domingo, marzo 05, 2017

Segundo sangriento

Segundo sangriento, Rutger Hauer

"Blade Runner meets Alien" era la frase promocional de alguna edición en DVD de Segundo sangriento. Hombre, visto así puede colar, pero todo en la línea de la serie B más canalla. Aquella que nos lo hacía pasar teta en su paso por los videoclubs, porque en cines la veían cuatro gatos.

Tenemos a un Rutger Hauer post Peligrosamente unidos, pero que había vuelto a recuperar un poco la línea. Pero muy poco. Los michelines todavía están ahí pero su indumentaria de gabardina de cuero a lo Matrix y que la peli tira por una iluminación oscura le ayudan a mantener la compostura a sus flácidas carnes.

 
Segundo sangriento, Rutger Hauer

Año 2008. La contaminación nos ha mandado a la mierda y su capa de mugre impide que nos llegue la luz del Sol, lo que hace que casi siempre sea de noche. Por otro lado, el efecto invernadero ha provocado que los ríos de Londres acaben desbordados y la ciudad inundada, lo que hace que la ciudad esté infestada de ratas. Por otro lado tenemos a un policía con los rasgos de Hauer que ha perdido a su compañero en manos de un psicópata que se dedica a arrancar el corazón de sus víctima. Nuestro prota acaba desquiciado (según el entender del guionista esto viene a ser alimentarse de café y chocolate) dando caza al asesino junto a su nuevo compañero, un tipo licenciado en Oxford la mar de estirado.

A la ecuación Blade Runner y Alien yo le añadiría un poquito de Depredador y ¡claro que sí, guapi! un mucho de Arma letal. Esto era como cuando a Argento le dio por darle una vuelta a su querido giallo y meterle el elemento sobrenatural a la genial Rojo oscuro. Pues aquí lo mismo, al género de buddy movies le inyectaron el toque fantástico. Aunque antes ya habíamos tenido, por ejemplo, Ángel de la muerte con Dolph Lundgren. 

 
Segundo sangriento, Rutger Hauer

Segundo sangriento nace a finales de los 80 de un guión de Gary Scott Thompson, el tipo que luego escribió The fast and the furious. Pero el proyecto nace muerto pues la propuesta se parece demasiado a la (en la época) recientemente estrenada La noche del diablo, una caquita con Loui Diamond Phillips que en USA tiene bastante éxito. Susan Nicoletti, productora que años después estaría detrás del Juez Dredd de Stallone, tiene acceso a ese guión y decide que con una reescritura puede aprovecharse, con lo que vuelve a contar con Scott Thompson, que ubica la acción en un futuro Londres y añade el tema ecológico. Con lo que, al trasladar la acción de USA a UK, se elige como director al inglés Tony Maylam, que una década antes había firmado el slasher La quema y que años después acabaría dirigiendo documentales de marcas de coches (sic). Pero como la producción no iba a ser demasiado grande se necesitaba un nombre que pudiera llamar la atención del público, y ahí es donde entraba un Rutger Hauer encantado con el guión pero que reclamaba iniciar el rodaje cuanto antes, pues su agenda apenas le dejan pocas semanas disponibles, y que el final necesita una reescritura. A todo ello se accede, haciendo que la pre producción apenas se haga en 3 semanas y el rodaje tenga los inevitables problemas de una serie B de apenas 7 millones.


Segundo sangriento, Rutger Hauer

Pese a esas limitaciones no nos chirría demasiado ese futuro 2008. Básicamente se quitan de encima cualquier salto tecnológico (que es lo que suele dar el cante) y parece que la evolución se haya detenido a principios de los 90. Ni hay armas de rayos láser, ni coches voladores, ni robots. Por no haber no hay ni ordenadores. Todo ello, lejos de quedar cutre, salva muy bien el acabado estético, al que se le añade cierto toque decadente con los barrios más cochambrosos y los tugurios donde va el personal ha tomarse una copa, además de cierta iluminación muy de videoclip ochentero que le da al asunto un acabado cyber noir.

Pero no solo de la estética vive el espectador. Le peli es uno de aquellos divertimentos culpables, donde ni el mismísimo Hauer se toma en serio su papel de poli torturado con un sexto sentido. Quizá lo peor es su compañero de aventuras, un tal Alastair Duncan la mar de soso que acabaría con sus huesos en el mundo del doblaje animado. Además de a estos dos tenemos por ahí a una Kim Cattrall que sigue luciendo el corte de pelo de Star Trek VI, una pequeña aparición de Michael J. Pollard y al cantante Ian Dury, el de Sex & Drugs & Rock & Roll.


Segundo sangriento, Rutger Hauer

Quizá el talón de Aquiles de la película es querer abarcar demasiado. El tema de la contaminación parece que es más una escusa para poder darle el tono oscuro a la película, y la investigación del asesino empieza bien cuando hacen un molde de su dentadura y de ahí sale una cosa monstruosa, pero nunca se avanza a el porqué es un bicho con aires de Alien (obra de Stephen Norrington) que le va el tema esotérico, quedando todo muy en el aire. A lo que tampoco ayuda un final muy poco espectacular, que se desarrolla en un abandonado vagón de metro. Aunque, por otro lado, esa es la gracia de la serie B. Parquedad ante todo.