miércoles, agosto 24, 2011

Jo, ¡qué noche!

Jo, ¡qué noche!, After hours, Martin Scorsese, Griffin Dunne, Rossana Arquette,
Que a partir de Taxi driver fue cuando el nombre de Scorsese adquirió notoriedad es más que evidente. Después vino un gran fracaso como New York, New York; Toro salvaje le valió excelentes críticas pero no fue un bombazo en taquilla precisamente (apenas recuperó el presupuesto) y El rey de la comedia fue otro gran fracaso comercial. Así que con todo eso, el estatus de Scorsese, tal como la entienden los productores de Hollywood, es decir, lo recaudado en taquilla, era cuanto menos incomodo. A todo eso hay que añadirle que su adicción a las drogas y sus depresiones no le ayudaban en demasía.

Su siguiente proyecto era conseguir financiación para un proyecto muy personal: La última tentación de Cristo. Y a punto estuvo de conseguirlo en el 83, pero el alto presupuesto que consideraba necesario (todavía estaba fresco la debacle de la United Artist con La puerta del cielo de Cimino) y, sobre todo, las presiones de grupos integristas hicieron que la Paramount congelase el rodaje que pensaba producirle.

Jo, ¡qué noche!, After hours, Martin Scorsese, Griffin Dunne, Rossana Arquette,
La siguiente idea del director fue recuperar un guión que había recibido tiempo atrás de las manos de Amy Robinson, productora que había hecho sus pinitos como actriz en Malas calles. Robinson, juntamente con Griffin Dunne (Un hombre lobo americano en Londres), había comprado el guión a Joseph Minion, que lo había escrito como trabajo de carrera cuando cursaba en la universidad de Columbia.

En un primer momento Robinson y Dunne, conscientes que Scorsese estaba liado con La última tentación de Cristo y que si se rodaba la película no contarían con mucho presupuesto, pensaron el contratar algún directo primerizo. Y eso es lo que hicieron después de ver un chorto de la Disney filmado en stop motion y en blanco y negro. El chorto era Vincent y el director Tim Burton. Pero cuando el futuro director de Batman se enteró que Scorsese volvía a tener interés en rodarla decidió abandonar el proyecto.

Curiosamente, un año después, Griffin protagonizaría un episodio de la nueva tanda episodios de La hora de Alfred Hitchcock dirigido por Burton: El jarrón, basado en una historia de Ray Bradbury desarrollada por Michael McDowell y Larry Wilson, que años después serían los guionistas de Bitelchús.

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Con Scorsese como director consiguieron un acuerdo Fox Classics para que les pusieran el dinero, unos 3.5 millones, con lo que nos encontrábamos una producción bastante modesta.

Pese a tener un presupuesto ajustado Scorsese consiguió un cast muy extenso: el propio Griffin Dunne se reservó el papel de protagonista, Rossana Arquette (con un doblaje en castellano que clavaba la voz original de la actriz), Linda Fiorentino, Teri Garr (Las locas peripecias de un señor mamá), Dick Miller (indispensable en la filmo de Joe Dante), Bronson Pinchot (el primo Balki de Primos lejanos), Catherine O'Hara y John Heard (que unos años después interpretarían a los padres de Macaulay Culkin en Solo en casa) y la pareja Cheech & Chong, que en aquella época vivían sus días de gloria con sus pelis de porreros.

Jo, ¡qué noche!, After hours, Martin Scorsese, Griffin Dunne, Rossana Arquette,Cartel polaco del film

Después que el guión fuera reescrito por Julien y el propio Scorsese y se cambiara el título original, de Liar pasó a A night in Soho hasta el definitivo After hours (ya sabemos que el que puso el título en castellano se quedó a gusto), empezaba a rodaje que duraría las siguientes 40 noches en New York.

Uno de los problemas que se encontró el director era su final. En un principio Griffin Dune era protegido de sus perseguidores por la mujer que encuentra en el club, haciendo que éste se metiera en su útero y luego era dado a luz en medio de una calle de Manhattan donde el protagonista aparecía desnudo.
Pero en unos pases privados que hizo Scorsese a sus amigos Spielberg, De Palma y compañía les consultó sobre como terminar el film. El propio Spielberg sugería la idea que la furgoneta donde estaba el protagonista abriera las puertas y éste cayera al suelo rompiéndose y mostrando que dentro de la estatua no había nada.
Pero fue Michael Powell (director de El fotógrafo del pánico) el que sugirió el final que acabaría siendo definitivo. Para poder rodar este final tuvieron que conseguir 4 días más de rodaje y algo de presupuesto extra, con lo que el presupuesto final alcanzó los 4,5 millones de dólares.

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El film nos mete en la vida anodina de un yuppie ochentero que una noche entabla una charla con una recién desconocida. El personaje, que vemos que es un hombre gris, en un acto de valentía, llama a la chica por teléfono y queda con ella esa noche. A partir de ahí comenzará a dar tumbos por una ciudad que duerme y donde aflora su fauna nocturna, metiéndose en líos (involuntarios) y conociendo a personajes estrambóticos que le harán volverse loco por momentos. Todo un descenso a los infiernos con la única intención de llegar a casa.

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Scorsese no es santo de mi devoción, por mucho que la gente me hable de sus películas de mafias (genero que, por otro lado, no me llama nada), pero salvo The big shavejuas!) y sobre todo este After hours la cosa cambia.
El film es sin duda un emblema de los 80 (todo acentuado con la fantástica banda sonora de Howard Shore), viéndola uno puede meterse de lleno en esa década, que parece una versión pesadillesca de la Alicia de Carroll. Todo ese inicio a bordo de la steadycam que parece que busque a su víctima y con solamente 5 minutos de presentación del personaje principal ya lo tenemos totalmente trazado como el empleado gris que no le interesa para nada su labor diaria y esté deseando escapar de ésta.
Todo el film destila un montaje muy en la boga de los videoclips de los 80 (travellings incluidos), además de tener una cantidad de planos detalles que enriquecen todo el metraje con esos planos de relojes, auriculares de teléfono, las llaves cayendo al asfalto, el famoso billete de 20 dólares volando por la ventanilla y que acaba formando de una escultura hecha de papel y yeso...

La película sin ser un gran éxito de taquilla consiguió triplicar su presupuesto y consiguió varios premios, entre ellos la Palma de oro al mejor director en Cannes.
Aunque no es oro todo lo que reluce, y el film se vio salpicado por la polémica. Al parecer, gran parte de la trama como algunos de sus diálogos fueron descaradamente plagiados de un monólogo de 1982 llamado Liar de un artista norteamericano llamado Joe Frank. Todo el encuentro entre el protagonista y una chica, la artista que hace pisapapeles con forma de bollo relleno de crema, el billete que vuela por la ventanilla del taxi... todo formaba parte del monólogo Liar. Al parecer la cosa no llegó demasiado lejos, ya que los productores se encargaron de apoquinar unos cuantos billetes al autor original antes que el tema acabase en los tribunales.
La cosa acabó teniendo como víctima al guionista Joseph Minion, que, después de tener una prometedora carrera como guionista, terminó apartado de Hollywood, apenas escribiendo algunos libretos de películas no demasiado reconocidas (Besos de vampiro, Motorama).

5 comentarios:

alcorze dijo...

Mítica película sin duda. La primera vez que la vi, en su estreno, no la entendí mucho. Luego en otros visionados la he disfrutado muchísimo más.

J. Jara dijo...

Totalmente de acuerdo, es de esas pelis que cuantas más veces las ves más cosas encuentras.

Raiben dijo...

La primera vez que la vi por televisión de madrugada cuando solo existían tv1, la 2, canal 9 y tv3 me pareció cgulísima, me encantó. Años después la revisé y me aburrió mucho y eso que Scorsese me tira mucho. A día de hoy está muy desfasada.

J. Jara dijo...

Ese comentario hace llorar al hijo de Martin Scorsese.

Raiben dijo...

es que la encontré un peñazo, igual que me pasó con "todo en un dia", vaya rollazo