió ayudar mucho que los hermanos Weinstein y su Miramax estuvieran detrás de la producción, y ya sabemos que este par son odiados a muerte por los críticos de allí. Los americanos no entendían que hacía un tipo de 50 años haciendo de Pinocho (se nota que no han mamado El chavo del ocho) y porque no tenía ningún detalle de maquillaje que denotase su condición de marioneta.
Tampoco pasó desapercibido su doblaje. Ya sabemos que los americanos no son amigos del doblaje en los films de acción real (para eso compran los derechos y hacen su propia versión) y aquí, queriendo vender la película a un público puramente infantil, y sabiendo de sus limitaciones de lectura, decidieron doblarla y, al parecer, no demasiado bien.

Para nosotros la película es una total desconocida. Como solía pasar con las producciones de Miramax, era Lauren Films quien tenía los derechos de distribución, pero pese a anunciarla y a verse algún que otro cartel promocional, nunca llegó a estrenarla debido a sus problemas económicos. Lo que nos perdimos.

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