jueves, mayo 12, 2011

Casino Royale

Casino Royale, James Bond, Woody Allen, Orson Welles, Peter Sellers, David Niven
No soy un fiel seguidor de la saga Bond, aunque como todo hijo de vecino he visto alguna vez la mayoría de sus pelis. Además, tampoco coincido con la mayoría. Hasta hace poco Sean Connery me parecía el mejor, pero desde hace un par de pelis que Daniel Craig le ganó ese honorífico premio. En cuanto a pelis soy mucho más drástico, Al servicio secreto de su majestad con el vilipendiado George Lazenby (que no quiere decir que él me parezca un buen Bond) me parece muy buena, una película que rompía con el estilo anterior de Connery, siendo mucho más dramática. De la magnífica banda sonora de John Barry ni la mento porque hay que darle de comer aparte.
La otra entrega de Bond que me parece magnífica es Licencia para matar con el denostado de Timothy Dalton (que siempre me dio bastante penica), una peli bastante durilla y violenta. Igual también tengo buena opinión de ella porque la vi en pantalla grande de chavalín y esas cosas marcan.

Casino Royale, James Bond, Woody Allen, Orson Welles, Peter Sellers, David Niven
El Casino Royale de hace 5 años me parece un Bond magnífico (Quantum of Solace ya no me parece tan redonda), pero el otro Casino Royale, el de los sesenta, el más psicotrópico, el más cachondón, es merecedor de analizar.

Pero primero pongámonos en situación. Finales de los 60, ya se habían estrenado 4 films con Connery como protagonista (007 contra el Dr. No, Desde Rusia con amor, Goldfinger y Operación trueno) con excelentes resultados en taquilla. Charles Feldman (productor de Un tranvía llamado deseo o La tentación vive arriba, entre otras) tenía los derechos de Casino Royale, la primera novela donde aparece Bond, y piensa en asociarse con Broccoli y Saltzman (productores de la saga Bond), pero estos rechazan la propuesta. Así que ni corto ni perezoso Feldman decide producir él mismo el film, pero convirtiéndolo en una parodia al estilo El mundo está loco, loco, loco, ya que cree que de hacerlo en tono serio saldrá mal parado en comparación a los Bond de Connery.

Casino Royale, James Bond, Woody Allen, Orson Welles, Peter Sellers, David Niven
Casino Royale
acabó siendo una producción grandilocuente de lo más caótica que se ha hecho en el cine. Seis fueron los directores acreditados (John Huston, Ken Hughes, Robert Parrish, Val Guest, Josep McGrath y Richard Talmadge); una decena de guionistas, muchos de ellos sin acreditar (Billy Wilder, Woody Allen, Peter Sellers...) y un reparto de campanillas: David Niven (curiosamente era el actor que Fleming había pensado para interpretar a Bond), Peter Sellers, Deborah Kerr, Orson Welles, Ursula Andress, John Huston, Woody Allen, Jacqueline Bisset, Charles Boyer y cameos de Jean-Paul Belmondo, Richard Burton y Peter O'Toole, que actuó a cambio de una caja de champán. Tuvo un presupuesto de 6 millones de dólares (más que alto para la época) y acabó inflándose hasta los 12.

Casino Royale, James Bond, Woody Allen, Orson Welles, Peter Sellers, David Niven
Como comentaba antes el número de guionistas era estratosférico, básicamente por culpa de Peter Sellers, que era capaz de estar semanas sin aparecer por el plató y no paraba de quejarse del tono paródico del film (él quería enfocarlo de forma seria), por no hablar de sus continuos piques con Orson Welles. Sin ir más lejos la escena de la partida de poker que comparten los dos se rodó de forma separada para que no coincidieran.
El productor Charles Feldman tuvo un infarto que según él fue por culpa de Sellers.
Finalmente Sellers desertó del film, cosa que es muy evidente ya que desaparece porque sí en la película sin explicación alguna, hecho que hizo que el guión tuviera que irse reescribiendo sobre la marcha.
(Quien quiera saber un poco más de Sellers que se vea Llámame Peter, telefilm biográfico y edulcorado del actor).

Todos estos contratiempos hicieron que el rodaje se alargase hasta la extenuación. Como anécdota decir que Woody Allen se pasó semanas en el hotel por culpa del retraso, dándole tiempo a escribir los guiones de Los USA en zona rusa y Toma el dinero y corre, aparte de aprender a jugar al poker.

Casino Royale, James Bond, Woody Allen, Orson Welles, Peter Sellers, David Niven
La producción empezó a rodarse en enero de 1966 con vistas a estrenarse las navidades de ese año, pero todos esos problemas acabaron por retrasar el estreno a abril de 1967 (aquí se estrenaría en navidades de ¡1977!). Lo que hizo que coincidiera en taquilla con Sólo se vive dos veces, y, aunque parezca mentira, a Casino Royale no le fue excesivamente mal en taquilla, sin ser un exitazo amasó más de 40 millones.

Casino Royale, James Bond, Woody Allen, Orson Welles, Peter Sellers, David Niven
Como he comentado, el baile de guionistas y directores no le hicieron mucho bien a la película. Sobre todo en su argumento, totalmente caótico y alocado. Aquí la historia es que el auténtico James Bond vive retirado mientras el gobierno tiene a otros agentes secretos denominados 007 simplemente para que el enemigo siga pensando que el auténtico Bond sigue en activo. Pues bien, un buen día el Bond original es reclamado por las autoridades inglesas para que vuelva y tome parte en la lucha contra Smersh, una organización criminal liderada por el doctor Nah (aunque en el doblaje al castellano se cargaron el nombre paródico y le pusieron un Dr. No).
Al final todo acaba como una historieta de Mortadelo y Filemón, o mejor dicho, ya que estamos hablando del icono inglés por antonomasia, como un episodio de Benny Hill, todos corriendo detrás de todos. Esos últimos minutos (que tardaron 6 semanas en rodarlos) son un claro reflejo de lo que fue la elaboración del film, una locura.


Si alguien se espera que el film siga el argumento de la novela mejor que se revise el Casino Royale del 2006, porque aquí no hay apenas nada salvo algunas pequeñas referencias como la partida de póker entre Bond y Le Chiffre. Precisa e irónicamente es esa parte mucho más seria y sin tantas estridencias, donde toma protagonismo Peter Sellers, la mejor del film.
Casino Royale es un film totalmente fallido, el caos reinante durante la producción se evidencía durante todo el metraje. Al final acaba siendo un producto para completistas de James Bond y los que se quedaron con ganas de más Austin Powers, eso sí, con un tono kitsh totalmente auténtico y genuino, y una banda sonora para poner en los altares.

martes, mayo 10, 2011

Cluedo. El juego de la sospecha

Cluedo. El juego de la sospecha, Tim Curry, Christopher Lloyd, John Landis
Cluedo. El juego de la sospecha es la primera película basada en un juego de mesa, que fue lanzado por Parker (años atrás MB) y se creó allá por finales de los 40 en Inglaterra.
La historia del juego no era más que una forma de trasladar las novelas de misterio estilo Agatha Christie al tablero. Aquí teníamos la historia de una mansión con sus 9 habitaciones, 6 jugadores/sospechosos y 6 armas del crimen.

La película básicamente sigue el esquema básico pero se toma muchas licencias. Desde algunos nombres de los sospechosos, como el desarrollo de la historia. Pero el esquema básico se mantiene: grupo de desconocidos que han sido invitados a una lúgubre mansión donde el anfitrión, que les está chantajeando a todos, aparece asesinado.

Cluedo. El juego de la sospecha, Tim Curry, Christopher Lloyd, John Landis
Efectivamente, a película tiene un tufo muy importante a Un cadáver a los postres. Pero a diferencia de ésta es menos divertida. Seguramente el hecho de ser inglesa le da un tono de humor negrísimo, mientras que Cluedo es puramente americana pese a que el director es inglés.

Una de las originalidades del film es que no solamente tenía un final, si no que tenía 3.
Además se llegó a filmar un cuarto, pero los responsables de la película pensaron que se alejaba demasiado del tono paródico del resto del metraje ya que tenía un tono mucho más serio y lo desecharon.
En el momento de su estreno americano se proyectaba solamente uno de los finales, así que según a que cine ibas te podías encontrar un final u otro, algo así como hicieron hace unos añitos con El escondite, la de Robert De Niro.

Cluedo. El juego de la sospecha, Tim Curry, Christopher Lloyd, John Landis
El director fue Jonathan Lynn, que debutaba así en el cine después de tener a sus espaldas multitud de guiones de episodios de series escritos. Luego dirigiría películas bastante conocidas pero bastante flojitas: Mi primo Vinny, Su distinguida señoría, Los codiciosos o Falsas apariencias.

Pero más interesante me parece algunos otros nombres que aparecen como responsables del film: John Landis, que junto a Lynn estuvo detrás del guión y fue productor; Debra Hill, productora de varios films de John Carpenter (La noche de Halloween, La niebla, 1997: Rescate en Nueva York); y la parejita formada por Jon Peters y Peter Guber, productores del primer Batman.

Cluedo. El juego de la sospecha, Tim Curry, Christopher Lloyd, John Landis
Una de las gracias de Cluedo, que pasó muy de puntillas por la taquilla, donde apenas recuperó los 15 millones que costó, es su reparto, que si bien no es de nombres muy conocidos sí lo son sus caras: Tim Curry, el eterno rostro extraño que vivió días de gloria en The Rocky Horror picture show, Legend e It; Eileen Brennan, que era la pareja de Peter Falk en Un cadáver a los postres; Christopher Lloyd, el archiconocido doctor Emmett Brown de Regreso al futuro; Martin Mull, del que ya dimos buena cuenta en Las locas peripecias de un señor mamá; o Madeline Kahn, la novia del monstruo en El jovencito Frankenstein o también vista y nominada en Luna de papel.

Cluedo. El juego de la sospecha, Tim Curry, Christopher Lloyd, John Landis
Hace varios años que vi la película por primera vez y me decepcionó bastante. Me esperaba algo más cercano a Un cadáver a los postres y me encontré una película con un humor más americano, más cercano al slapstick, que al soterrado del film de Robert Moore. Y en el último visionado me ha entrado algo mejor, continuo viéndola demasiado desaprovechada, pero aún y así tiene su gracia, su ritmo trepidante y un buen reparto que hacen que el sabor de boca no sea excesivamente amargo.

viernes, mayo 06, 2011

Adiós tiburón

Adiós tiburón, Josema Yuste, Martes y 13
Sí, lo sé, el cartel que abre esta reseña produce diarrea mental, cosa que hay que agradecer porque así los ingenuos que fueron al cine a verla (más bien pocos) no se debieron sentir engañados. Una "joyita" procedente del inframundo donde se crean maravillas como Supernova.

Aunque Martes y 13 (cuando eran 3) ya habían hecho sus películas (Martes y trece ni te cases ni te embarques y La loca historia de los tres mosqueteros) no fue hasta que fueron dos que consiguieron un éxito desmedido en televisión gracias a las empanadillas de Móstoles a mediados de los 80. A partir de ahí fueron los reyes de las campanadas de fin de año.
Ya en los 90 corrió una fiebre por hacer una película con los cómicos del momento: Cruz y raya tuvieron Ni se te ocurra (dejar de verla) y los Morancos Sevilla connection. Las dos pasaron con más pena de gloria en su intento de emular el éxito que habían cosechado Martes y 13 en el 90 con Aquí huele a muerto... (¡pues yo no he sido!), que recaudó 3 millones de euros, y un año después con El robobo de la jojoya, que amasó casi 3,5 millones.
Luego, como todos sabemos, Josema y Millán acabaron partiendo peras, aunque tuvieron que seguir haciendo algún que otro especial de noche vieja por aquellas cosas de los contratos.

Adiós tiburón, Josema Yuste, Martes y 13
Adiós tiburón
fue la primera película de Josema en solitario.
Aquí interpreta a un broker (que ya me dirás que hace Josema haciendo de malote cuando tiene cara de no matar una mosca) llamado el Tiburón del Tibidabo, que invierte un pastizal en un medicamento que todavía está en fase de preparación. El químico que lo está fabricando muere asesinado y las acciones caen en picado, cosa que hace que Josema acabe en la calle sin un céntimo. Por una serie de historietas acaba en un hospital donde se acaban cruzando el hermano del investigador asesinado, unos que quieren la fórmula del medicamento y un grupo de pacientes tocados del ala.

Rodada en Barcelona, gran parte de ella en el hospital de Terrassa, bajo la dirección de Carlos Suárez, director y guionista del díptico sobre las aventuras de Makinavaja, y que tiene algo más de prestigio como director de fotografía (la trilogía de Nacional de Berlanga, Sinatra, Tuno negro, Dagón...).
Suárez decía que le gustaría hacer películas de autor, pero como eso no da dinero hace comedias y el mono de films con más prestigio se lo quita como director de fotografía.

Adiós tiburón, Josema Yuste, Martes y 13Millán después de ver Adiós tiburón

La película, al menos en Barcelona, duró una semana en cartel y no es ninguna exageración ni coña marinera. Una semana y fuera. Menos de un cuarto de millón de euros (40 millones de las antiguas pesetas) de recaudación habiendo costado 1,8 millones de euros (300 millones de pesetas), o sea, que fue una ruina total.
Y no es de extrañar porque la película es mala, pero mala de cojones. Con un reparto tan extenso como absurdo (Manuel Alexandre, Saza, Enrique San Francisco, Anne Igartiburu, Llatzer -el abuelo de Makinavaja- Escarceller, Agustín González, Benito Pocino, Boris Ruiz...), muchos de ellos reciclados de las pelis de Makinavaja.

Uno de los muchos defectos es que fue grabada sin sonido en directo, es decir, que luego se dobló, pero de una forma tan espantosa que te dan ganas de arrancarte las orejas. Muchos de los actores (Anne Igartiburu entre otr@s) no se doblan ellos mismos y eso pega un cante brutal.
Más cosas horripilantes del audio: la música, auténticamente tercermundista (la canción de los créditos cantada por el propio Josema), y los efectos de sonido, que no tienen nombre.

Después del barapalo de Adiós tiburón, Josema Yuste tuvo que volver al medio televisivo, esta vez con aquella serie llamada Todos los hombres sois iguales. En el cine no volvió a probar fortuna hasta pasados casi 10 años con Atraco a las 3... y media, que pasó más bien desapercibida, y el año pasado con otro gran fiasco como La venganza de Ira Vamp. Zapatero a tus zapatos, Josema.

martes, mayo 03, 2011

Legend

Legend, Ridley Scott, Tom Cruise
Hay una cosa que no comprenderé jamás, y es como se le ha podido dar tanta cancha a Ridley Scott. Vale que lo que hizo a finales de los 70 y en parte de los 80 marcó, pero es que lo que vino después no hay por donde cogerlo. Y seguramente el principio de su decadencia viene marcado por el film hoy comentado.
Legend fue una de esas producciones catastróficas que tanto me gustan. De esas que costaron sangre, sudor y lágrimas y acabó hundiéndose en el lodo.

Legend, Ridley Scott, Tom Cruise
Después del fracaso económico que significó Blade Runner, Scott se empeñó en filmar un cuento de hadas, quien sabe si influenciado por esa malgama de producciones de espada y brujería que imperaron en los 80.
Después de zamparse multitud de libros de esta temática se encontró con la obra de William Hjortsberg, que, aparte de libros, también había escrito guiones cinematográficos como Infierno en Florida (producción Corman con el inefable David Carradine) y acabaría escribiendo el de una de sus novelas, El corazón del ángel, al que acabó fichando para que le escribiera el libreto, que acabó siendo una variante de La bella y la bestia.

Legend, Ridley Scott, Tom Cruise
Legend (que en un principio debió llamarse Legend of Darkness) es la historia de un reino habitado de princesas, duendes, trasgos, ninfas y demás seres mitológicos (aunque apenas aparecen muchos personajes dando una sensación de que ahí no hay reino ni hay nada, como pasaba en Taron y el caldero mágico). Por esos bosques corre una muchacha llamada Lili y su amigo Jack (Tom Cruise), una especie de duende del bosque con pintas de Peter Pan. Éste le enseña a Lili un lugar donde habitan una pareja de unicornios. Lo que estos dos no saben que el Señor de la Oscuridad ha mandado a sus compinches que maten a los unicornios, ya que su muerte provocará que nunca más vuelva a salir el sol y las tinieblas reinen en el mundo.

Legend, Ridley Scott, Tom Cruise
Como he comentado antes Legend fue un fracaso en su día. Costó 30 millones y recaudó la mitad, estuvieron más de 3 meses para rodarla en los estudios Pinewood que a los 10 días se incendiaron y tuvieron que volver a construirse. El primer montaje de Scoot duraba 125 minutos que, después de varios pases de público, acabó reduciéndose a 90. Universal impuso a Scott que para la versión americana cambiara la banda sonora de Jerry Goldsmith por una compuesta por el grupo electrónico Tangerine Dream, ya que pensaban que atraerían a más público juvenil.
Todos estos problemas hicieron que el estreno americano se retrasase hasta primavera del 86 (empezó a rodarse 2 años antes).

Legend, Ridley Scott, Tom Cruise
Sin duda lo mejor del film son sus maquillajes, obra y gracia de Rob Bottin, fichado después que Scott viera su trabajo en Aullidos. La caracterización de un irreconocible Tim Curry (sin duda el mejor de la función) en el Señor de la Oscuridad es impecable. Tal fue su impacto que a día de hoy su personaje es lo único que perdura en la memoria del respetable, con multitud de bustos y figuras con su imagen.
Quizá no están tan conseguidos algunos personajes secundarios, que parecen más bien salidos de la chistera de Jim Henson en Dentro del laberinto, mientras que los personajes como el mentado Señor de las Oscuridad o la bruja del lago son mucho más terroríficos y cercanos a los orcos y goblins de El señor de los anillos de Peter Jackson.
Uno de estos personajes secundarios es casi idéntico al Gwildor de Masters del Universo. Es más, está interpretado por el mismo actor, Billy Barty, y en el doblaje castellano tiene al mismo doblador.

Legend, Ridley Scott, Tom Cruise
Legend no es una buena película. Toda ella tiene un emboltorio muy bonito, con fastuosos decorados y maquillajes de primera divisón pero es totalmente aburrida con esa estética tan de videoclip que imperaba en plena fiebre de la Mtv, ahí está El torreón de Michael Mann como ejemplo, con la que curiosamente comparten banda sonora compuesta por Tangerine Dream.

Uno de sus principales problemas es que se nota que faltan secuencias, los personajes no se sabe muy bien porqué toman algunas decisiones y todo ello deja al film cojo. Es posible que con esa versión del director que circula por zona 1 la película sea más redonda, mejor explicada y no tan vacía, pero ya hace tiempo que me aburrí de los tropecientos montajes del director del señor Scott.

jueves, abril 28, 2011

En compañía de lobos

En compañía de lobos, Neil Jordan
Hace menos de dos semanas que se ha estrenado Caperucita roja (¿A qué tienes miedo?), ese intento por seguir llenando las butacas de culos adolescentes sedientas de crepúsculos y ñoñerías varias. Todo un cúmulo de despropósitos (con unas gotitas de Sleepy Hollow, El pacto de los lobos, Maleficio -la de Donald Sutherland-, evidentemente Crepúsculo y hasta si me apuran Beowulf) como no podía ser de otra manera viniendo de quien viene. Y con un licántropo 100% digital para quitarnos cualquier atisbo de interés. Todo ello rebozado con secuencias metidas con calzador (con muchos planos muy potitos para que veamos que bien está el contraste entre la ceperuza de color rojo y el blanco de la nieve) que no vienen a cuento.

Aprovechando dicho estreno nos da pie a revisionar otra versión de Caperucita, pero esta vez sí nos encontramos con una buena película: En compañía de lobos.

En compañía de lobos, Neil Jordan
La segunda película de Neil Jordan es un cuento oscuro, repleto de las morbosidades que puede tener en la cabeza una adolescente. Una versión del cuento Caperucita roja de Perrault repleta de simbologías y escenas surrealistas, como esos huevos que albergan unos fetos, las arañas que caen del techo de la iglesia o cuando le arrancan la cabeza a la abuelita y se estrella en la pared partiéndose en mil pedazos como si fuese de cerámica. Abuela que está interpretada por Angela Lansbury, aparte tenemos por ahí a un indispensable del cine de Jordan, Stephen Rea; David Warner, Terence Stamp haciendo de Lucifer y Jim Carter, el mago de Terrorífica luna de miel.

En compañía de lobos, Neil Jordan
En compañía de lobos
tiene una estructura de matrioska, con sueños dentro de sueños. Los diferentes cuentos que presenciamos es una recopilación de La cámara sangrienta y otros cuentos, libro de relatos licántropos de Angela Carter, que acabó escribiendo el guión del film junto al propio Jordan.


En compañía de lobos, Neil Jordan
Seguramente uno de los platos fuertes de cualquier película del género licántropo es la transformación en sí. Lamentablemente, pese a que en este apartado el film de Jordan tuvo sus premios y reconocimientos, y yendo totalmente contracorriente, sus efectos me parecen muy justitos y si me apuran tirando a mediocres.
Cierto es que Christopher Tucker no contaría con muchos medios (no olvidemos que la película apenas costó unos escasos 2 millones de dólares) pero pocos años antes ya habíamos visto la madre de todas las madres en cuanto a transformaciones de hombres lobos, la que ideó Rick Baker para Un hombre lobo americano en Londres. Tampoco estaba nada mal el trabajo de Robb Bottin para Aullidos (que tuvo a Baker, su mentor, aconsejándole).
A lo que iba, el trabajo de Tucker, pese a tener buenas intenciones y mejores ideas, no es excesivamente afortunado, con unos animatrónics demasiado acartonados.

En compañía de lobos, Neil Jordan
Mejor fortuna corrieron los decorados del malogrado Anton Furst, que pese a que tienen un tono demasiado artificial, cosa que le da un plus de irrealidad, consiguen ese efecto entre cuento de hadas y un sueño en plena vigilia.
Curiosamente el trabajo de Furst gustó muchísimo a un, por entonces, jovencito Tim Burton que quiso ficharlo para Beetlejuice, pero que al estar trabajando en La chaqueta metálica no pudo. Un par de años más tarde Burton se desquitaría contratándole para Batman, con la que ganaría el Oscar al mejor diseño de producción.

En compañía de lobos no es un film fácil, no se trata de una película de hombres lobos al uso y mucho menos está dirigida a l@s adolescentes a las que va dirigida Caperucita roja (¿A qué tienes miedo?). Aquí tenemos demasiada simbología para un público de paladar grueso y acostumbrado al fast food que ya viene masticado, pero que hará las delicias de quien espere algo más que zarpazos y aullidos a la luz de la luna llena.

miércoles, abril 20, 2011

Terrorífica luna de miel

Terrorífica luna de miel, Gene Wilder
Si me gustan las pelis de mansión con muchos invitados y un cadáver y/o fantasmas por en medio al estilo Un cadáver a los postres, ¿cómo no me va a gustar Terrorífica luna de miel? Y si encima sale hombre lobo ya ni te cuento.
Vaaale, es cierto que la película no es del todo redonda y el doble giro al final no le sienta nada bien, pero aún y así es un producto destacable y disfrutable a partes iguales.

Terrorífica luna de miel, Gene Wilder
Gene Wilder vivía sus días de gloria después de formar pareja con Richard Pryor en un par de films muy exitosos (más tarde harían algunas más) y, sobre todo, porque venía de dirigir y protagonizar La mujer de rojo (hoy en día sólo recordada por la canción de Stevie Wonder). Así que, seguramente, Terrorífica luna de miel tenía que ser un film con altas expectativas.
Sin ir más lejos la Orion, en su mejor época (Excalibur, la saga Robocop, La rosa purpura del Cairo o la mentada La mujer de rojo), estaba detrás y el elenco era la mar de cuco: el propio Wilder, su mujer en la vida real, Gilda Radner, Dom DeLuise, Paul Smith y Jonathan Pryce.

Terrorífica luna de miel, Gene Wilder
Larry Abbot (Wilder) vive un gran momento profesional con su programa radiofónico El teatro de misterio de Manhattan en las ondas radiofónicas, y, además, está a punto de contraer nupcias con su novia y compañera profesional Vickie Pearle (Gilda Radner). Pero como la vida no es perfecta Larry comienza a tener un comportamiento extraño y los patrocinadores de su programa temen que se vuelva loco.
El tío de Larry, el prestigioso psiquiatra Paul Abbot (Paul Smith) dice tener la solución: Larry tiene un trauma y la forma de curarlo es dándole un susto de muerte en la reunión familiar que acontecerá en la mansión de la familia Abbot.

Terrorífica luna de miel, Gene Wilder
Terrorífica luna de miel tenía que haber sido uno de los estrenos punteros del verano del 86 pero acabó siendo un descalabro económico. Seguramente porque el público tenía asociado a Wilder con la comedia más ligera y para todos los públicos y se encontró con una comedia bastante menos blanca, más cercana al humor de Brooks en El jovencito Frankestein.

Como ya he dicho antes su parte final es lo que le lastra, pero su primera hora es de esas que te deja buen sabor de boca. Mezclando escenas no de terror pero sí de misterio con toques humorísticos que no son, en su mayoría, redondos pero que no molestan con los inevitables tics (para bien o para mal) de Wilder.

Terrorífica luna de miel, Gene Wilder
Después de esta película Gilda Raner murió de cáncer, lo que tuvo a Wilder apartado de la gran pantalla un tiempo como actor, ya que como director nunca más ha vuelto a ponerse detrás de la cámara. Además de crear una fundación para la ayuda del cáncer de ovarios y colaborar en un libro sobre el tema.


jueves, abril 14, 2011

Sin pistas

Sin pistas, Michael Caine, Ben Kingsley
Aunque a día de hoy Michael Caine sea una figura intocable, donde todas sus interpretaciones son motivo de alabanzas sin fin y que más de una vez hayamos oído/leído aquello de "Michael Caine salva la película", hubo una época en la que se dedicó a protagonizar un buen número de mediocridades a golpe de talonario como los mejores mercenarios. Y no porque el hombre fuese un avaricioso, sino que estaba ahogado por el terrible fisco inglés.

Recordemos algunas de esas "maravillas": El enjambre, La isla, Lío en Río, Juerga tropical, Tiburón, la venganza, Una novia para dos...

Por fortuna, entre pestiño y pestiño, se fue sacando de la manga productos de mayor empaque y calidad (Vestida para matar, Hannah y sus hermanas...) y seguramente este Sin pistas no pertenezca ni a este grupo ni al de los pufos, quedándose en medio como un film repleto de buenas intenciones pero que no acaban de cuajar.

Sin pistas, Michael Caine, Ben Kingsley
Aquí ya no se trata de una nueva aventura de Holmes al uso (como podían ser las versiones protagonizadas por Ratbone), ni de darle un nuevo enfoque como en la versión de Billy Wilder o si me apuran la de Guy Ritchie, si no de reinventar al personaje y su universo desde los cimientos, algo más cercano en esencia al Holmes juvenil de El secreto de la pirámide.

Lo que nos cuenta el film es que Sherlock Holmes no existe, si no que es una invención del doctor Watson, que es la verdadera cabeza pensante. El primer caso que llevó a buen puerto se lo atribuyó a Holmes, personaje que creó para evitar problemas con el colegio de médicos. Pero como le tiraba más lo de la investigación decidió contratar a un actor que se hiciera pasar por Holmes aunque era él el que desenmarañaba los misterios.

Y como en la vida real, cuando Conan Doyle acabó odiando a su creación e intentó asesinarlo literalmente en algunas ocasiones, aquí Watson (creador del personaje según la película) también odia a muerte a su creación, al que todos adoran con vehemencia.

Sin pistas, Michael Caine, Ben Kingsley
En la película la aventurilla de Holmes y Watson es el robo de unas placas para imprimir libras, pero todo ese argumento es una mera excusa para presenciar las visicitudes de esa extraña pareja formada por un actor de mala muerte alcohólico y mujeriego y un meticuloso doctor.

Porque en el fondo lo único que funciona en el film es ese choque de personalidades entre el Holmes de Caine y el Watson de Ben Kingsley, acompañados de los ramalazos del Lestrade de Jeffrey Jones (Beetlejuice, Permanezca en sintonía). Pero todo ese buen arranque comienza a diluirse lastrado por la poca gracia que tiene el caso a resolver y, sobretodo, por culpa de una dirección planísima a cargo de un especialista en telefilms como Thom Eberhardt, director de La noche del cometa o Capitán Ron (!!!), incapaz de llevar a buen puerto muchos de los gags.

Sin pistas, Michael Caine, Ben Kingsley
Curiosamente varios años antes Pierce Brosnan protagonizó Remington Steele, serie televisiva que tiene una base idéntica a la de Sin Pistas: una investigadora privada ante el hecho de no recibir clientes por su condición de fémina decide contratar a un hombre (Brosnan) para que se haga pasar por el detective de la agencia. Así, la planta la pone el hombre pero la que realmente resuelve los misterios es ella. ¿Casualidad o plagio? Ahhhhhh...