domingo, julio 10, 2016

Witchboard. Juego diabólico (y secuelas)

Witchboard. Juego diabólico, Kevin S. Tenney, Tawny Kitaen

Los 70 fueron pasto para un terror que dejaba de lado los monstruos clásicos (con excepción de los zombis) y se tiraron por el tema satanista, que estaba muy de moda, sobre todo por el asunto de sectas estilo Charles Manson. Aquello duró lo que duró, o hasta que a Carpenter le dio por estrenar La noche de Halloween (Halloween, 1977) creando el slasher y su consiguiente moda.
Por eso Witchboard (Witchboard, 1986) se salió un poco de la moda imperante en los 80. Además que, seguramente, una película con espíritus siempre es baratito de producir.
 
Witchboard. Juego diabólico, Kevin S. Tenney, Tawny Kitaen

Aquí la cosa va de una feliz pareja que organiza una fiesta para inaugurar su nuevo hogar. El ex novio de ella lleva al guateque una tabla ouija y comienzan a invocar a los espíritus y a la chica le empieza a gustar eso de chatear con el más allá y acaba enganchada al tema, pensándose que entabla conversaciones con el espíritu de un niño pero realmente lo está haciendo con una entidad mucho más oscura.

Witchboard. Juego diabólico, Kevin S. Tenney, Tawny Kitaen

Witchboard nace, en cierta manera, de una experiencia de su director, un debutante Kevin S. Tenney, que vivía en una antigua casa victoriana que había sido dividida en apartamentos. Un día, un amigo llevó una tabla ouija y la sesión acabó con una rueda reventada del coche, tal y como pasa en la película.

La peli empieza muy bien, planos muy inquietantes de la casa acompañados por una musiquilla no menos escalofriante (muy en la línea Goblin) y hasta mantiene cierto equilibrio entre el terror y el humor (una mezcla muy 80tera) con, sobre todo, esa médium estilo Cyndi Lauper, pero que, conforme avanza el metraje, cae en la ridiculez. Como ese personaje del ex novio que se va sacando explicaciones del mundo espiritual y puertas del infierno según le da el punto. O la presencia de la policía, que se limita a UN policía, denotando el poco dinero que había en la producción. Aunque, sin duda, lo peor, lo más sonrojante, es su clímax final, con nuestra poseída de rigor que se ha vestido como un blues brother. Sencillamente de vergüenza ajena.

 
Witchboard. Juego diabólico, Kevin S. Tenney, Tawny Kitaen

Aun y así, su primera mitad es, salvando alguna cosilla, una historia de terror muy conseguida y con mucha atmósfera. Todo lo que rodea a la figura del espíritu maligno, Malfeitor (nombre la mar de chanante para una entidad diabólica), es muy misterioso y terrorífico y el momento que aparece reflejado en un espejo me hizo cagarme de miedo hace casi 30 años. Peeero, como comentaba, la cosa decae hasta límites bastante terribles.

En el reparto tenemos a una Tawny Kitaen que, pese a que ya se había asomado por Despedida de soltero (Bachelor party, 1984) y Gwendoline (Gwendoline, 1984) todavía no había eclosionado. Eso sería a la vez que la aparición de Witchboard, pues también aparecieron los clips de Whitesnake donde aparecía. Luego estuvo una temporada en el culebrón Santa Bárbara (Santa Barbara, 1984-93) y cayó en el pozo de pequeñas apariciones en series, doblaje de animación, las drogas y la cirugía plástica. Muy guay todo.

Witchboard. Juego diabólico, Kevin S. Tenney, Tawny Kitaen

Witchboard acabó siendo uno de esos casos 80teros, una película modesta (apenas 2 millones), que en cines hizo lo justo para triplicar su presupuesto (lo que no es mucho), pero que en su paso al videoclub se convirtió en un éxito. Aquí distribuida por una clásica de la época como CB Films con una no menos clásica carátula (el cartel de cine era bastante más ramplón).




 

Witchboard 2. La puerto del infierno, Witchboard 2: The Devil's DoorwayWitchboard 2. La puerto del infierno (Witchboard 2: The Devil's Doorway, 1993). Tenney seguía metido en el género del terror, pese a que siempre ha dicho que a él ni fu ni fa, y volvió a repetir con La noche de los demonios (Night of the demons, 1988) aquello de pasar de puntillas por los cines pero haciéndose de oro en los alquileres. Pero Witchtrap. El espíritu de la mansión de los Lauter (Witchtrap, 1989), su siguiente película aquí distribuida por la temible Recordvisión, ya no funcionó tan bien, al igual que El sotano prohibido (The cellar, 1989). El pacificador (Peacemaker, 1990), su primera película no enmarcada en el terror, tampoco tuvo demasiada suerte ni repercusión, lo que hacía inevitable regresar a terreno conocido y facturar una secuela de Witchboard. El tema es que la secuela ya llevaba años rondando por su cabeza, pero la productora del primer film entró en problemas económicos y hasta que los capitostes no formaron otra productora el proyecto quedó congelado. Después, el primer guión que fue rechazado y acabaron con uno demasiado parecido al del primer film. Aquí una chica alquila un apartamento donde se encuentra una tabla ouija y empieza a entablar conversaciones con un espíritu que dice ser de la anterior chica que habitaba ese apartamento y fue asesinada.
Sigue la música estilo Goblin que, por momentos, parece saqueada de Suspiria (Suspiria, 1977), al igual que permanece mucho movimiento de cámara sinuoso y en primera persona -hay una escena muy buena que la cámara entra en una casa por una ventana que puede recordar a la famosa escena de Tenebre (Tenebre, 1982). Pero por lo general poca cosa se puede salvar, con mucho momento hilarante (la primera muerte, con objetos punzantes volando por la habitación y la sierra siguiendo a un orondo bigotudo es ridícula). 

También tenemos momentos para el cachondeo premeditado. Si en la primera estaba el personaje de la médium aquí hay un ocultista judío que dice que los espíritus se aburren mucho y por eso quieren hablar con nosotros los vivos. Y que en el mas allá el sexo vende. Pues eso.
En el cast tenemos como protagonista a Ami Dolenz, una scream queen de bajos vuelos que vimos en Pacto de sangre 2. La maldición de la bruja (Pumpkinhead II: Blood Wings, 1993).
En USA apenas tuvo distribución en cines y aquí nunca conoció distribución ni siquiera en mercado doméstico.



Witchboard 3. La posesión, Witchboard 3. The possession
Witchboard 3. La posesión (Witchboard 3. The possession, 1995). Un bróker engominado que no gana un céntimo en la bolsa se entera que su arrendador saca dinero a espuertas en la bolsa gracias a que un espíritu le indica donde invertir a través de la ouija. El arrendatario, que tiene un cáncer terminal, se suicida y el bróker se queda la ouija y el contacto del espíritu. Al final el tipo es poseído por un espíritu y su alma atrapada en un espejo... simplemente terrible.
Aquí apareció directamente en Dvd en esa especie de segunda juventud que tuvieron los videoclubs hace una década con el boom del formato, cuando todo el mundo los coleccionaba. Un Dvd que rápidamente acabó en las cesta de saldo y que acabaría regalando la revista Tiempo.
Efectos digitales más cutres que un episodio malo de los Power Rangers. Una trama que hace aguas por todos lados. ¿Al tipo casi lo dan por muerto y en lugar de llevarlo a un hospital lo dejan en su casa y un buen día recobra la conciencia? ¡No me jodas! Luego viene lo mejor, el tipo, una vez poseído empieza a cortejar a su mujer, le regala flores y ¡un coche!, además de darle mandanga todas las noche, y la tipa está con la mosca detrás de la oreja y decide investigar qué le pasa a su marido. Por momentos parece una mala copia de La semilla del diablo (Rosemary's baby, 1968). Aquí Kevin Tenney quedó relegado al guión y la dirección pasó a manos de un tal Peter Svatek, un tipo que ha hecho mucha mierda en Canadá y que, quizá, solamente sea relevante Hemoglobina (Bleeders, 1997) con Rutger Hauer.

La segunda parte era mala, de esas que te ofende y te jode haber invertido 90 minutos de tu existencia, pero esta tercera entrega es tan inmensamente mala que no puedes evitar reírte ante tanto despropósito. Aunque las carcajadas se las llevan los efectos digitales. Recordemos que estábamos en 1995 y para hacer algo con cara y ojos había que meter mucha pasta, cosa que Witchboard 3 no tiene ni por asomo (básicamente tenían 2 miserables millones).

Y la cosa se quedó ahí hasta que algún iluminado decida hacer le consiguiente remake.

jueves, junio 23, 2016

Freejack. Sin identidad

Freejack, sin identidad, Emilio Estevez, Rene Russo, Mick Jagger, Anthony Hopkins, Ronald Shusett

En algún momento de finales de los 80 alguien debió pensar que Emilio Estevez tenía potencial para ser lanzado al estrellato del firmamento hollywoodiense. Quizá fuese el éxito del díptico Arma joven (Young guns, 1988) o yo qué sé. La cuestión es que si en algún momento pudo dar el salto a esa primera división con Freejack. Sin identidad (Freejack, 1992) todo se fue al traste.

Estevez ejerce aquí de un piloto de ¿Fórmula 1? que duerme con Rene Russo y se dicen tonterías de pitiminí. El tipo, que se las veía muy felices, se revienta la crisma contra un muro durante una carrera, pero no encuentran ni un pedacito de él entre los restos del monoplaza. Como si se hubiese volatilizado. Paralelamente, Estevez despierta en una especie de laboratorio del que consigue escapar, para descubrir que el mundo ya no es como él recordaba.



Freejack, sin identidad, Emilio Estevez, Rene Russo, Mick Jagger, Anthony Hopkins, Ronald Shusett

Quizá lo mejor sería no destripar más el argumento y dejar la sinopsis ahí, pero entonces yo no tendría demasiado de qué escribir y la película podría parecer más interesante de lo que realmente es. Así que vamos con los spoilers. Lo que realmente le ha pasado a nuestro amigo Estevez es que ha sido transportado a un futuro 2009. Según nos explican, ahí las cosas están muy jodidas (en esto acertaron), los ricos son muy ricos y el resto más pobres que Carpanta. La contaminación ha degenerado al planeta y bañarse en cualquier riachuelo es sinónimo de muerte. Además, existe una tecnología que permite pasar la conciencia de un individuo a otro y que es utilizada por los ricos para, una vez que su cuerpo ha envejecido, pasarse a uno más joven y sano para ir viviendo eternamente. Pero claro, como ahí casi todo el mundo está muy jodido por el tema de la polución, no encuentran "donantes" de calidad, así que se les ocurre un buen sistema: como, casualmente, también tienen una máquina del tiempo, viajan hasta una fracción de segundo antes que alguien tenga un accidente y roban el cuerpo. Y, efectivamente, eso es lo que habían hecho con el pobre Emilio. El problema es que su "secuestro" sale mal porque hay una conspiración contra un millonetis y bla, bla, bla...

La película está basada en Immortality Inc. (1959) —del que no tengo constancia que se editara en castellano— el primer libro de Robert Sheckley, del que ya dimos cuenta en la reseña de El precio del peligro (Le prix du danger, 1983) y como curiosidad tiene otra novela, Trueque mental (Mindswap, 1965), con ciertos paralelismos en la que en el futuro la forma más rápida de viajar a otros mundos es intercambiando la conciencia con individuos de otros planetas, y que fue fusilada sin miramientos en Xchange (Xchange, 2001).


Freejack, sin identidad, Emilio Estevez, Rene Russo, Mick Jagger, Anthony Hopkins, Ronald Shusett

Volviendo a Freejack. Tenemos un futuro 2009 tirando a cutrillo. Las zonas pobres no tienen ningún problema en recrearlas, básicamente es poner mucha suciedad y personas harapientas. El problema, como suele pasar en este tipo de películas, es todo lo que tenga que ver con el futuro y sus nuevas tecnologías. Los coches parecen consoladores de diseño y otros deben ser reciclados de Mad Max, y todo el rollo de las puertas que se abren de forma automática ya olía a naftalina en la época. Y pese a que visualmente la cosa no da el tipo, se gastaron un pastón (cerca de 30 millones de dólares) que, al parecer, se infló porque las proyecciones de prueba fueron tan desastrosas que tuvieron que volver a rodar muchas escenas.

Y es que es una pena que un punto de partida tan interesante acabase cayendo en el clásico producto hollywodiense donde el prota es constantemente perseguido y no sabe de quien fiarse mientras se pasea por unos cromas infectos.

 
Freejack, sin identidad, Emilio Estevez, Rene Russo, Mick Jagger, Anthony Hopkins, Ronald Shusett

¿El director? Geoff Murphy que ni lo conocerás, pero que es un neozelandés que dirigió la cult movie El único superviviente (The quieth earth, 1985); Intrépidos forajidos (Young guns II, 1990), que es como se título la secuela de Arma joven por estos lares; y su casi asentamiento en la industria hollywoodense Alerta máxima 2 (Under siege 2: dark territory, 1995), que como no recaudó lo esperado se volvió a productos de serie B como Fortaleza infernal 2 (Fortress, 2000) o telefilms en su Nueva Zelanda natal. Cosa que le valió para dirigir la segunda unidad de la trilogía de El señor de los anillos (Lord of the rings, 2001).

En el cast es donde tenemos la parte divertida. Además de Emilio Estevez, tenemos a Rene Russo, que luce exactamente igual en la escenas de 1991 y las de 2009, ni un triste maquillaje para envejecerla; Amanda Plummer haciendo de monja pistolera; David Johansen, cantante de los New York Dolls y que te sonará más por ser el fantasma taxista de Los fantasmas atacan al jefe (Scrooged, 1988); Jerry Hall, la novia desfigurada del Joker en Batman (Batman, 1989) y que era la pareja en la vida real de Mick Jagger, que aquí ejerce de policía perseguidor de Emilio Estevez. Y también tenemos a Anthony Hopkins, que por mucho que salga en el cartel no lo vemos ni 15 minutos en pantalla.



martes, junio 14, 2016

El más allá

El más allá, Lucio Fulci, Catriona MacColl


Para una mayoría (en la que no me incluyo) El más 
allá (...E tu vivrai nel terrore! L'aldilà, 1981) es considera la obra maestra de Lucio Fulci. Un film que es un sinsentido, con más ganas de meter estampas sangrientas e impactantes que de explicar una historia.


Poco importa que el director italiano empezara dirigiendo comedias (muchas a mayor gloria del duplo Franco Franchi y Ciccio Ingrassia), musicales (con Adriano Celentano), dramas de época, euro western o giallo, Fulci siempre será recordado por el terror más gráfico, con sangre, higadillos y ojos reventados que dio el pistoletazo de salida en su filmografía con Nueva York bajo el terror de los zombi (Zombie 2, 1979), un exploit puro y duro del Zombi (Dawn of the dead, 1978) de Romero y producido por Argento, lo que hizo que los italianos se enemistaran durante años, hasta que, a principios de los 90, limaron asperezas e iban a colaborar en una nueva versión de El museo de cera (Maschera di cera, 1997), con Fulci escribiendo y dirigiendo y Argento produciendo. Pero Fulci murió antes de empezar a filmar y la dirección recayó en Sergio Stivaletti.
 
El más allá, Lucio Fulci, Catriona MacColl

Volviendo a El más allá. Catriona MacColl hereda un viejo hotel en Orleans, el cual se dedica a restaurar pese a las advertencias de una chica ciega del pueblo que se marche de allí. Lo que ella no sabe es que el hotel está construido sobre una de las 7 puertas al infierno, lo que provocará que la gente del hotel vaya muriendo y nuestra protagonista empiece a tener la visita de muertos vivientes.
El más allá, Lucio Fulci, Catriona MacColl
Hablar (o escribir) del argumento del film es tremendamente complicado, el propio Fulci comentaba que la película no tiene argumento, que no hay que buscarle lógica. Es por eso que para algunos (por ejemplo, los que lo flipen con Lynch) podrán sacarle partido a un extraño argumento que, seguramente, ayudado por un director no demasiado interesado en hacerse entender, da para mil y una teorías. Un pintor que descubre la puerta y pinta cuadros del infierno, un libro que deja ciegos a los que lo leen, muertos que aparecen a la que menos te lo esperas... Sin duda un espectáculo difícil de digerir a los que no les guste dar demasiadas vueltas a las historias y mucho menos a los de estómago sensible. Sin duda, el festival gore y salvaje hará las delicias de los fans del gore y las burradas sangientas. El propio Fulci reconocía que alguna escena se añadía a última hora según lo que se encontraran en el set. Como ese prólogo asepiado donde unos hombres antorcha en ristre recorren un lago para romperle los dientes al pintor, que se ingenió cuando el director y Salvati, el guionista, se toparon el lago delante de la casa donde rodaban. O ese final que tenía que ocurrir en un parque de atracciones que por cuestiones presupuestarias mutó a uno que ha quedado en la imaginería del fantástico itlaiano.

El más allá, Lucio Fulci, Catriona MacColl

Además de Catriona MacColl (aunque la primera opción como protagonista fue Tisa Farrow, hermana de Mia Farrow que ya había trabajado con el director en Nueva York bajo el terror de los zombies -Zombie 2, 1979-, Fulci tuvo que descartarla porque había abandonado el mundo de la actuación reciclándose a taxista -!!!-), tenemos por ahí al neozelandés David Warbeck, bastante afincado al cine italiano; Cinzia Monreale, que luego vimos en otro Fulci como Roma, año 2072 D.C.: los gladiadores (I guerrieri dell'anno 2072, 1984); Al Cliver, otro afincado al fantástico italiano; y una pequeña aparición del propio Fulci haciendo de librero sindicalista.

En los efectos Germano Natali, un clásico que ha hecho salvajadas sangrientas surgidas de las mentes enfermas de Argento, Fulci, Deodato, Lamberto Bava, Castellari o Cozzi.


viernes, junio 03, 2016

El precio del peligro

El precio del peligro, Le prix du danger, 1983, Yves Boisset, Robert Sheckley,  Michel Piccoli

En una Francia asolada por la crisis, con 5 millones de parados, lo único que mantiene a la masa aborregada es un concurso televisivo en el que un hombre será perseguido por 5 asesinos por toda la ciudad. Si consigue permanecer con vida tendrá derecho al premio: 1 millón de dólares.

El precio del peligro, Le prix du danger, 1983, Yves Boisset, Robert Sheckley,  Michel Piccoli

Más de uno habrá pensado ipsofacto en Perseguido (The running man, 1987). Y es que la novela en la que se basa la película protagonizada por nuestro austriaco favorito siempre fue acusada de saquear The Prize of Perill de Robert Sheckley, que es el punto de partida de este El precio del peligro (Le prix du danger, 1983). No olvidemos que esa novela era El fugitivo (The running man, 1982) y el autor un tal Richard Buchman, seudónimo de Stephen King. Aunque, como ya comenté, Perseguido era una versión muy libre y de donde realmente se inspiraba (entiéndase "plagiaba") era de Roma, año 2072 D.C.: los gladiadores (I guerrieri dell'anno 2072, 1984) de Fulci.

El precio del peligro, Le prix du danger, 1983, Yves Boisset, Robert Sheckley,  Michel Piccoli

Le prize of perill, versión libro, viene firmado por Robert Sheckley, un viejo conocido de este blog. Afincado en la ciencia ficción sus obras dieron pie a adaptaciones cinematográfica como Freejack: sin identidad (Freejack, 1992) —aquella de Emilio Estevez y Mick Jagger—; o la mismísima Condorman (Condorman, 1981), de la que el propio autor, a modo de cierre del círculo, se responsabilizaría de la adaptación literaria. Es decir, escribió el libro original y luego hizo lo mismo con la novelización de la película. Cosa no rara en él, pues hizo lo mismo en La víctima número 10 (La decima vittima, 1965) —un rollazo con alguna idea curiosa protagonizada por Ursula Andress y Marcello Mastroianni—, que estaba basada en su relato Seventh victim (1953).

El precio del peligro, Le prix du danger, 1983, Yves Boisset, Robert Sheckley,  Michel Piccoli


A diferencia de Perseguido, El precio del peligro es una película mucho menos enfocada a la acción y más a la crítica social, dando énfasis a la deshumanización de la sociedad. Mítica es esa escena que abre el film donde vemos la persecución y posterior ejecución a un concursante, y a su mujer, que está en plató, le dan un premio de consolación mientras llora y rie a la vez. Aquí también tenemos a un maqueavélico presentador, interpretado por Michell Piccoli, que lo único que quiere es sumar cuanta más audiencia mejor, sin importarle la muerte de los concursantes.

Como comentaba, aquí la acción es poca y nada espectacular, limitándose a ver al concursante huir por la ciudad. Y aunque visualmente está muy limitada, tiene cierto tufillo futurista, pues, pese a que no se dice en que año sucede la acción, algunas localizaciones tienen un diseño muy moderno. Algo así como ya hiciera la propia Perseguido o Robocop (Robocop, 1987).

El precio del peligro, Le prix du danger, 1983, Yves Boisset, Robert Sheckley,  Michel Piccoli

Al final lo que tenemos es una crítica social, algo encorsetada por (presupongo) un presupuesto limitado. El que quiera ver eso, aquí lo tiene, y el que quiera ver acción tiene la versión de Arnie. Todos contentos.

Como curiosidad, una década antes hubo otra adaptación, en este caso un telefilm alemán titulado Das Millionenspiel (1970).

domingo, mayo 22, 2016

Clifford

Clifford, Martin Short, Charles Grodin

Hay alguna extraña fijación en el ser humano para encontrar gracioso que un adulto se disfrace de niño y actúe como tal. Pero ni tenía gracia el Chavo del 8 ni Pequeño pero matón (Littleman, 2006) y mucho menos Jaimito Borromeo. Lo cierto es que es algo que da mal rollo, como esos fetichistas que se disfrazan. Todo muy sórdido.

Y, por supuesto, que ni pizca de gracia tiene la película que hoy nos toca comentar: Clifford (Clifford, 1994).

Un film que podríamos pensar que nace para chupar del éxito de Este chico es un demonio (Problem child, 1990) o Solo en casa, (Home alone, 1990) y su concepto "comedia con niño cabrón". Pero lo cierto es que Clifford se rodó en 1990, pero durmiendo en el limbo hasta 1994 por la misma razón que lo hiciera Robocop 3 (Robocop 3, 1993). La Orion estaba al borde de la quiebra y no tenía un chavo para estrenar las producciones que ya tenía acabadas.


Clifford, Martin Short, Charles Grodin

Pero a diferencia de los otros films de "niños cabrones", el film fue un descalabro en su norteamerica natal, haciendo que en la mayoría de países se estrenase directamente a vídeo.


El tono de la película no llega a ser tan cabrón como para hacer el deleite del público adulto, pero tampoco es tan light como para contentar a los infantes, y menos con las caras lascivas de Michael Short, que más que divertir le da un toque sórdido y malrollista. Porque el protagonista es un niño hijoputesco que lo único que quiere es ir a un estúpido parque temático de dinosaurios, y para ello hará lo que sea. Desde provocar un aterrizaje de emergencia en el avión en el que va, pagar a un niño para que le dé su disfraz y poder meterse en el coche de otra familia o destrozar el proyecto laboral de su tío.


Clifford, Martin Short, Charles Grodin

Ver a Martin Short (que tiene cojones su apellido) disfrazado de Zipi y Zape y perspectiva forzada para enfatizar su baja estatura (lo que hace que el resto del cast esté mirando al infinito mientras le hablan) mientras pone caras de querer cepillarse a la novia de su tío no es divertido. Y mucho menos divertido es ver a un Charles Grodin con su característica cara de perro cabreado.
 
Clifford, Martin Short, Charles Grodin

Tampoco tiene ningún sentido que todo el film sea un flashback, empezando en el año 2050 cuando el personaje de Short es un cura viejales que está en un horfanato y le cuenta su vida a Ben Savaje (hermano del prota de Aquellos maravillosos años y que lo vimos en Yo y el mundo). Detalle que no tiene ningún sentido salvo que veamos a Short maquillado. Un desastre, vamos.

Tampoco me gustaría olvidarme de las diferentes carátulas con las que ha sido editada a lo largo de los años. Para empezar, la de VHS (que es la que tuvimos aquí) vemos al prota junto a una caseta de perro que nos da a entender que se dedica a putear a un perrete, y luego resulta que aparece un perro 10 segundos y nunca más lo volvemos a ver. 
Luego la edición yanki en DVD (porque aquí nunca más se volvió a editar), además de lucir uno de los "cortar y pegar" más infame de la cabeza de los prota, aparece una casa en llamas que, evidentemente, tampoco tiene nada que ver con la película.
Y para el final dejo el póster cinematográfico USA, más horripilante todavía que el anterior. Los famosos carteles de Ghana que están tan de moda ahora, son una maravilla del arte gráfico en comparación.
 
Clifford, Martin Short, Charles Grodin

Clifford tiene algún detallito que apuntaba que era más divertida sobre el papel a lo que luego se vio en pantalla, pero eso no es suficiente para salvar el bochorno que es aguantar este invento surgido del averno.

lunes, mayo 16, 2016

Hot to trot. Un caballo en la bolsa

Hot to trot. Un caballo en la bolsa, Bobcat Goldthwait, Virgina Madsen, Dabney Coleman, Michael Dinner

Si te digo el nombre de Bobcat Goldthwait lo más normal es que no te suene de nada. En cambio, si te digo Zed, el heavy gritón que acaba siendo poli en Loca academia de policía 2: Su primera misión (Police Academy 2: Their First Assignmen, 1985), la cosa te sonará más. Y si tampoco te suena, enciende tu Playstation y sigue jugando al Fifa o lo que te venga de gusto.

Bobcat Goldthwait,
era el clásico cómico de stand up que alguien decidió darle una oportunidad como secundario en comedias. Ya fuese en la comentada Loca academia de policía y secuelas, o La ratera (Burglar, 1987), una de aquellas 80teras para lucimiento de Whoopie Goldberg. Y, como es natural, llegó el momento de ser protagonista absoluto, con una película que él mismo ha reconocido que el guión le pareció una basura pero que el cheque era lo suficientemente generoso para hacer de tripas corazón.


Hot to trot. Un caballo en la bolsa, Bobcat Goldthwait, Virgina Madsen, Dabney Coleman, Michael Dinner

El argumento es tan estúpido como lo que suena a continuación: un tontolaba (en la película le legan a llamar mongólico) recibe como herencia de su madre recien fallecida el 50% de una importante empresa de bolsa y un caballo. El otro 50% de la empresa es de su padrastro un cabronazo que lo único que quiere es conseguir el otro 50% y mandar a su hijastro a freír espárragos. El tontolaba decide no vender su parte del negocio y se queda como bróker, pero, evidentemente, el tipo no sabe nada del negocio. Para su suerte, el caballo que recibe en la herencia es un equino parlante que escucha una conversación en los establos que hará que su nuevo dueña lo pete en la bolsa.


 Hot to trot. Un caballo en la bolsa, Bobcat Goldthwait, Virgina Madsen, Dabney Coleman, Michael Dinner

Así tal cual. Una patochada de tomo y lomo que en los USA cosechó un fracaso, apenas recaudó la mitad de los 10 millones que costó. Y realmente no tiene mucho interés, salvo por algunos detalles que envuelven a la producción.

Por un lado el proyecto fue ofrecido al mismísimo Tim Burton, que acaba de tener un relativo éxito con La gran aventura de Pee-Wee (Pee-Wee's big adventure, 1985) y comenzaron a ofrecerle comedias. Según el propio Burton, estuvo dando vueltas al guión de Un caballo en la bolsa para ver como podía sacar algo de ahí y cuando se dio cuenta ya la habían estrenado. Posiblemente uno de los detalles que quedó en la producción de cuando el director de Batman (Batman, 1989) estaba en la producción fue la elección de Danny Elfman en la banda sonora. Aunque el trabajo del compositor es más bien anecdótico, porque música incidental hay más bien poca, con cierto toque a Bitelchús (Beetlejuice, 1988), que es del mismo año. Sin duda, Burton tuvo buen olfato para dejar de lado esta patochada y decantarse por la película del bio exorcista.


Hot to trot. Un caballo en la bolsa, Bobcat Goldthwait, Virgina Madsen, Dabney Coleman, Michael Dinner

Otra de las curiosidades es que la voz del caballo corría a cargo de Elliot Gould, pero los pases de prueba fueron tan desastrosos que decidieron sustituirlo por John Candy, que se dedicó a improvisar la mayoría de sus diálogos. Quizá en la VOSE la cosa quedaría graciosa, pero en la doblada la cosa está totalmente descafeinada, pues aquí el film se estrenó directamente a vídeo, lo que le otorga un doblaje de segunda fila. Ni siquiera el doblador de Goldthwait saca partido a las exageraciones del actor.

En el resto del reparto destacar a una florero Virgina Madsen, Dabney Coleman, Burgess Meredith (poniendo la voz al padre del caballo) y breves apariciones de Tim Kazurinsky (el poli pequeñajo de Loca academia de policía) y Gilbert Gottfried (un secundario de infinidad de comedietas).


Hot to trot. Un caballo en la bolsa, Bobcat Goldthwait, Virgina Madsen, Dabney Coleman, Michael Dinner

Por lo demás, un bodrio de aquellos que salían directamente en VHS, y que apenas son 80 minutos de metraje, pero se vuelven tediosos y desesperante. Aun y así, hay algún atisbo de gracietas como esa familia de caballos que en lugar de tener una herradura en la entrada tienen un zapato o el padre que se reencarna en mosca (que en su primera aparición recuerda a la mosca de Bitelchús). Pero ni por esas merece la pena perder el tiempo en su visionado.

El fracaso de Un caballo en la bolsa truncó la carrera de Bobcat Goldthwait como actor, relegándole a apariciones esporádicas en series de televisión, pequeños papeles en películas muy de vez en cuando, y mucho, muchísimo doblaje en dibujos animados. En cambio, empezó una carrera como director que, en general, le ha dado bastantes buenas críticas.



domingo, mayo 08, 2016

Creepshow

creepshow, george a. romero, stephen king, ec comics

Parece mentira que habiéndole dedicado una entrada a Creepshow 2 (Crepshow 2, 1987) no se le dedicara otra a la primera parte.

Lo que iba a ser una colaboración entre Stephen King y George A. Romero para llevar a la gran pantalla The Stand y ante la imposibilidad económica que el proyecto acabase en buen puerto, acabó derivando en un homenaje a los cómics de la EC que la pareja devoraban en su infancia.

Una antología de historias terroríficas que tenían un hilo conductor. Básicamente lo que hizo la Amicus años atrás, pero claro, estábamos saliendo de los 70 y la truculencia más gráfica hacía tiempo que se había instalado en nuestra vida cinematográfica (si no que se lo digan al propio Romero y su Zombi -Dawn of the dead, 1978), así que el tema era no cortarse un pelo a la hora de enseñar sangre, vísceras y lo que hiciera falta.

creepshow, george a. romero, stephen king, ec comics

Las historias las conocemos de sobra: la del día del padre, la caja, las cucarachas... Todas ellas con un reparto repleto de caras muy conocidas: Ed Harris (con su baile imposible), Adrian Barbeau, Leslie Nielsen en plan cabrón, Ted Danson, Tom Atkins, Hal Holbrook... y, por supuesto, el propio Stephen King.

Precisamente la historia de éste es la que nos lleva a la famosa anécdota que nos encontramos a los que vimos la película en su primera edición en VHS de la mano de Polygram, ya que no solamente cambiaron el orden de algunas historias, si no que fulminaron la que protagonizaba King. Y no fue hasta la edición que sacó Manga Films en los 90, que todo volvió a la normalidad y pudimos ver a King hacer el paleto (aunque yo vi este montaje por primera vez en un pase televisivo en algunos de los programas dedicados al cine fantástico/terror que hizo Álex Gorina en aquella década). Y esta edición de Manga nos regaló una de las carátulas más horrorosas que se recuerdan. No como el cartel original que mola muchísimo. Buenos ratos de mi infancia pasé embobado ante ese taquiller@, con el detalle de la ardilla en su bolsillo que no sabía si compadecerla o qué. Y si seguimos con el tema artístico, tampoco es menos mítica la versión cómic que dibujó Berni Wrighston (que luego seguiría enlazado a King en El ciclo del hombre lobo) y que también apareció por entregas en la Creppy de Toutain.

creepshow, george a. romero, stephen king, ec comics

Es imposible hablar de esta peli y no dejar caer cual es nuestra historia favorita. En mi caso siempre me he quedado con el segmento de La caja, que realmente son dos historias en una: la del marido que quiere deshacerse de su mujer (muy Hitchcock) y la del monstruo que habita una caja que está escondida en el hueco de una escalera. Una historia con un tempo pausado. Se toman su tiempo para abrir la caja. Y, pese a que sabemos de antemano que ahí hay algo y en cualquier momento hará aparición, nos mantiene en vilo y tensión. Lo peor es que vemos a la bestia de forma bastante clara y le quita puntos al asunto, pues, en el fondo, no es más que un mono con dientes afilados. 

creepshow, george a. romero, stephen king, ec comics

Creepshow es de aquellas que se facturaron en pleno estado de gracia de sus responsables, todo un homenaje al estilo cómic, con esa fotografía de Michael Gornick (que luego dirigiría la segunda parte pasando totalmente de estos recursos) llena de colorines chillones y con unas transiciones estilo viñetas. Los inevitables guiños al mundo de King (Castlerock), una banda sonora alucinante y, posiblemente la primera (¿y única?)  vez que vemos a un zombi con poderes telequinéticos. Si no como se explica la muerte de Ed Harris?

Como ya sabemos, en 1987 se facturó Creepshow 2, que si bien no llega a la genialidad de su antecesora, mantiene bastante bien el tipo; y ya en el nuevo milenio una tercera parte totalmente infecta de la que uno no sabe como un producto practicamente amateur pudo conseguir los derechos para usar el nombre. Y para no variar se prepara remake. Pero de momento lo que tendremos seguro en unos meses será Just desserts: The making of Creepshow, un Blu-Ray que nos explicará con pelos y señales la realización de Creepshow.

jueves, abril 21, 2016

El Daredevil 70tero


Aunque ahora a todo el mundo se le ponga dura con la adaptación televisiva de Daredevil de la mano de Netflix, hubo un tiempo (unos 40 años al pasado), cuando aquí al demonio rojo se le conocía como Dan Defensor, hubo un esteril intento de llevarlo a la pequeña pantalla.
1975 era una época donde Hulk, Wonder Woman o Spiderman tenían encarnaciones en carne y hueso en la pequeña pantalla, y alguién debió pensar que Daredevil también podía combatir el crimen en 625 líneas.



Angela Bowie, la que fuera primera mujer de David Bowie, compró los derechos de Daredevil y La viuda negra. Estos derechos expiraban en apenas 365 días, por lo que se puso las pilas e inicio movimientos para llevar a buen puerto el proyecto. Como mandaban los cánones de la época, todo pasaba por una sesión de fotos con los protagonistas que sería obra de Terry O'Neil. Por un lado, ella misma encarnaba a Black Widow. Para Daredevil se llamó al actor Ben Carruthers.
Este tipo con cara de Nicolas Cage no tuvo una carrera demasiado extensa, siendo Sombras (Shadows, 1959), su debut cinematográfico de la mano de John Cassavetes, y Doce del patíbulo (The dirty dozen, 1967) sus películas más famosas. Luego murio bastante joven a principios de los 80.

Como es sabido, la cosa no pasó de la sesión de fotos quedando en otro de los muchos proyectos fallidos de llevar a la caja tonta alguno de los superhéroes que llenaban de color las viñetas del papel podrido de Marvel y DC.

sábado, abril 02, 2016

Hero High

Hero High, Filmation, uper héroes, Escuela de héroes, El capitán California

Es curiosa la aceptación que debía tener la Filmation en este país en la ochentosa época del dorada del videoclub. La mayoría de sus series tuvieron presencia entre estuches y estuches de VHS y Betas. O tenían mucho éxito entre los infantes o los derechos de distribución estaban por los suelos.

Hero High, Filmation, uper héroes, Escuela de héroes, El capitán CaliforniaHero high partía (en la época) de una idea bastante novedosa: un instituto donde se impartía clase a jóvenes superhéroes que todavía no tenían totalmente desarrollados sus superpoderes. Una idea muy buena que traspasaba las clásicas historias de héroes que salvan el mundo de la amenaza del super villano de turno.
Algo así como un pre Watchmen pero totalmente naif. Idea esta del instituto que fue recogida (léase plagiada) en Sky High, una escuela de altos vuelos (Sky High, 2005), producción Disney con Kurt Russell y mini aparición de Bruce Campbell.


Nacida en 1981dentro del espacio The kid Super power hour with Shazam! para las ya clásicas mañanas de sábado, iba a ser otro derivado de Archie, pero problemas con los derechos hicieron que modificaran
Hero High, al igual que Mis queridos monstruos / Fantasmas marchosos / La familia Monsters / Groovi goolies, tiene firmato de sitcom. Supuestos gags (en su mayoría caídas y trompazos) que acaban con risas enlatadas. 

Como era habitual, varias distribuidoras sacaron sus recopilaciones y, como apuntaba antes con los Groovi Goolies, cada cual bajo un título diferente: Super héroes, Escuela de héroes o El capitán California (!!!!).

Hero High, Filmation, uper héroes, Escuela de héroes, El capitán CaliforniaLa serie está trufada con la característica común de la Filmation: el reciclaje. Ya fuese con la reutilización de secuencias o con efectos sonoros que nos sonará de otras series de la casa. Además, mucho primer plano de la jeta de los personajes para no tener que animar todo el cuerpo. 
Está claro que a la compañía de Lou Scheimer y Norm Prescott le importaba bien poco la calidad y mucho el facturar productos al menor coste.
La serie, como la mayoría de la productora, es olvidable más allá de alguna idea o el concepto. Visto un capítulo, visto todos.
Y para muestra un botón. Desde los estantes pútridos de alguna sucia habitación digitalizamos una no menos sucia y apolillada cinta magnetoscópica de la que seleccionamos el episodio Boo whoo.


viernes, marzo 25, 2016

Peligrosamente unidos

Peligrosamente unidos, Rutger Hauer, Mimi Rogers, Joan Chen, Lewis Teague

Entrados los 90, a Rutger Hauer comenzaban a quedarle lejos los tiempos en los que empezaba hacerse un hueco en la serie A de Hollywood. Ya a finales de los 80 comenzó a coquetear con la serie B que pasaba desapercibida en cines pero lo petaba en formato magnetoscopio: Carretera al infierno (The hitcher, 1986), Se busca vivo o muerto (Wanted: dead or alive, 1987), o aquel sosias de Daredevil llamado Nick Parker en Furia ciega (Blind fury, 1990). Y, además, si su poder de convocatoria disminuía para el público, sus posaderas aumentaban de forma inversamente proporcional. Sí, el tío se puso fanegas. Y encima con ese raro (d)efecto de cara normal y cuerpo gordo. Como cuando le cambiabas la cabeza a un Master del Universo y la colocabas en un cuerpo que no le correspondía.


Peligrosamente unidos, Rutger Hauer, Mimi Rogers, Joan Chen, Lewis Teague

Ya en esa etapa de gorduras y escaso tirón en las plateas, protagonizó esta Peligrosamente unidos (Wedlock, 1991), de la que todos recordamos el rollo de los collares que hacen explotar las cabezas, conexión directa con Perseguido (The running man, 1987) —que viendo como saqueó de Roma, año 2072 D.C.: los gladiadores (I guerrieri dell'anno 2072, 1984) de Fulci, a saber de dónde robó la idea de los collares— que, luego, se retomaría en Battle royale (Batoru Rowaiaru, 2001).

Aquí la cosa va de que, en algún momento del futuro, Rutger se asocia con James Remar
—uno de los The warriors. Los amos de la noche (The warriors, 1979)— y Joan Chen (de Twin Peaks) para robar unos diamantes. Después del robo y una persecución, pues el golpe casi se va a pique, se desvela que los compañeros de Rutger están compinchados y su intención es matarlo y quedarse con el botín que, salvo él, nadie sabe donde está. Al final los malos disparan al bueno, que acaba capturado por la policía y enviado a una cárcel de máxima seguridad, donde los presos llevan los famosos collares que están unidos con el de otro recluso (nadie sabe quién es su pareja de baile) y si alguno de los dos se aleja demasiado, explotan.

Peligrosamente unidos, Rutger Hauer, Mimi Rogers, Joan Chen, Lewis Teague

Pese a ser del 91, la película es puramente 80tera. Pero 80tera de las malas, de las que llegan a serie B por los pelos. Con unos medios muy justitos. Prueba de ello es que al principio nos indican que estamos en el futuro, aunque, salvo el tema de los collares, nada nos indica que estemos en tal época. Los coches son los que había en la época, la gente sale vestida igual, las casas son iguales... En definitiva, que se metieron un pegote.

Además, la historia es un 3 en 1. El prólogo es la parte del robo; luego, durante casi media peli, es del rollo carcelario, donde Rutger Hauer es martirizado por el alcaide y sus secuaces. Mítica es la escena donde lo llevan a una celda de aislamiento (básicamente un ataúd lleno de agua), a pasar varios días y el que lo putea abre la puerta y le mea encima. Y ya en el tramo final, una roadmovie donde el prota junto a Mimi Rogers escapan de los polis y los malos.


Peligrosamente unidos, Rutger Hauer, Mimi Rogers, Joan Chen, Lewis Teague

Y, como decía, la cosa se queda en algo nimio y fallido (pese a que la recordaba como una serie B divertida y entretenida), donde desde el principio te hueles los supuestos giros de guión, y con un Rutger Hauer que empezaría su decadencia física y fílmica. Lo mismo que su director, Lewis Teague, que estuvo detrás de cosas tan chulas como La bestia bajo el asfalto (Alligator, 1980), Los ojos del gato (Cat's eye, 1985) y cosas no tan chulas como Kamikaze Detroit (Collision course, 1989) o ese exploit indianajonesero de serie A llamado La joya del Nilo (The jewel of the Nile, 1985) —secuela de Tras el corazón verde (Romancing the stone, 1984)— y en los 90 se hundió en subproductos difíciles del digerir, siendo el film aquí comentado lo último que hizo para cine.


domingo, marzo 06, 2016

Antoni Gaudí. Una visión inacabada

Antoni Gaudí. Una visión inacabada, Jose Luis López Vázquez, John Alaimo

Digámoslo ya, Antoni Gaudí. Una visión inacabada es un coñazo de padre y muy señor mío. Todo su interés radica en su condición de film perdido durante décadas y del que poco menos que parecía una leyenda urbana.

Allá por principios de los 70 empezó el rodaje de este documental ficcionado de la mano de un tal John Alaimo, un norteamericano que en los 60 quedó maravillado de la obra de Gaudí en una visita a Barcelona. Sin demasiado bagaje en sus espaldas, escribió un guión que fue supervisado por Joan Bassegoda, un experto de Gaudí. Con un presupuesto mínimo, muy pocos actores, de los que apenas se puede destacar a Jose Luis López Vázquez encarnando al célebre arquitecto (aunque en un principio se pensaba en que fuera Fernando Rey el protagonista) y José María Lana como un joven arquitecto que tiene una serie de charlas con Gaudí.


Antoni Gaudí. Una visión inacabada, Jose Luis López Vázquez, John Alaimo

Y básicamente ese el argumento de la cinta, los últimos 2 días de vida de Gaudí antes que lo atropellase un tranvía. Todo ello basado en los apuntes que
Joan Bergós Massó, que fue colaborador de Gaudí, tomó en su día, con lo que se da por hecho que muchas de las explicaciones y teorías que va lanzando López Vázquez tienen una base real.

Rodada en apenas un par de semanas y en escenarios como La Sagrada Familia o la finca Güell. Claro, con el anacronismo que lo que vemos son las edificaciones de primeros de los 70, no tal como eran a mediados de los años 20. Aunque nadie se espere ver, al menos, la ciudad condal en los 70, porque el director se cuidó mucho que en pantalla se viese lo justo y necesario.

La cosa no pasó de alguna que otra proyección privada, porque más allá de que los responsables tuvieran la intención de darle una vida comercial en cines o en la televisión, el banco BBVA se quedó con los derechos de la obra ya que no pudieron devolver el crédito concedido (1 millón de las antiguas pesetas).

Así, el asunto quedó durante décadas como un film desconocido y del que poco se sabía, hasta que, casualidades o no de la vida,un par de días después de la muerte de Jose Luis López Vázquez en 2009, el historiador Carles Querol, que había estado trabajando para aquella entidad bancaria, salió a la palestra explicando como poseía las bobinas de una copia en 16 mm que se habían encontradocasi de manera casual.

A finales de 2010, el programa de TV3 30 minuts emitió un montage de 45 minutos con el material que había en esas polvorientas bobinas.

sábado, febrero 13, 2016

Pecker

Pecker, 1998, Edward Furlong, John Waters, Christina Ricci

En Baltimore, un chaval que responde al nombre de Pecker, pasa los días haciendo fotos con una vieja cámara que consiguió su madre, que regente una tienda de artúiculos usados. Ya sea fotografiando las hamburguesas que cocina en su cutre trabajo en una no menos cutre hamburguesería; a la gente con la que se va topando día sí, día también; a su mejor amigo mientras roba para él carretes Kodack; a su novia mientras controla a los clientes de la lavandería donde trabaja, o a los borrachuzos que frecuentan el bar de su padre. Básicamente, retrata la vida de su entorno.

Un buen día decide hacer una exposición de sus fotos en la hamburguesería, a la que asiste una marchante artística llegada desde Nueva York, que queda chipirifláutica con la obra del chaval y decide llevárselo a la gran manzana, causando un gran revuelo, no sólo en la vida de Peckerd, si no de los que aparecen en sus retratos.

 
Pecker, 1998, Edward Furlong, John Waters, Christina Ricci

Considerada como una obra menor dentro de la filmografía de John Waters, la cinta es hija de un tipo de cine que se usaba mucho en los 90 para llamar a los más jóvenes. Un estilo que bebía mucho de lo que había empezado a primeros de los 90 en la televisión con series como El mundo de Beakman (Beakman's world, 1992-97) o Parker Lewis (Parker Lewis Can't Lose, 1990-93), pero que, a su vez, bebía de los cartoons del a Warner o los Terry Toons. Luego esto se vio en cines como El cuchitril de Joe (Joe's apartment, 1996).

Pecker, 1998, Edward Furlong, John Waters, Christina Ricci

Waters venía de hacer Los asesinatos de mamá (Serial mom, 1994) y durante los siguientes 4 años intentó materializar el proyecto de Cecil B. Demente (Cecil B. DeMented, 2000), pero ante la imposibilidad de llevarlo a cabo, se decantó por filmar Pecker (Pecker, 1998). Cecil B. Demente acabaría siendo su siguiente film dos años después.
Con Pecker demostraba que había perdido su punch, y que la edad o lo que sea le quitó, en cierta forma, sus ganas de tocar lo que no suena. Seguía haciendo crítica, pero cuando es la Warner (New Line ya hacía años que había sido absorvida por la major) la que distribuye tu película, te lo miras todo con otros ojos e intentas que esa niña que se comporta como una auténtica yonki del azúcar acabe como un gag del que nadie pueda sentirse ofendido y hasta tu abuela se ría. Ahí tenemos ese final totalmente happy end que es repipi hasta el tuétano.


El cast está encabezado por Edward Furlong, deseoso de quitarse de encima la etiqueta de actor representativo de la estética grunge con personajes un tanto oscuros como los interpretados en Terminator 2. El juicio final (Terminator 2: a judgment day, 1991), Cementerio viviente 2 (Pet sematary II, 1992) o Juego mortal (Brainscan, 1994). Otra que aparece, y quizá también con ganas de quitarse el estigma del díptico de La familia Addams (The Addams family, 1991), la aquí todavía rolliza Christina Ricci. En roles más secundarios tenemos a Lily Taylor; Martha Plimpton, la Stef de Los goonies (The goonies, 1985); Lauren Hulsey, que luego la vimos en El libro de las sombras (Blair Witch 2, 2000) y que ahora está metida en los efectos especiales de los últimos blockbusters. Y no podían faltar las caras clásicas en la obra de Waters: Mink Stole, Mary Vivian Pearce, Patricia Hearst o Susan Lowe.
 
Pecker, 1998, Edward Furlong, John Waters, Christina Ricci

El propio Waters fantaseó durante la promoción de la película con una secuela donde, aprovechando el final, Pecker acaba llendo a Hollywood a rodar un film y acaba cocainómano perdido. Quien sabe cuanto de cachondeo o de verdad había en aquellas declaraciones. Lo que está claro es que el fracaso comercial del film (en USA no recaudó ni la mitad de los 6 millones que costó) cerró cualquier puerta a ningún tipo de continuación.