viernes, marzo 17, 2017

Clásicos Keaton: White noise (Más allá)


El brutal e inesperado éxito de El sexto sentido propició una moda, no sólo de meter un giro final que, supuestamente, nos dejase con el culo torcido, de un tipo de terror/fantástico más adulto, con muy poco de todo aquello que nos trajeron los 80 y, en mucha menor medida, los 90. La cosa ya no iba de adolescentes perseguidos por un tipo enmascarado y cuchillo en mano, si no que estaba un poco más cerca del terror japonés que se había puesto de moda en occidente a partir de The ring. Esto es: un ritmo más pausado y reposado, que buscaba la atmósfera malsana e inquietante antes que el gore. De ahí que apareciese ese subgénero llamado "terror atmosférico". Además de contar con protagonistas no precisamente jóvenes.

A películas como Mothman. La última profecía, Sesión 9 o Dragonfly. La sombra de la libélula, se le uniría White noise (aquí con la coletilla de Más allá). El tema era coger algo más o menos "real" como son las EVP (Electronic Voice Phenomenon), las psicofonías de toda la vida a las que se les suman imágenes de supuestos espíritus en la nieve de los monitores, y añadir unas gotas de espíritus cabreados.




Michael Keaton hace de un arquitecto al que le sonríe la vida, el negocio va viento en popa, su segunda mujer está en estado de buena esperanza... pero, claro está, las cosas han de pegar un giro. Giro que viene cuando su señora tiene un accidente mortal y el tipo entra en depresión. A partir de ahí empieza a tener extrañas revelaciones que le harán meterse en la investigación de los EVP.

White noise tiene su gracia. Hasta cierto punto podríamos, incluso, hacer una lectura más allá de su vertiente dentro del terror, siendo su prota un tipo que comienza a obsesionarse con lo de grabar sonidos e imágenes y deja de lado su trabajo, al hijo de su anterior matrimonio... y entra en el terreno de la locura. Pero no, aquí tenemos un film que apuesta por el terror (aunque tiene esas gotitas de dramón), que le funciona bastante bien durante su primera hora, pero a partir de ahí la cosa empieza a decaer de forma alarmante. Básicamente porque se empecinan en querer darle a la trama una explicación de "plan maestro" por parte de unos supuestos fantasmas y un albañil (¡que habíamos visto durante 15 segundos a mitad de película!) por cargarse a Keaton. El día que la vi en una sesión matinal en los Icaria me quedé con cara de ¿qué me estás contando? Esa especie de Deus ex machina o el "debo irme... mi planeta me necesita" de Poochie, me hizo pensar que me había dormido en algún momento de la proyección. No entendía nada. Es más, cuando DeAplaneta la editó en DVD me compré la edición especial pues en los contenidos adicionales prometían escenas eliminadas. Ok, no incluían los audiocomentarios de la edición yanki pero al menos en esas escenas cercenadas podría encontrar alguna explicación a la película. Pero no, los señores de DeAplaneta tenían que joderlo todo (como cuando Brand no se sacaba el carnet de conducir en Los goonies) y me encontraba que en el segundo disco no había ni rastro de esas escenas eliminadas. Me juego cualquier cosa que en el último momento no las compraron por no gastarse la pasta y como ya tenían las cubiertas impresas ni se plantearon reimprimirlas.

 

Lo dicho, el principal handicap de la película es su tramo final, la auto imposición de querer sorprenderlos no hace más que ser un lastre. Y es una lástima, porque las imágenes en las que aparecen esas 3 sombras están muy conseguidas y de haber trabajado un poco más el explotar su mitlogía, podría haber dado mucho de sí. A veces menos es más, como demuestra la banda sonora de Claude Foisy, que con apenas cuatro notas se marca un tema la mar de inquietante. 
 

White noise es una producción muy modesta, de apenas 10 millones dólares (posiblemente la mayoría del presupuesto sería para pagar el caché de su estrella), de aquellas que nacen con un guión que se lo ofrecen al actor de turno y a partir de ahí se mueven todas las decisiones. Sin ir más lejos el director Geoffrey Sax, que venía de dirigir en la caja tonta, fue reclutado gracias a Otthelo (versión telefilm para la BBC) una vez que Keaton dio su aprovación. Un Michael Keaton que venía de una etapa bastante floja, con mucho film que no tenía distribución y acababa estrenándose directamente en DVD (Quicksand. Juego sucio, Game 6).

Los productores no tenían demasiada fe en la cinta, prueba de ello es que la estrenaron el primer fin de semana de año, una época post navideña que históricamente ha sido muy floja en cuanto a recaudación. Pero sonó la flauta. En USA superó los 50 millones de recaudación, y a nivel mundial rozó los 100. Todo un exitazo económico (que no de crítica) que ayudó a que los productores la tuvieran en cuenta para seguir estirando el chicle con secuelas.

White noise 2. La luz (White noise: The light, 2007). Entramos de lleno en el fangoso terreno de las secuelas que no son tal, que usan el título de una, en este caso posible, franquicia para vender una historia que poco o nada tiene que ver con la original. Lo vimos con las sagas de Noche de paz, noche de muerte o Amityville. En White noise 2 tenemos un tipo felizmente casado y con retoño a los que un día, mientras desayunan en una cafetería, asesinan. El tipo cae en la depresión y se suicida, pero los médicos consiguen salvarle la vida. Pero al igual que Michael J. Fox en Agárrame esos fantasmas, su experiencia en el más allá le ha dado la cualidad de saber quien está a punto de morir. Lo que hará que el tipo se dedique a salvar a la gente sin saber que eso acarreará terribles consecuencias.
Efectivamente, nada que ver los fenómenos EVP, de los que apenas se comentan en un diálogo muy de pasada. Más allá de la poca relación con la original, el asunto está más cerca de Ghost que de darnos miedito. Todo muy flojito, con poca gracia y efectos de saldo. Por ahí tenemos bastante caras televisivas: Nathan Fillion, el de la serie Castle o Firefly; Katee Sackhoff de Galáctica; o Teryl Rothery de Stargate SG-1. En la dirección Patrick Lussier, que si bien en la dirección cuenta con aquella trilogía vampírica de principios de siglo (Drácula 2001, Drácula 2. Resurrección y Drácula 3. Legado) y un par de cucadas como la Furia ciega de Nicolas Cage y el remake San Valentín sangriento 3D, tiene más caché como montador, siendo habitual en la filmografía del fallecido Wes Craven. La película se estrenó en cines en pocos países (en USA salió directa a DVD), y acabó siendo un fracaso que apenas recuperó los 10 millones que costó, acabando con cualquier esperanza de convertir a White noise en una franquicia de films de terror.

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