Morgan Hanna es una escritora a la que las
fechas apremian. Tiene comprometida la entrega de un libro y apenas
tiene unas escasas páginas escritas. Paralelamente empieza a tener
pesadillas con su novio, que años atrás se quitó la vida lanzándose
desde lo alto de un faro. Y justamente la madre de este, llama a la
escritora para que pase unos días en el pueblo costero donde ocurrió el
fatal desenlace. Morgan decide ir para enfrentarse a sus temores e
intentar poner punto y final a las pesadillas.
Como protagonista
absoluta tenemos a Dee Wallace-Stone, la mamá por antonomásia de los 80
en Hollywood con E.T., El extraterrestre a la cabeza, pero con otros
títulos tan destacables como Cujo, Critters, AullidosoAdmiradora secreta. Y en papeles secundarios hay algún nombre llamativo como Cloris Leachman, una habitual en películas de Mel Brooks
(El jovencito Frankestein, Máxima ansiedad, La loca historia del mundo) y
Al Strobel, el hombre manco de Twin Peaks.
Susan Shadburne estaba
detrás del guión y la dirección, siendo esta Amenaza en la niebla su
producción más destacable, además de escribir varios cortos de su
marido, Will Vinton, que aquí aparecería como productor. Vinton fue toda
una institución en el mundo de la animación claymotion, varias veces
nominado al Oscar, ganándolo en 1975 por su corto Closed Mondays. Y que,
además de varios anuncios televisivos (entre ellos los de las famosas
pasas de California), estuvo detrás de las escenas del rey gnomo de Oz, un mundo fantástico o la de Moonwalker con Michael Jackson convertido en conejo motorista.
Amenaza
en la niebla parte de una serie de elementos que, pese a ser muy
recurrentes en las historias de terror clásico, siempre gustan:
apariciones fantasmales, una muerte tiempo atrás, un pueblecito costero
con un faro... Lamentablemente este film decanta la balanza al drama,
dejando lo fantástico/terror en algo casi anecdótico. Teniendo un ritmo farragoso, lentorro, que se acrecenta porque no vamos a encontrar ni una gota de terror. Ni siquiera un triste susto. Porque apenas se juega con el "¿nuestra protagonista recibe la visita de un fantasma o se está volviendo loca?". Nada de nada. Un dramón que se acentúa con una fotografía más propia de telenovela de la época.
En USA tuvo un estreno muy limitado en cines, siendo pasto de emisión en canales por cable. Y aquí nos llegaría directamente en formato VHS para su alquiler en videoclubs de la mano de la terrible RecordVision.
Por una de esas cosas que se acaban adjudicando a nuestra indiosincrasia, Claudio Biern Boyd ha sido venerado por estos lares. El Walt Disney español he llegado a leer. Pero a la que indagues un poco en su biografía te das cuenta que realmente estábamos ante el clásico tiburón en los negocios que olía el dinero y la posibilidad de hacer negocio a kilómetros de distancia.
Si fue uno de los tres impulsores de la compañía especializada en series animadas BRB (Tito Basto y José Rodríguez fueron los otros integrantes) es porque, siendo jefe de marketing de la multinacional Lever Ibérica, se le ocurrió que si él también se encargaba de crear un producto (como una serie animada) luego también podría encargarse del merchandising y matar dos pájaros de un tiro.
Su paso a la producción se inició con Ruy, el pequeño Cid, D'Artacán y los tres mosqueperros y La vuelta al mundo de Willy Fog. Es con estas dos últimas que consigue un especial éxito entre la chavalada de la época, dejando mella gracias, en parte, a una buena dosis de merchandising en forma de cromos, figuritas de Pvc, pastelitos... lo que se estilaba en los primeros 80.
Aquí eran vendidas como producciones 100% españolas, pero la realidad era una muy diferente. Si bien los guiones se gestionaban desde aquí, tanto los diseños como la animación corría a cargo del estudio japonés Nippon Animation. Detalle que ni siquiera se mentaba en los créditos de final de los capítulos, donde solo aparecían nombres españoles.
Claudio y compañía básicamente validaban o hacían alguna correción de lo que les llegaba desde tierras niponas, como el inicial diseño de d'Artacán, que fue modificado para parecerse más a Snoopy, como podemos ver en un piloto de prueba.
Con David el gnomo y su secuela, La llamada de los gnomos, volvió a catar la gloria, pero a partir de ahí la cosa se torció. En los 90 rescató a los mosqueperros y Willy Fog con sendas continuaciones que dejaron perplejos a los televidentes. Si bien la calidad técnica no llegaba al pantanoso nivel de las producciones de D'Ocón (con los Fruittis a la cabeza), ni se acercaban al nivel de los visto una década antes (que tampoco es que tuviesen un nivel superlativo). Y es que esta vez, para ajustar al máximo el presupuesto, se animó en Taiwan por el estudio Wang Film Production, que llevaba años animando producciones de Hanna-Barbera, Disney, Warner Bros o Nelvana, entre otros. Este estudio ya trabajaba con BRB desde tiempos de David el gnomo, pero aquí se lució. Estaba claro que la baja calidad era más una cuestión del poco montante que se invertía que de la pericia de los chinos a a la hora de animar. Pero es que eran otros tiempos. Si en los 70 y 80 apenas teníamos un par de canales en los 90 teníamos el desembarco de las privadas con Telecinco y Antena 3 (más la propinilla de Canal Plus) con la consecuente oleada de programas contenedor infantiles por la mañana, mediodía y tarde. De repente, de ver Barrio Sésamo y La aldea del Arce entre semana, más la serie animada de turno después del Telediario los fines de semana, teníamos varias horas diarias y con lo más puntero llegado desde el lejano Oriente o de tierras norteamericanas. Con los que la producción autóctona fue languideciendo.
Sorprendente fue que en 2021, después de la pandemia, llegase a nuestros cine una nueva aventura de D'Artacán. O mejor dicho, un refrito en animación 3D. Porque lo que nos encontramos es la trama mil veces contada de la llegada de nuestro protagonista a París con intención de convertirse en Mosqueperro, viéndose envuelto en la trama de las joyas de la reina de Francia.
A nivel técnico la película está bastante lejos de la animación de primera división que nos llega desde Hollywood. Comparación totalmente injusta porque apenas tiene una décima parte del presupuesto de una producción Disney/Pixar.
A los escenarios se les nota algo pobres, con lugares demasiado vacíos. Además, los colores son exageradamente luminosos.
Por otro lado, hay algunos detalles muy positivos. Por un lado, al resumir el grueso de la trama de la serie en apenas 85 minutos el ritmo es trepidante y no hay momentos de respiro (aunque tendremos que aguantar algunas gracietas basadas en pedos y anacronismos). Por otro lado las escenas de ensoñación simulan una estética de animación clásica. Y como detalle para los muy cafeteros tenemos un guiño en el doblaje. El padre de d'Artacán tiene la voz de Eduardo Jover, que en la serie de los 80 hacía lo propio con d'Artacán. Al final, si la vemos con ojos de niño, que al final es el público a quien va dirigida, se pueden perdonar los muchos defectos que tiene.
En España tuvo una taquilla de algo más de 1 millón de euros, a los que hay que sumar 2 millones más del resto de países donde tuvo estreno. En total unos 3 millones, muy lejos de los 8 que costó. Este fracaso, unido al fallecimiento de Cladio Biern Boyd en 2022, llevó a BRB a dejar de lado la idea de convertir en largometrajes en 3D sus éxitos de los 80 y una secuela para este d'Artacán.
Mats Helge Olsson ha pasado un par de veces por este blog. Concretamente en las reseñas de La liga de los fantasmas, Huellas de sangreyMisión tras el telón de acero. Allí tienes explicado con bastantes pelos y señales la vida y milagros de este director sueco que en su etapa de "esplendor" en los 70 y, sobre todo, los 80 fue repudiado por todo el mundo y que desde hace unos años ha sido rescatado en documentales y estudiosos de la serie B y Z.
Pero la cuestión de este texto no es volver a tocar su historia, si no comentar los títulos de su filmografía que llegaron a nuestro país. Apenas son 6 películas que aparecerían directamente en VHS (salvo Misión tras el telón de acero, que llegó a tener estreno en cines). Y, desde luego, no merecen grandes artículos ni análisis porque son de esos subproductos que es más divertido e interesante hablar de su realización que de la propia película, que al final eran títulos muy planos y ramplones incluso.
Así pues, aquí tenemos breves reseñas de la filmografía editada en España de Mats Helge.
Misión tras el telón de acero (The Ninja Mission, 1984). Este film fue su gran éxito internacional y el primero de sus títulos que tuvo distribución en nuestro país (incluso estrenándose en cines en 1987). Un locurón con la CIA, la KGB y ninjas en las nevadas tierras suecas difícil de aguantar. Al menos en sus primeros 75 minutos, a partir de ahí festival de ninjas cortando cabezas, tiroteos y explosiones. En su intento de distribución internacional fue rechazada por la Cannon por mala. En cambio, fue recibida con alegría por la New Line para el mercado norteamericano. Se estima que la película recaudó más de 25 millones de $ en todo el mundo, de los que el pobre Mats no vería un céntimo.
Huellas de sangre (Blood tracks, 1985). Es, quizá, el título más conocido de Helge (aunque acreditado como Mike Jackson). Básicamente por ser considerada un slasher con tintes heavy metal. Aunque realmente estaría más en la línea de Las colinas tienen ojos.
Protagonizada por el grupo heavy Easy Action (su guitarrista acabaría en Europe), que encarnan a los Solid Gold (en el doblaje traducido como Oro Puro), que llegan a unos parajes nevados para grabar un videoclip con la mala fortuna que la zona está habitada por una familia de ¿mutantes caníbales? Un alud los dejará atrapados e incomunicados a merced de la familia matarife.
Aquí Helge demuestra que poco o nada le interesaba el terror. Él iba a o lo que iba, que viene siendo dar la carnaza que el espectador medio del slasher quiere: muchas muertes. Pero se olvidó de darles algo de gracejo, pues son un poco pa sucat amb oli. Mucha muerte ramplona y poco imaginativa.
Huellas de sangre no es la peor de su especie. Pero tampoco la mejor.
La isla de las águilas (Eagle island, 1986). Se dice que este film fue el intento de Mats por repetir el éxito de The ninja mission pero teniendo acceso a los beneficios. Pero poco o nada tiene que ver con aquella, salvo que en algunos países enfatizaron la presencia de ninjas que realmente eran militares con pasamontañas. Aquí un par de fotógrafas llegan a una isla con intención de estudiar a las aves del lugar, descubriendo que aquello es una base secreta militar. Rodada al estilo del director. Esto es: realización paupérrima, diálogos amateur y escenas de acción sin acción. Parece que hay un intento de hacer una introducción épica con un tema Aor pero en cuanto vemos que los títulos de crédito están hechos con un Commodore todo cae por su propio peso.
La liga de los fantasmas (Spökligan, 1987). El film es una rareza dentro de la filmografía de nuestro director sueco favorito. Una película de aventuras juveniles totalmente blanca. Pero fiel a su espíritu todo parece rodado fuera de su tiempo, siendo una historia demasiado naif hasta para ser de 1987. Sí, sin duda estamos ante la mejor de sus carátulas, pero lamentablemente es demasiado buena para lo que nos vamos a encontrar cuando apretamos el botón Play. Muy posiblemente añadir el término "fantasma" en el título no sea más que una triquiñuela para emparentarla con Los cazafantasmas, porque aquí lo de los fantasmas es algo anecdótico, donde un grupo de chavales intentará ayudar a un ladronzuelo a desenmascarar a una banda de contrabandistas de alcohol. Sí, algo muy demodé ya en los 80. Podrían ser los Gooniessuecos pero se queda en Alfred Hitchcock y los tres investigadores con benzodiacepina y leche calentita.
Animal protector (Animal protector, 1989). Es la primera (y la única distribuida en nuestro país) de las tres películas dirigidas por Mats Helge en las que contaba con la presencia de David Carradine... aunque este solo había sido contratado para una. Estamos ante el clásico engaño a la estrella en decadencia de turno que acepta un cheque por participar en una pequeña producción en un país extranjero con la seguridad que su trabajo nunca llegará a tierras norteamericanas. Pero lo que no sospecha es que esas escenas inconexas que está rodando en 4 o 5 días, sin apenas aprenderse el guión, son realmente parte de 3 películas diferentes. Y, digámoslo ya, el que estuviera borracho durante su estancia en Suecia tampoco ayudaba mucho. Créditos con filtros duotono y una canción de aquellas que se lo creen más que la propia película nos preparan para una de aquellas que evitabas en el videoclub. Y que escuchar a Pepe Carabias doblar a 5 o 6 personajes diferentes siempre mola.
Hired gun. Mercenarios (The hired gun, 1989). Sin ninguna duda Hired gun (Mercenarios) es lo peor de Mats Helge de todo lo que se distribuyó por aquí. Según algunas fuentes solamente estuvo en la producción y guión, pero en esta edición su nombre aparece compartiendo tareas de dirección con Arne Mattsson, un clásico del cine sueco que cosechó premios y alabanzas en los 50s y 60s para dar paso al ostracismo de subproductos eróticos y de terror en los 70s y 80s. Tenemos un argumento tan poco interesante e insulso como el de unos mercenarios intentando recuperar unos documentos alemanes que se encuentra en una base militar norteamericana. Monotonía y estupor absoluto entre explosiones falleras y diálogos sin ton ni son, que se salvan por tener un protagonista que parece el clon de Kurt Russell en Golpe en la pequeña China. Parecido que se acentúa por lucir mullet y el mismo tipo de vestimenta. Si nos imaginamos que es una nueva aventura de Jack Burton igual hasta podemos llegar al final de la cinta sin sufrir daños cerebrales. Qui no vulgui pols que no vagi a l'era.
A principios de los 90, cuando Antena 3 y Telecinco apenas tenían 3 o 4 años de vida y entre tarotistas y vendedores nocturnos del teletienda emitían mucho cine de fondo de catálogo, pusieron El diablillo caliente, eso sí, programada con su título original de Evil toons. Un servidor ni conocía la peli y, mucho menos, conocía al temible rey de lo zetoso Fred Olen Ray, es por eso que en cuanto leí en la sinópsis del periódico que en la película se mezclaba imagen real y animación ni me lo pensé dos veces. No recuerdo si me dormí o la quité al rato, lo que tengo claro es que lo que vi lo borré automáticamente del cerebro. Pero ya por aquellas tenía claro que cuando emitían películas con un planteamiento que parece interesante pero que ni sus protagonistas ni sus responsables son nombres conocidos y, sobre todo, que las ponían de madrugada, es que estábamos ante una mediocridad en el mejor de los casos. Y así siempre ha sido en la serie B/Z, que jugaban con un gimmick interesante que al final nunca cumplían. Porque aquí nos prometían toons, que al final era solo uno, y animación, que pasa del minuto y gracias.
Pero empecemos por el principio. Fred Olen Ray salió de ver ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y no pudo evitar pensar en subirse al carro pariendo una versión low cost. Le enseñó un borrador de guión a Roger Corman con la intención que invirtiera 250 mil dólares en la producción, pero el productor tenía claro que Olen Ray no podía sacar una película mínimamente decente que mezclara imagen real y animación por tan poco dinero. Así que nuestro director decidió producirla él mismo pero haciendo una última jugada. Se fue a Paramax Pictures, donde Vicky Jill estaba produciendo Camp Fear (que aquí nunca nos llegó) y aprovecharse de la infraestructura de ese film. De una producción de serie B (siendo muy generosos en el término) pasamos a una serie Z que se rodó en apenas 8 días del lejano mes de julio de 1990, usando sobrantes de celuloide y el equipo y decorados que estaba rodando Camp Fear. ¿Y qué pasó con la parte de animación? Siendo una zetada de Olen Ray de escasos 140 mil dólares no podíamos tener nada bueno. Apenas teníamos un personaje animado, diseñado por Chas Balum, que aparecía en pantalla minuto y medio Al menos esos escasos 90 segundos son decentes, siendo animados por John Dilworth, creador de Agallas el perro cobarde y animador de multitud de series y nominado a un Oscar. Pero la fusión entre imagen real y animación ya era otra cosa. Si ya en el film de Zemeckis había momentos que Bob Hoskins se notaba que iba por un lado y Roger Rabbit por otro, en Evil toons esa interacción es simple y llanamente nula.
El argumento va de lo siguiente: un grupo de chicas de buen ver son contratadas para limpiar una casa durante un fin de semana. Allí recibirán la presencia de un espíritu que les entregará una suerte de necronomicón que al leerlo despertará a un demonio que poseerá a una de las chicas. Como bien se ha comentado alguna vez, estamos ante Evil dead meets Looney toons. Al menos esa sería la intención, luego los resultados son lo que son.
En el apartado cast tenemos algunos nombres conocidos en papeles secundarios: David Carradine en uno de sus muchos trabajos alimenticios de apenas 10 minutos en pantalla aunque lo veamos protagonizando la carátula/poster. El cómico Arte Johnson, que disfrutó de la popularidad televisiva en los 50 y 60, pasando posteriormente al doblaje de series animadas y a pequeñas apariciones en películas de serie B y Z. Y el siempre genial Dick Miller en un papel secundario, además de la scream queen Michelle Bauer. Pero las auténticas protagonistas son Monique Gabrielle, Madison y Barbara Dare, todas ellas actrices habituales en el cine X.
Evil toons es difícil de aguantar. Muy difícil. Al final estamos ante la clásica producción low cost que acontece en un espacio cerrado, con muy pocos personajes e interminables escenas de diálogos insulsos que no llevan a ningún sitio con el único objetivo de llegar a la duración standard de largometraje. Podríamos hacer muy fácilmente un sin fin de cortes para quedarnos en un corto de apenas 10 minutos y la historia sería exactamente la misma y mucho más entretenida. Pero lo dicho, esto es una zetada de Fred Olen Ray y aquí no se hacen concesiones al espectador salvo que alguna de las actrices enseñen las ubres a falta de escenas animadas.
Y como es menester en este tipo de subproductos, su vida natural fue el mercado videográfico. Aquí nos llegaría en VHS de la mano de la distribuidora Teacher con el título El diablillo caliente, más tarde en su paso por televisión se emitió como Evil toons, al igual que en el nuevo milenio con la edición de Tema en formato DVD. Y finalmente en Blu-Ray recibió el título de Evil toons. Dibujos maléficos por parte de una de esas distribuidoras piratas.
Con los buenos resultados ecónomicos de Star Crash era previsible que Luigi Cozzi recibiera el encargo de exploitear el último hit espacial llegado de Hollywood: Alien. Aunque, contra todo pronóstico, estuvo muy atado de pies y manos.
Más allá de evitar llevar la acción al espacio exterior y centrarla en suelo firme (por aquello de ser sabedor de los límites presupuestarios con los que contaba), poco más aportó. Los productores acabaron por imponerle el "Contaminación" en el título (en origen debía ser únicamente Alien arrives on Earth), cambiaron la localización de Santo Domingo por Colombia para ahorrarse pagar impuestos, exigieron más escenas de acción estilo James Bond (sic) y descartaron las elecciones actorales de Cozzi.
Contaminación: Alien invade la Tierra empieza tal cual Nueva York Bajo el terror de los zombi (Zombie 2 para los amigos). La policía encuentra en NY un barco a la deriva que supuestamente carga café llegado desde Colombia. En su interior encuentran los cadáveres de la tripulación y cientos de una especie de huevos fosilizados de los cuales uno, que ha quedado junto al conducto de calefacción, parece estar vivo. Una vez tenga contacto con las personas hace que a estas empiecen a reventarles el tórax. A partir de ahí entra en escena un equipo gubernamental que sospechará que todo está relacionado con una expedición que tiempo atrás visitó Marte.
Si algo tiene de bueno el film es que sabe gestionar muy bien sus cartas. Nada más empezar ya tenemos un generoso número de torsos reventando (efecto que se repetirá de forma constante durante el metraje, siendo evidente la explotación total de la escena de John Hurt en el Alien original), después pasamos por un valle algo aburrido con toda la trama en Colombia pero que nos dejan gotitas de diversión con más cuerpos explotando y, sobre todo, el flashback de Marte que, la verdad, está muy bien conseguido. Y para el final dejan la aparición de ese gran marciano que Cozzi quiso hacer en stop motion (técnica que le obsesionaba bastante) pero terminó siendo un animatronic que a duras penas funcionaba. Pero la magia del cine hizo su efecto, y gracias al montaje con tomas muy rápidas tenemos un bicho gigante que puede recordar al de Invasores de Marte y que no desentonaría demasiado en cualquier science fiction americana de los 50. Todo ello amenizado con una banda sonora de Goblin.
Protagonizada por un puñado de actores alemanes por aquello que es un coproducción e Ian McCulloch (Zombi 2), Louise Marleau (en el papel que Cozzi quería darle a Caroline Munro) y Marino Masé(Tenebre), que no engaña a nadie con una actuación puramente italiana con aspavientos de brazos continuados y un personaje entre cómico y baboso. Y justamente algo que llama la atención del film es su nulo interés por sacar señoritas ligeras de ropa como era habitual en la época. Teniendo incluso una escena a huevo que sucede cuando la protagonista se mete ne la ducha y alguien deja uno de esos huevos marcianos en el baño.
Los efectos corrieron a cargo de Giovanni Corridori que ya venía con la lección aprendida después de su paso por Zombi 2. Además de tener una filmografía tan llamativa como la que sigue: Tenebre y Opera de Argento; Fuga del Bronx, Érase una vez América, Leviathan, Máximo riesgo y un sin fin más.
Contaminación: Alien invade la Tierra entraría en la primera división de los exploits italianos que por aquí vimos en las famosas cajas rojas de José Frade. No engaña a nadie, pero se empeña en hacer un producto entretenido, que renquea en su parte central, pero que en conjunto deja un buen sabor de boca. Los efectos cumplen e, incluso, el flashback de Marte está hecho con gracejo, el mismo que tiene Cozzi (en nuestra edición firmando como Lewis Coates) al trufar la historia con la ciencia ficción clásica de Invasores de Marte o La invasión de los ladrones de cuerpos. Ojo, todos estas bondades son efectivas si de antemano sabes a lo que te enfrentas y gustas de la buena explotación italiana. Si eres de morro fino mejor pasar de largo.
Como es habitual en cualquier género, el éxito de un tipo de película conlleva la aparición de sucedáneos que, a modo de rémora, intentan rascar algo de dinero. En el caso de Jennifer 8 nos encontramos con el previo triunfo de El silencio de los corderos, que, además de ganar mucho dinero, consiguió que una película entre el thriller y el terror recibiera una lluvia de buenas críticas y se subiera al carro de los Oscar, algo muy poco común.
Bruce Robinson, era un actor inglés que iba asomándose en películas y series haciendo pequeñas y secundarias apariciones, hasta que empezó a meterse en tareas de guión. Sería detrás de la máquina de escribir donde conseguiría notoriedad gracias a firmar el guión de Los gritos del silencio (donde estaría nominado al Oscar) y además dirigir dos comedias ácidas con Richard E. Grant como son Withnail y yo y Como triunfar en la publicidad, que en su Inglaterra natal arrastran estatus de culto.
Viendo la oportunidad de entrar en Hollywood decidió escribir un guión totalmente comercial con la intención que su primera película en USA funcionara lo suficientemente bien en taquilla para que le permitiese tener carta blanca para dirigir proyectos mucho más personales en el futuro.
En Jennifer 8 tenemos a Andy García, un policía de Los Ángeles que se traslada a una ciudad mucho más pequeña. Nada más llegar se meterá en un caso del que acaban de encontrar una mano amputada en un vertedero. Durante sus pesquisas acaba deduciendo que la mano pertenece a una persona invidente y lo enlaza con unos asesinatos ocurridos tiempo atrás del que no se encontró al asesino cuyo archivo se llamó Jennifer y la mano encontrada podría pertenecer a la víctima número 8.
Como he dicho, estamos ante una consecuencia de El silencio de los corderos, pero también ante un proto Seven. Básicamente por la cuestión estética de estar siempre diluviando, lo que le da cierto toque chanante. Pero hasta ahí. Porque Jennifer 8 es un cúmulo de clichés de este tipo de películas: el prota de oscuro pasado que llega a una localidad pequeña y que su modus operandi choca con algunos de sus compañeros; su veterano compañero de rango superior que es un perro viejo y se las sabe todas; el jefe del departamento siempre cabreado con el mundo; la testigo que acaba cayendo a los encantos de nuestro protagonista; pistas falsas y una resolución de “resulta que el asesino es…”.
Pero lo realmente alarmante no son todos esos clichés, que, como hemos visto en otras películas, si están bien utilizados pueden llegar a ser disfrutables, si no un guión totalmente lamentable. No puede ser que todos los descubrimientos de Andy García que hacen avanzar la trama le lleguen casi de forma casual. Si está esperando dentro de un coche se queda mirando a un semáforo y cuando aparece la señal para invidentes se le ocurra la procedencia de la mano amputada. O el momento en el que está en casa del sospechoso y al tumbarse en la cama y mirar arriba se percata que no hay bombillas, señal que en la vivienda reside otro invidente. Además de detalles tan absurdos como que el compañero veterano del protagonista, que se pasa media película dándole la monserga de que no se esfuerce tanto, que no vale la pena reavivar el caso… además de estar constantemente bebiendo y/o bebido.
En defensa de su director y guionista, hay que señalar que, tal como él mismo contaba, el estudio se metió por en medio haciendo de las suyas. Por ejemplo, su idea inicial de tener un protagonista cincuentón (básicamente quería a Al Pacino) se fue al traste cuando le impusieron a GarcíaProblema que se acentúa cuando el guión apenas se adaptó para un actor mucho más joven y queda extraño.
Además de García, tenemos la siempre agradable presencia de Lance Henriksen; Uma Thurman; Kathy Baker en un personaje que durante todo el metraje es totalmente secundario para coger excesivo protagonismo en la resolución; Kevin Conway con su eterno papel de jefe cabreado; y una extra aparición de John Malkovich que casi es un cameo y parece más un favor que le debería a alguien de la producción.
El film fue un fracaso en la taquilla norteamericana con lo que, unido a la mala experiencia con los estudios, hicieron que Bruce Robinson se alejara de Hollywood y se centrara en escribir. Quizá lo más destacable fue In Dreams de Neil Jordan que originalmente estaba planeado que dirigiese Spielberg. Y sería 20 años después que volvería a sentarse en la silla de director después de recibir la llamada de Johnny Depp para que dirigiese Los diarios del ron.
A
mediados de los 80 las adaptaciones de cómic al cine eran poco menos
que inexistentes. El Superman de Richard Donner tenía prácticamente una
década y las secuelas decaían en interés, por no hablar que la cuarta
entrega, producida por la Cannon, que estaba a la vuelta de la esquina y
sería el final de la franquicia durante décadas. El film de Howard el
pato había sido un fracaso estrepitoso y el Castigador/Punisher era una
agradable serie B que era simplemente eso, una serie B que en el mejor
de los casos sacaría algo en su paso por videoclubs. Por lo demás en
televisión apenas quedaban esporádicos telefilms del Hulk de
Ferrigno-Bixby y El gran héroe américano, que jugaba más en la liga de
la parodia cómica. Es por todo ello que, a finales de los 80, una
apuesta por una serie de televisión protagonizada por un superhéroe era
nadar a contracorriente.
Lo
que aquí se conoció como Capitán Justicia nació con el título de True
Believer, luego pasó a ser True Colors y definitivamente estrenada como
Once a Hero, en un proyecto nacido de la mano de Dusty Kay. Producida
por la New World, cuando, precisamente, acababa de comprar una Marvel
con grandes problemas económicos. Cosa a la que no era ajena esta
empresa nacida de la mano de Roger Corman en los 70, aunque por aquellos
días el productor hacía tiempo que había salido de la compañía que
también estaba inmersa en una crisis con una deuda superior a los 300
millones de dólares. Es por eso que es extraño que New World se metiera
en estos berenjenales, sabiendo que la serie solamente le propiciaría
ingresos a la larga, cuando superase los 100 capítulos y entrara en
sindicación.
Para
dirigir el piloto se contrataría a Claudia Weill, que apenas había
dirigido dos largometrajes. Por un lado un film independiente con cierto
culto como Las amigas, que permitió dar el salto a un gran estudio con
Ahora me toca a mí, comedia romántica al servicio de Jill Clayburgh y
Michael Douglas que recibió malas críticas y su rodaje fue un cúmulo de
problemas ante las malas maneras del productor Ray Stark. Esta mala
experiencia le hizo que Weill se alejase del cine y se refugiase en la
televisión.
Para encarnar al héroe
se escogió a Jim Turner, que no tenía una carrera en televisión o cine
que fuese demasiado destacable, y era más conocido en pequeños círculos
por actuar en compañías de teatro o hacer giras con una banda que
tocaban con instrumentos de juguete.
También
contaron con Robert Forster; Caitlin Clarke (la chica de El dragón del lago de fuego), Milo O’Shea (el Dr. Durand Durand de Barbarella),Dianne
Kay (una de las hijas de Con 8 basta), y Josh Blake (el sobrino de los Armonía en Alf).
En la ciudad de Pleasantville
viven multitud de supervillanos. Por suerte para sus ciudadanos el
Capitán Justicia siempre está al rescate de los más necesitados.
Escondido bajo la falsa identidad de un profesor escolar llamado Brad
Steele, nuestro protagonista empieza a tener una sensación de dejà vú en
sus aventuras y comienza a notar que su cuerpo y el del resto empiezan a
desvanecerse. Todo ellos viene dado porque en el mundo real
Abner Bevis, el dibujante de el Capitán Justicia, tiene problemas para
crear nuevas aventuras de su personaje y las ventas han decaído hasta el
punto que la editorial planea la cancelación de su tebeo. Pero nuestro
héroe, siendo consciente de su condición de personaje ficticio, decide
aventurarse en la zona prohibida para llegar a nuestro mundo e intentar
arreglar el desaguisado, sin tener en cuenta que aquí no tiene
superpoderes.
Después
de rodar el piloto y hacer las pertinentes proyecciones de prueba, los
directivos comenzaron a dudar del producto y a verlo demasiado cómico,
así que decidieron prescindir de Jim Turner y contratar a Jeff Lester,
actor con algo más de presencia corporal (pero con un currículum más
pobre) siendo un esporádico secundario en varias series televisivas. Con
el nuevo fichaje se volvieron a rodar las escenas del piloto que
requerían su presencia, haciendo, además, algunos ajustes tan llamativos
como que Pleasantville es una ciudad formada por elementos con estética
de comic en 2D (el mismo recurso que usarían años después en Cool World. Una rubia entre dos mundos). Y también se rodaron los siguientes 6
capítulos que acabarían formando la primera temporada, cada uno con un coste de algo más de 1 millón de dólares, de los que el 80% corría a cargo de la ABC..
El
19 de septiembre de 1987 sería el fatídico día que se estrenó la serie,
siendo un fracaso de audiencia. Entre otras cosas porque varias de las
emisoras de la ABC decidieron no emitirlo porque el piloto les había
parecido muy malo y directamente emitieron episodios de Star Trek. Además, el horario de prime time un sábado por la noche nunca ha sido sinónimo de éxito en la televisión norteamericana.
El 7 de octubre, después
de solo 3 capítulos, la serie sería cancelada definitivamente,
permaneciendo el resto de episodios perdidos para siempre y dejándonos
con las ganas del “famoso” episodio donde Adam West interpreta al actor
que encarnaba al Capitán Justicia en la serie dentro de la serie. Más
meta que eso ya no hay nada.
Además
de no contar con el respaldo de la propia cadena, el público tampoco le
hizo mucho caso. No hay que olvidar que el mundo de los comics en la
época era totalmente de nicho y la gran masa apenas estaba familiarizada
con Batman, Superman y poco más. Si añadimos que estamos en la época
que Frank Miller y compañía estaban lanzando obras que poco o nada
tenían para los más infantes, comprenderemos que Capitán Justicia ni
interesase al público generalista y mucho menos a los fans de las
grapas. Y eso que desde Marvel lo intentaron, lanzando un cómic que
llegó a adaptar el piloto pero que se quedó en apenas 2 números
publicados.
Curiosamente
aquí nos llegó directamente a VHS el piloto de la mano de José Frade,
no podía ser de otra forma estando detrás la New World, con la que debía
tener algún acuerdo porque en aquellos años distribuyó muchísimos de
sus títulos (Transilvania 6-5000, Vamp, Se busca vivo o muerto…), con el
título de Capitán Justicia. Pero lo más fascinante es que el piloto que
nos llegó fue el primero, el protagonizado por Jim Turner cuando se emitió bajo el título de True Colors y antes de
que añadieran los decorados en 2D. Además, se conservó un prólogo con una falsa entrevista a Stan Lee. Cosa muy extraña ya que en USA y
otros mercados también se llegó a editar el piloto en VHS pero sería la
segunda versión ya con Jeff Lester como protagonista.
Después
de unas cuantas décadas el personaje ha quedado totalmente en el olvido
y seguramente descansa en el limbo que Marvel tiene reservado a los
personajes ninguneados. Está claro que al no llegar a tener ni siquiera
una temporada completa nadie le da cancha ni siquiera como elemento
curioso más allá de alguna entrada en algún blog, lo que significa que
nunca tendrá ni una aparición esporádica en algún cómic y mucho menos en una serie o película.
Que en los 60's o 70's aparecieran explotaciones de James Bond era totalmente normal y habitual, pero que pasase a mediados/finales de los 80 era algo muy raro. Es el caso del personaje Duncan Jax, que su condición de rémora del agente doble 0 más famoso del mundo es más que evidente en su primera aparición cinematográfica, pero que perdería bastante en se segunda entrega, acabando más cerca de Doc Savage. Pero empecemos por el principio. Y para hacerlo hay que hablar de su director Worth Keeter, que empezó como electricista a finales de los 70 en E. O. Coporation, compañía afincada en Shelby (Carolina del Norte) de Earl Owensby (conocido como el Roger Corman redneck) especializada en producciones de bajo presupuesto, donde Keeter rápidamente ascendió a vice presidente de la compañía además de dirigir varios films. Sus primeros trabajos como director serían en formato 3D, adelantándose a la moda de producciones tan famosas como Viernes 13 3D, Tiburón 3D o Amityville 3D, entre muchas otras. Ya en 1990 decidió dar un paso adelante en su carrera y se mudó a Los Angeles en busca de oportunidades en los grandes estudios, donde participaría en algunos thrillers como ayudante de dirección o como director, para, finalmente, recaer en Saban Entertainment y dirigir multitud de episodios de Power Rangers, VR Troopers o Beetleborgs.
Pero lo que ahora nos interesa son las dos aventuras de Duncan Jax, su intento de parir un personaje franquicia para intentar dar el pelotazo.
La maldición del ídol (Unmasking the Idol, 1986). Lo más normal en la época del videoclub es que la carátula nos quisiera vender una moto que luego no era. Imágenes de una espectacularidad que no encontraríamos en ninguno de sus fotogramas. Curiosamente en la cinta que nos ocupa es todo lo contrario. Es parca y simplona (todo lo contrarío de la carátula inglesa que tienes más abajo) hasta el punto que más de uno no la alquilaría por su simpleza, pero que lo que nos depara tiene mucho más gracejo. Y aunque entre la tradución patria y la imagen lo normal es que pensáramos que estábamos ante un Indiana Jones exploitation, lo que realmente teníamos delante era un Bond exploitation. Al menos en parte. Duncan Jax es un experto agente secreto que siempre va acompañado de un papio, también conocido como mono babuino. En esta ocasión se las verá con una organización de ninjas que están acumulando oro para comprar misiles nucleares y desencadenar la tercera guerra mundial.
Nada más empezar tenemos a modo de prólogo a nuestro protagonista con disfraz de ninja ideando un complejo robo del que escapará en globo, para seguidamente pasar a unos títulos de créditos con fondo musical que sin ningún tipo de complejo nos lleva al terreno de James Bond. A partir de ahí tendremos a Duncan Jax en una isla con guarida secreta incluida desbaratando los planes de los malos. Con un montón de decorados bastante conseguidos, que aunque se les nota su condición artificial tienen el gracejo de la serie B de antaño, escenas de acción más que aceptables y al mono haciendo constantemente corte de manga, nos topamos con una producción muy agradecida, de las que mezcla a los agentes secretos con ninjas y locuras pulp como malos con guarida secreta y foso de cocodrilos donde tiran a los que les plantan cara. Muy recomendable para los nostálgicos de la acción estilo a la vieja escuela y los tebeos de papel barato.
La orden del Águila Negra (The Order of the Black Eagle, 1987). En esta nueva aventura, nuestro héroe se las verá con una sociedad secreta de nazis que tienen a Hitler crionizado y tienen un arma capaz de destruir todos los satélites del planeta. Pese a que no tenemos un prólogo JamesBondiano, nada más empezar nos topamos con la clásica escena donde Duncan recibe un montón de gadgets inverosímiles de la mano de una suerte de Q asiático. Pero a partir de ahí va a virar a una suerte de El equipo A, ya que en la aventura se van a unir un equipo de mercenarios, cada uno especialista en algo, que realmente son un poco esterotipos mil veces visto. Lo que unido a la poca pericia de sus actores, no dean un poco igual más allá de las risas por sus diálogos y comportamientos estúpidos.
No está demás mentar el cambio del protagonista, que deja de lado su estética ninja de la anterior película y tiene un comportamiento de chulo playa que incluso le da cierto toque desagradable. Al parecer esta segunda entrega tuvo un presupuesto similar a la anterior, pero invirtieron mayor parte en explosiones y los decorados se vieron ninguneados, lo que hace que la película no sea tan disfrutable y se convierta en un episodio de El equipo A con multitud de coches explotando y militares saltando en contrapicado, lo que le hace bajar algunos enteros respecto a la primera entrega.
Y con esta segunda entrega moriría el personaje de Duncan Jax. Por su parte, el actor Ian Hunter (pseudónimo de Louis Dula) haría sus dos únicas incursiones en el cine y se dedicó a la pintura y el director Worth Keeter pondría rumbo a metas más importantes como dirigir a los Power Rangers.
Clásico de la serie Z que muchos conocimos por la loquísima carátula de Ízaro-Cannon, que se limitaron a su distribución.
Un grupo heavy (aunque las canciones que tocan tienen poco de ese estilo) llega a Grand Guignol, un pueblo de habitantes muy cerrados que nada más verlos prohiben su concierto. Por ahí tendremos abuelas lobo que fornican en presencia de sus nietos, nazis asilados, familias matarife, canciones que reviven a los muertos...
En definitiva, una historia de esas que cada cinco minutos te meten una locura más chiflada que la anterior. Todo ello con escasez de medios, maquillajes a base de polvo talco porque los "actores" querían salir guaepetones, poca y mala iluminación... Vamos, serie Z en todo su esplendor. A todos estos elementos hay que añadir un montaje loquísimo donde meten insertos que no vienen mucho a cuento, dejándonos la sospecha que detras de la producción habría alguna movida.
Y efectivamente, así es. Hard Rock zombies en origen era una falsa película de 20 minutos que se proyectaba dentro de American Drive-In, otra zetada del mismo director (básicamente un American Graffitih low cost), de la que alguien pensó que sería buena idea poner más dinero para convertirla en un largo con vida (es un decir) propia. Detrás de esta pantomima de rockeros de bigotillo lampiño, zombies, mujeres lobo y nazis tenemos a Krishna Shah un indú afincado en USA que, en esencia, solo parió basura y fracasos económicos pese a que siempre estaba vendiendo proyectos como si fueran lo más grande parido en Hollywood.
Otros nombres que nos pueden interesar son los de Phil Fondacaro(Troll o cualquier peli que salgan enanos), el maquillador John Carl Buechler (director de Troll y padre de los Ghoulies), el productor Sigurjon Sighvatsson (que ha estado detrás de cosas tan variopintas como Corazón salvaje o Candyman), o Paul Sabú, que aquí se encarga de la banda sonora y es hijó del famoso Sabú protagonista de El ladrón de Bagdad.
Mucha gente ha creído ver en Hard Rock Zombies una película de humor negro, que parodia el género y mil locuras más, pero que no te engañen, es una película zarapastrosa que solamente funciona para reirte de ella. ¿Que arrastra cierto culto? Sí, ¿y?
Después del resurgimiento de Disneygracias a La Sirenita, su modus
operandi fue seguir el mismo esquema: estrenar una gran producción animada con muchas canciones anualmente dándole estatus de "peli acontecimiento". ¿Pero qué pasaba con las producciones de imagen real? Pues que no acababan de funcionar. Intentaron meterse en adaptaciones de cómic con Dick Tracy o Rocketeer, pero o no eran éxitos tan grandes como esperaban o directamente fracasaban.
Algunas tuvieron más o menos aceptación en cines pero en videoclub vivieron una segunda juventud que les permitió llenarse un poco los bolsillos (El retorno de las brujas) o, incluso, tener secuelas (Colmillo blanco, Somos los mejores). Pero sí, muchas morían en el camino. Es el caso de Capitán Ron, uno de esos films que pinta a que a nadie le importaba lo más mínimo.
Martin Short interpreta al clásico padre de familia topeyankie que es un trozo de pan y está aburrido de su monótona vida en la ciudad. Para su fortuna un tío lejano muere y le deja en herencia un cochambroso barco que tendrá que ir hasta el Caribe a buscarlo. Y ya que no tiene ni idea de manejar la nave contrata los servicios de un borrachuzo marinero de nombre Ron Rico.
Realmente el esquema lo hemos visto en infinidad de ocasiones. Básicamente un pez fuera del agua (Short) al que le puede la ilusión mientras choca con la tosquedad del capitán interpretado por Russell, que acaba por engatusar a la familia del primero. El protagonista de La cosa es lo poco salvable de la cinta, interpretando un personaje estrafalario que le da el suficiente margen para divertirse y salirse de sus más clásicos action hero. Salvo el tándem Short-Russell no se puede destacar mucho más en el cast. En cambio, en la dirección ya nos llama más el nombre de Thom Eberhardt, responsable de un par de títulos tan llamativos como Sin pistas y la cult movieLa noche del cometa, que es por la que su nombre sigue más o menos sonando entre el fándom. Además de ejercer como guionista de Cariño, he agrandado al niño. A partir de mediados de los 90 cayó en series y telefilms para desaparecer definitivamente del mapa hace más de una década.
Capitán Ron es un producto muy de su época, de esos 90 de ni chicha ni limoná que para intentar divertir a pequeños y mayores tiraba por el camino del medio y no hacía gracia a nadie. El ejemplo más claro es una escena entre Martin Short y su señora en la ducha del camarote, en la que a ella (o su doble de cuerpo) se le medio ven las ubres, que hizo que Disney frunciera el seño y la estrenara en USA bajo el sello de Touchstone y sin demasiada promoción, condenándola a desaparecer rápidamente de la cartelera. Aquí llegaría directamente a vídeo con un doblaje acartonado de esas que las voces, pese a ser de actores de primer nivel, no pegan nada con los caretos que aparecen en pantalla.